La Habana, septiembre, (SEMlac). – El proyecto Palomas colocó los derechos económicos de las mujeres en el centro de la policrisis que vive Cuba, donde la economía es una de las áreas más golpeadas.
Esa apuesta, plasmada en el documental Pintemos de violeta la economía cubana… para que ninguna quede atrás, llegó el pasado 21 de agosto a la televisión nacional, con su transmisión en el espacio Mesa Redonda, en una emisión que amplió de forma significativa el público que ya lo había visto en salas de cine.

Lizette Vila, directora del proyecto Palomas, situó la urgencia del documental en la actual policrisis cubana, agravada por el cerco electroenergético para el que “no estábamos preparados”, dice en diálogo con SEMlac.
En esa policrisis, sostiene, las mujeres cargan con la mayor pérdida: al peso histórico del patriarcado y el machismo, impuesto histórica, cultural y socialmente, se suman ahora las deudas sociales que el país mantiene con ellas.
La obra, realizada en alianza con Care Internacional, el Fondo de Iniciativas Locales Cuba-Canadá y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), había tenido su estreno ante el público cubano el 7 de marzo en el Cine Yara, tras una primera exhibición en la Ciudad de México.
Su paso por la televisión nacional generó reacciones inmediatas en las redes sociales. “Se habló con naturalidad de los problemas reales que nos golpean, se manejaron cifras, se reconocieron fenómenos que ya no se pueden esconder ni tapar”, escribió en Facebook la usuaria Ana Mari Nieto, quien destacó la profesionalidad con que se abordaron temas como el bajo nivel del salario real, el empobrecimiento de la población y las carencias de agua, luz y transporte.
Esa recepción confirma algo que ha caracterizado a Palomas, Casa productora de audiovisuales para el activismo social que dirige Vila desde hace más de dos décadas y hoy transita hacia su 25 aniversario: la disposición a poner nombre y voz a los temas más sensibles del momento que vive Cuba, en este caso desde la mirada de las mujeres hacia la economía.
Bajo la dirección compartida de Vila, Ingrid León y Sergio Cabrera, el documental se produjo entre octubre de 2024 y noviembre de 2025. Reúne los testimonios de 46 mujeres cubanas —académicas, emprendedoras y protagonistas de la vida cotidiana— condensados en 41 minutos de metraje y un formato coral que se aparta de las historias de vida individuales habituales en la producción de Palomas.

De acuerdo con el equipo creativo, la obra es un ofrecimiento al Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres (PAM) y a la consulta popular necesaria para identificar distorsiones y convocar a nuevas propuestas para la economía cubana. Está dedicada, además, a la memoria de tres mujeres del pensamiento feminista y económico cubano: Isabel Moya, Teresa Lara y Blanca Munster.
La urgencia de hablar de derechos económicos
En opinión de Vila, como recordaba la periodista, investigadora y doctora en Ciencias de la Comunicación Isabel Moya, “ni el socialismo ni el capitalismo acabaron con la desigualdad que existe con las mujeres”.
La realizadora enmarca esa desigualdad en un plano simbólico —“antes de llamarse Cuba, esta tierra se llamaba Juana”, apunta— para explicar por qué ve en la crisis económica “una violencia perpetua” contra las mujeres. Cuba siempre ha sido una mujer, dice.
Aunque los derechos económicos son derechos humanos para todas las personas, insiste, no se expresan igual para ellas: para obtener un empleo de excelencia deben sacrificarse, no solo en lo público, sino en un hogar que es, dice, “el más violento y el más peligroso” de los espacios, un “reservorio de responsabilidades” donde esos derechos terminan secuestrados.
Por eso, agrega, tienen que hablar ellas mismas, aunque ya exista “un grupo considerable de pensadoras” que investigan y se pronuncian desde un pensamiento feminista que pone al descubierto las desigualdades, entre ellas la violencia estructural.

El documental, subraya Vila, no se queda en el reclamo desde el dolor, sino en lo que sus protagonistas sí pueden hacer y proponer a los espacios de decisión. Para la directora de Palomas, Cuba no puede seguir sustentando una política económica desde el pensamiento masculino. Una revolución, dice, “tiene que pensar primero en las demandas sociales para estructurar una economía de responsabilidad social, donde pueda haber una verdadera igualdad”.
En ese sentido, considera que ya no se puede seguir hablando solo de resistencia o resiliencia, sino que se requiere dar “un vuelco” para lograr fórmulas y proyectos económicos que abran posibilidades a los distintos actores económicos.
“Porque muchas veces son satanizados y criminalizados”, reflexiona, en un país donde esos errores arrastran a poblaciones enteras a la pobreza, incluso a la pobreza extrema, ya visible en algunos municipios de la capital y en provincias.
Vila insiste en que no busca discriminar a los hombres —“creo que es importante esa justicia de género en lo relacional”—, pero reclama que se escuche más a las mujeres, y cuestiona que se hable de ellas como mayoría en el Parlamento o entre las científicas, sin preguntar a qué costo, de sus vidas y las de sus familias.
“Son mujeres que no tienen una vida propia”, afirma, y advierte que sacrificar a las mujeres para sostener al país “es un error grave que se va a sentir, en décadas, como un gran error político y social”.
Un formato coral, un mosaico de voces y derechos
El documental inició con solo 15 mujeres, cuenta Vila, hasta que “no podíamos dejarlo en 15 porque cada vez salían más historias”. El equipo tuvo que detenerse en 46, buscando no solo la diversidad de quienes han logrado sus metas, sino también la de las que aún luchan y de las que no lo lograrán nunca.
Presentado a la dirección del país en momentos en que se pedía la consulta popular, llegó así a la Mesa Redonda, acompañado del pensamiento de esas “pensadoras de los derechos económicos, prestigiosísimas, a las que hay que escuchar”.
La estructura coral, explica Vila, no es nueva en Palomas: forma parte de su manera de decir desde el artivismo, y responde también a su propia formación musical. “Esa polifonía… yo la oigo”, dice, y describe el proceso de construir esas 46 voces como “hermosísimo”, aunque se trate de un documental de mucho dolor.
Atribuye a Sergio Cabrera —“un excelente realizador, un hombre feminista”— haber asumido con naturalidad esa atmósfera comunicacional, creativa y política que, asegura, ha caracterizado siempre al proyecto.
Sobre los desafíos de sostener más de dos décadas de activismo, Vila remonta el origen del Proyecto Palomas —fundado oficialmente en 2002— a las historias de vida de mujeres que ya narraba antes, aunque entonces no se llamaran así. “No quisimos hacer una obra de contemplación, porque no es justo, en ninguna sociedad, para quienes somos artistas”, insiste.
Destaca que llevar el documental a la Mesa Redonda —un espacio de alcance nacional, aunque no siempre logre conectar con la teleaudiencia cubana pese a la participación de especialistas de primer nivel— fue significativo para Palomas. Los apagones frenaron la divulgación, dice, pero aun así la recepción ha sido positiva: la gente les escribe, les aborda en la calle, y las reacciones han sido de sorpresa.
La política comunicacional cubana debería pensar más en lo que se le ofrece a la población desde los medios, en un momento en que la gente quiere verse reflejada desde adentro, considera Vila.
Los documentales de Palomas son tan aceptados y respetados, no solo porque reflejen realidades que hace falta visibilizar, sino por la profundidad con que lo hacen, reflexiona.
Una deuda con tres grandes mujeres
La dedicatoria a la periodista Isabel Moya, y a las economistas Blanca Munster y Teresa Lara responde, dice Vila, una deuda histórica, política y social con tres mujeres que colaboraron con Palomas y a quienes, en su momento, el equipo acudió para orientar el rumbo de sus discursos comunicacionales.
Desde el principio, esta obra estaba dedicada con amor, respeto y admiración a estos tres ejemplos de entrega, de sacrificio, no solo para las cubanas sino para toda nuestra sociedad. Mujeres que lo dieron todo, que estudiaron, que investigaron, que se esforzaron, cada una con una vida personal estoica. No podía ser de otra manera que pintar de violeta también en su memoria.
“Me da mucha vergüenza, como cubana, que esas tres valerosas mujeres hayan pasado al olvido”, afirma Vila, quien espera que el homenaje trascienda las fotos finales del documental para llegar al pensamiento que ellas defendieron. Calificó de “injusticia” que ese legado no se reconozca con la fuerza que merece.
El próximo sueño: la salud mental de las mujeres rurales
De cara al futuro, Vila adelanta que Palomas trabaja ya en varios ejes temáticos, aunque hay uno que considera fundamental: la salud mental de las mujeres rurales, como “una deuda impostergable”.
No se puede hablar de políticas de empoderamiento para ellas, dice, sin atender antes el desgaste de su salud mental, que es lo que en definitiva condiciona su verdadera productividad.
A veces, cuenta, detrás de lo que cuentan haber logrado ve otra imagen: la de mujeres que, desde ese “confinamiento” de su salud mental, no son sujetas de derecho y están más expuestas a todas las violencias posibles.
El segundo sueño, añade, son las mujeres que lideran a sus familias en comunidades en tránsito, sujetas también a vulneraciones de todo tipo y sin acceso a una vivienda digna, algo que considera un derecho humano de cualquier persona.
Ambos temas se sustentan en la misma filosofía del proyecto: una tríada de justicia de género, justicia ambiental y justicia social, sin la cual, afirma Vila, “no creo que pueda haber un análisis para estructurar políticas públicas viables y concretas”.

