La Habana, enero (SEMlac).- Unas hablan desde la academia y las visiones que conectan contexto con vidas humanas y escenarios deseados y posibles. Otras lo hacen por derecho propio, porque sus existencias validan juicios, verdades y evidencias; porque tienen la experiencia vivida y mucho que decir.
Entre todas ellas, 46 mujeres de la Cuba actual, se arma el relato colectivo de Pintemos de violeta la economía cubana…para que nadie quede atrás, el último documental del proyecto Palomas, Casa productora de audiovisuales para el activismo social, que debe estrenarse este año.
Con el apoyo de Care Internacional, la embajada de Canadá y el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos; como otras obras de Palomas, esta se ofrece como un sensible aporte al Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres.
Desde el título se anuncia el tema de la economía, pero el resultado está lejos del tratado y la norma. Aquí las empresas, los impuestos, los derechos económicos, los cuidados, la reproducción de la vida, las materias primas, los costos de producción y el comercio pasan por la dura existencia cotidiana, la prueba, el error, el juicio, la experiencia, el éxito, la pobreza, los tropiezos, la propuesta y la sobrevivencia cotidiana.
Entonces el análisis económico deja de ser patrimonio de la academia y la experiencia cotidiana terreno absoluto de las emprendedoras, para fundirse todo en un solo discurso coral, como la vida misma.
Producida entre octubre de 2024 y noviembre de 2025 bajo la dirección de Lizette Vila, Sergio Cabrera e Ingrid León, la obra apuesta una vez más por amplificar las voces de las mujeres. Más que contar experiencias, ellas hacen diana en las duras realidades que habitan; anteponen criterios y juicios a la queja; demandan y proponen, con mirada crítica, un mejor país.
“Era algo que teníamos que hacer”, asiente Vila, directora de Palomas. “Es también una convocatoria al proyecto social cubano, a quienes lo lideran, a sus decisoras y decisores”, sostiene Cabrera, coordinador general de ese proyecto.
En breve diálogo con SEMlac, ambos adelantan y exponen lo que propone esta nueva entrega de Palomas.
¿Cuál dirían que es la línea fundamental de este audiovisual?
Lizette Vila: Este proyecto sobre nosotras y nuestra relación con los derechos económicos, que casi están secuestrados para las mujeres, lo venimos trabajando desde hace mucho tiempo.
La gran línea de conducción comunicacional es la de expresar demandas y denuncias; también mostrar a los espacios de decisión y las políticas públicas lo que las cubanas piensan, sienten y están sufriendo, para igualmente enfatizar en su derecho a vivir con calidad de vida; algo que reiteradamente se enuncia, pero no acaba de aterrizar.
Incluso para las que han logrado algún emprendimiento “exitoso”, el nivel de sufrimiento es grande; el costo individual, el de sus familias y el de sus esperanzas es ilimitado. Era algo que teníamos que hacer.
Son 46 voces de mujeres que, desde esa polifonía, van creando una sola voz con las insatisfacciones y demandas de las que han logrado más o menos sus proyectos, las que están tratando y las que no lo van a lograr nunca. Porque de eso también va.
Para el equipo completo de Palomas fue muy laborioso llevarlo a un tiempo adecuado de 41 minutos y que ese discurso pudiera ser empático con las espectadoras, los diferentes públicos, pensando además en tener un impacto en los espacios de decisión.
Queríamos mostrar también el pensamiento económico de las mujeres desde la academia, donde muchos varones dicen todo el tiempo que los derechos económicos son los mismos para las mujeres y para los hombres, y no es verdad.
Esas cuatro académicas van colocando su pensamiento desde sus propias vidas y sueños, sus insatisfacciones y atropellos. Conjugar todo eso fue un ejercicio para nuestro equipo. Hemos reconocido que, a partir de este documental, hemos cambiado mucho.
Este trabajo nos sentó en el piso de lo que significan los derechos económicos como derechos humanos. Además, la manera de comunicarnos es mucho más dura y directa, con la responsabilidad y el civismo de expresar algo que alguien puede pensar que es desleal al proyecto social cubano, y es todo lo contrario.
Sergio Cabrera: A diferencia de otros documentales nuestros, este no narra historias de vida. Puede contar situaciones particulares que les hayan sucedido a algunas de estas protagonistas, pero no son historias de vida.
Son reflexiones, dolores y añoranzas de la Cuba que queremos y soñamos. Son mujeres que están aquí, con disponibilidad, fuerza, entrega y un esfuerzo cotidiano tremendo para dar bienestar no solo a ellas, sino a los demás y las demás.

Y es una invitación. La inmensa mayoría de las personas tenemos 46 cromosomas. Esta es una invitación no solamente a las mujeres, a las que se quedaron atrás. Es también una convocatoria al proyecto social cubano, a quienes lo lideran, a sus decisoras y decisores. Porque el proyecto social cubano no puede permitirse que nadie quede atrás.
¿Por qué pintar de violeta la economía cubana?
Lizette Vila: La idea nace de un fogueo creativo. Violeta es el color de las feministas. Lo toman también las mujeres lesbianas y bisexuales. Es el color que simboliza una vida libre de violencias. Es parte igualmente de la mística espiritual de Palomas en su trabajo con mujeres de tantas denominaciones. Y es el último color del arcoíris, el último rayo que vibra. Lleva una connotación espiritual y semántica, si se quiere. Tiene toda una simbología el color violeta.
¿Por qué las protagonistas son únicamente mujeres?
Lizette Vila: Tenían que ser solo mujeres porque siguen siendo las que viven en mayores desigualdades. Las cubanas todavía necesitamos un espacio donde podamos sentirnos protegidas en el disfrute integral de todos los derechos humanos.
Este documental tiene un antecedente en los tres cortos que hicimos con grupos de mujeres diferentes: afrodescendientes, mujeres diversas y religiosas. Esos tres cortos, ya estrenados y disponibles en las redes sociales, forman parte del mismo proyecto y sirvieron como una motivación para realizar varios talleres de donde salieron muchas aportaciones de las mujeres a la construcción de esta obra, pues quisimos crear un ambiente que no solamente tuviera en cuenta el juicio de las protagonistas y del equipo de realización.
Creo firmemente que las mujeres están —a fuerza de decirlo en un lenguaje bélico— en el primer campo de batalla de lo cotidiano, que es la supervivencia absoluta.
En los grandes discursos económicos y las superestructuras, incluso de poder, la voz y la visión de las mujeres no han sido escuchadas. Pero, a la vez, eso se convierte en un bumerán. No pintamos algo para que sea eterno. Mañana podría cambiar.



Gracias siempre por todo lo que hacen. Agradecimientos por toda la labor social que realizan ,por la transparencia ,la sencillez, la empatía,