La Habana, junio (SEMlac). El acto de hacer las maletas y partir, sea dentro o fuera de Cuba, es hoy para muchas cubanas una salida a la crisis económica y la alternativa para sostener a su familia, más que un proyecto concreto de vida o el deseo de realizarse profesionalmente.
Investigaciones de las psicólogas Consuelo Martín Fernández y Jany Barcenas Alfonso, de la Universidad de La Habana, han confirmado la migración como una estrategia frecuente e histórica de afrontamiento a los problemas cotidianos.
Ana Lidia Ortega, una cubana de 58 años que tuvo altos cargos directivos en el sistema empresarial cubano y hoy vive a medio camino entre Cuba y España, lo explica con una frase. “De pronto sentí que no tenía de donde agarrarme para seguir viviendo, pero también manteniendo a mis padres y a una de mis hijas”, cuenta a SEMlac esta ingeniera informática, habanera de origen, quien pidió reserva de su verdadera identidad.
Gracias a sus relaciones laborales previas, Ortega pudo conseguir un contrato de trabajo en una empresa extranjera con negocios en Cuba y hoy pasa seis meses en su sede europea y el resto del tiempo en la nación caribeña. Uno de sus hijos está también en España, la otra quedó a cargo de los abuelos en la isla.
“Esa estrategia me permite seguir de cerca a mis padres, mi hija y mi nieto y a la vez les puedo solucionar todo lo que necesitan de alimentación y medicamentos”, detalla.
“Posterior a la pandemia (de covid-19) ha habido un cambio sustancial en las familias cubanas; un eje articulador de este cambio es el éxodo migratorio y creo que esto es un tema social”, comentó a SEMlac la psicóloga Patricia Arés Muzio, en una entrevista para el espacio Cubanas.
Justo entre 2020 y 2024, Cuba perdió más de 1,4 millones de personas por migración, según reportes de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei).
De esa cifra, las mujeres en edad reproductiva representan un descenso de 555.700, advierte la demógrafa Matilde Molina Cintra, subdirectora del Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universidad de La Habana, en su artículo “Cambio demográfico en Cuba, una mirada desde la resiliencia demográfica”.
Cuando ellas se mueven
La historia de Ana Lidia Ortega es parte de esas experiencias que le han confirmado a Arés Muzio que “la realidad siempre reta a la psicología”.
“Ahora estamos mirando muchos trastornos de ansiedad, porque la realidad es compleja y genera una sensación de incertidumbre con el futuro; las personas sienten que no tienen control real sobre su propia vida, sobre sus economías”, indica la psicóloga, una de las profesionales más reconocidas en el estudio de las familias en el país.
Hay “muchos duelos migratorios, la gente vive el desprendimiento de los nietos, el desprendimiento de los hijos, la familia transnacional…”, agrega Arés Muzio.
En paralelo, las remesas que envían muchas mujeres desde el exterior sostienen hoy hogares enteros, financian estudios, poprtegen a personas enfermas o ancianas y permiten la supervivencia de familias que, de otro modo, quedarían desamparadas. Este flujo de divisas se ha convertido en una de las principales fuentes de ingreso para la economía doméstica cubana.
El economista Carmelo Mesa-Lago, de la Universidad de Pittsburg, en Estados Unidos, aseguraba en 2018 que, “después de la venta de servicios profesionales al extranjero, la mayor fuente de divisas de Cuba son las remesas”, precisa en su análisis “El enfriamiento de la economía cubana (parte II)”, publicado por Cuba Capacity Building Project.
De acuerdo con este analista, “estimados indican que aumentaron en 143 por ciento entre 2008 y 2017 (de 1.447 millones de dólares a 3.515 millones)”, debido, entre otras razones, a la apertura del presidente Barack Obama en 2015-2016, quien eliminó las restricciones para enviar dinero a Cuba.
El flujo de remesas mostró un descenso entre 2019 y 2020, “al caer de un estimado de 3.171 a 2.348 millones de dólares”, según fuentes no oficiales citadas por el economista cubano José Luis Rodríguez.
“Este flujo se redujo aún más en el 2021, calculándose en solo unos 1.000 millones de dólares”, aseveró Rodríguez en el artículo “Cuba: Factores de la compleja coyuntura económica en el primer semestre del 2022”, publicado por el portal digital Cubadebate.
Las medidas de cerco económico de Joe Biden y Donald Trump han significado duros golpes para ese ingreso directo de recursos a las familias cubanas, pero ya sea directamente en dinero o en otro tipo de ayudas económicas, estas transferencias siguen beneficiando a poco más del 60 por ciento de la población cubana, según un estudio más reciente realizado por Mesa-Lago para la Universidad de la Florida.
La migración, sin embargo, no solo es un reinicio para quienes se van. También impacta de muchos modos la vida de las familias que se quedan y en particular de las mujeres que asumen grandes cargas y lo peor de la crisis cotidiana en Cuba, alerta en entrevista a SEMlac la también psicóloga y profesora de la Universidad de La Habana Isachy Peña Pino.

Laritza Campos, la hija de Ana Lidia Ortega, lo vive en primera persona, pues ella se encarga del cuidado en Cuba de sus abuelos y de su bebé de tres años.
“Mi abuelo es un hombre muy fuerte y emprendedor; gracias a eso he podido mantener hasta ahora mi trabajo. Él recoge al niño en el círculo, hace muchos de los mandados de la casa y atiende a mi abuela durante el día, pues ella tiene muchos problemas de salud. No quiero ni pensar cómo me las arreglaría si él se enfermara”, confiesa.
Campos se divorció cuando su bebé apenas tenía un año de nacido y trabaja en uno de los centros de investigaciones asociados al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma).
“Antes viajaba mucho por el país, como parte de mi trabajo; pero eso ya no lo puedo hacer, pues no puedo dejar solos a mis abuelos con el niño. El papá se ocupa de mi hijo, pero más bien a distancia, y no tiene otros familiares en Cuba», explicó.
En opinión de la psicóloga Isachy Peña Pino, la partida de personas que son significativas para estas mujeres y forman parte de sus redes de apoyo les genera impactos muy duros en diversos ámbitos de la vida.

“Hay una sobrecarga bastante marcada en estas mujeres, que va desde lo económico hasta los roles funcionales de la vida cotidiana, y también desde lo emocional. No es lo mismo afrontar una situación de duelo y pérdida por la emigración de una persona significativa cuando se tiene a otra persona cerca que pueda fungir como red de apoyo importante, un sostén y una mano amiga”, afirma la estudiosa.
“Cuando hay horarios de luz, tienen que hacer las cosas de la casa. Si a eso le sumamos que las mujeres estamos forzadas al cuidado extra, muchas de las que se quedan están a cargo no solo de sus padres adultos mayores, sino también a veces de sus suegros u otros familiares. Eso agudiza esta sobrecarga física, mental y psicológica en todos los sentidos”, agrega la investigadora.
Fronteras adentro
Dentro de Cuba, la migración también funciona como una válvula de escape frente a las carencias económicos. En esa movilidad interna, las mujeres son mayoría desde 2020.
En 2024 protagonizaron 52,2 por ciento de esa migración, mientras los hombres representaron 47,8 por ciento, precisa el artículo “Migración interna en Cuba en el período 2019-2024. Continuidad y cambios”, de Arelis Rosalen Mora Pérez y Antonio Aja Díaz, publicado en la revista Novedades en Población.

La búsqueda de mejores condiciones de vida se erige como una de las causas fundamentales. No es casual que la zona occidental, y en particular La Habana, donde existen mayores oportunidades de empleo e ingresos, concentre las mayores ganancias de población.
Cuando Diana Balbuena, ingeniera civil y profesora universitaria, llegó de Santiago de Cuba a vivir a La Habana justo después de la pandemia de covid-19, estaba convencida de que encontraría mayores opciones y mejores condiciones de vida. Entonces se instaló en La Habana del Este, en la periferia de la capital, “porque fue allí donde pude comprar un apartamento con lo que logré de la venta de mi casa”, cuenta a SEMlac.
Sin embargo, el plan no resultó como esperaba. “Hice mal los cálculos. En Santiago iba a todas partes caminando, el transporte no era un gran problema y tenía identificado dónde encontrar casi todo lo que necesitaba, aunque fuera con muchas dificultades. Ahora prácticamente tengo que pagar un salario cada día para llegar a la universidad tecnológica donde trabajo y los costos de cualquier artículo en La Habana están disparados”, se lamenta.
“Cuando vine pensaba escapar también de los apagones, pero ya aquí se va la luz tanto como se iba cuando salí de Santiago”, agrega.
Son justamente las provincias orientales las que registran pérdidas más sostenidas de población, según el análisis de Mora Pérez y Aja Díaz. Guantánamo, en el extremo oriental, perdió 8,7 personas por cada 1.000 habitantes rurales entre 2019 y 2024, una movilidad que implica sobre todo a las mujeres jóvenes en edad productiva.

Una investigación realizada en el municipio de Guamá, provincia de Santiago de Cuba, confirmó que, históricamente, son la búsqueda de “mejores oportunidades laborales” y “mejorar económicamente” las dos primeras razones por las cuales emigran las mujeres del territorio.
Con menor frecuencia, se identificaron el “matrimonio con parejas de otros municipios”, el “divorcio o separación de una pareja” y la “reunificación con familiares que migraron antes”, precisa el estudio “Cuando la mujer migra. Una mirada a las migraciones internas, desde la perspectiva del desarrollo sostenible, en el municipio costero de Guamá, Santiago de Cuba”, de un colectivo de autores, publicado en 2019.
Otras causas identificadas fueron: encontrar mejores oportunidades de estudio, fundamentalmente en muchachas que optan por carreras universitarias que no se estudian en el municipio; carencias de servicios en el lugar de origen (recreación, vivienda y vida social) y de otros que se desarrollan con más calidad en las ciudades.
En opinión de sus autores, “la migración femenina impacta las relaciones de género en las familias y comunidades costeras” como Guamá. “Con la migración femenina y la asunción de las tareas reproductivas por parte de otros miembros de la familia, se alteran las relaciones de género desiguales que se producían antes de la migración de la mujer en algunos hogares”, asevera el texto.
Sin embargo, el estudio también reconoce que el envío de dinero y bienes a sus hogares de origen, por parte de las mujeres, “constituye un factor importante que puede contribuir a procesos de cambio en las relaciones desiguales de género en las familias y la comunidad”.
Mientras las condiciones de vida no mejoren dentro del país y sus territorios, las mujeres seguirán viendo en la migración —interna o externa— una alternativa para garantizar su supervivencia y la de sus familias.
Abordar esta realidad implica reconocer que el problema no es individual ni familiar, sino social y estructural, y que su solución requiere de políticas que ofrezcan alternativas viables para la vida cotidiana.

