La Habana, mayo (Especial de SEMlac). – Emprender no es solo pensar en las ventas o el crecimiento económico de un negocio. Es también visibilizar lo que se hace, conectar proyectos y construir alianzas entre mujeres que apuestan por emprendimientos más sostenibles, innovadores y socialmente responsables.
Fue esa convicción la que defendió el proyecto “Apoyo en la formación y promoción del emprendimiento femenino y las políticas inclusivas en el sector privado cubano”, coordinado por la Red Cubana de Mujeres Emprendedoras (RCME), con el apoyo de la Embajada del Reino Unido en Cuba.
Tres talleres presenciales, cinco sesiones de mentorías personalizadas y una campaña de comunicación transversal conformaron la columna vertebral de un proyecto que se extendió en La Habana durante tres meses y que deja, entre sus resultados, cinco procesos de formalización completados, tres más en curso, registros de marcas en desarrollo, perfiles digitales optimizados y modelos de negocio rediseñados.
Yadira Rachel Vargas, fundadora de Rizo Libre y una de las coordinadoras del proyecto, presentó los resultados con la convicción de quien sabe que las cifras solo cuentan una parte de la historia.
Recordó que la iniciativa alcanzó a mujeres de municipios periféricos de la ciudad, como Habana del Este, Marianao, La Lisa, Diez de Octubre y Arroyo Naranjo, con la apuesta de cerrar las brechas territoriales que concentran recursos y oportunidades en zonas como el Vedado y la Habana Vieja.

Las 30 beneficiarias tienen en su mayoría entre 31 y 50 años, aunque también participaron emprendedoras menores de 30 y mayores de 60. El 36 por ciento son mujeres negras y el 20 por ciento, mulatas, una desagregación intencional que reconoce los ejes interseccionales de discriminación que el proyecto buscó atender.
La campaña de comunicación logró extender el alcance del proyecto más allá de La Habana, conectar con mujeres de Villa Clara, Santiago de Cuba y otras provincias, destacó Vargas. La iniciativa recibió además el reconocimiento del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas, una de las instituciones académicas que acompañó el proceso.
Katia Pérez, jurista y coordinadora general de la RCME, reconoció la importancia para la red de haber gestionado, por primera vez, un proyecto de esta envergadura, aun en medio de las múltiples dificultades que atraviesa la nación caribeña, marcada por una profunda crisis económica y energética.
“Estamos satisfechas de los resultados que, además, vamos a seguir cosechando, porque algunos de los objetivos no se ven inmediatamente, sino a mediano y largo plazo”, expresó.
Herramientas que cambian vidas
El testimonio de las propias emprendedoras mostró la relevancia de poder contar con espacios de formación y transferencia de herramientas y conocimientos.
Para Aynedri Alba Díaz, estilista y fundadora de Ay Mamá Inés, la mentoría sobre modelos de negocio que recibió como parte del proyecto significó un punto de inflexión.
“Si no sé comunicar mi propuesta de valor, cómo la puedo transmitir a mis colaboradoras, cómo van a trabajar en función de ella”, reflexionó. A partir de ese aprendizaje, convocó a su equipo, definió la identidad de su emprendimiento y comenzó a ver resultados.
“Sentí más compromiso de parte de ellas, más sentido de pertenencia”, dijo. En las alianzas identificó además un camino que antes no se había permitido explorar, por estar siempre concentrada en atender la agenda del salón. “Las alianzas abren otras puertas y pueden llevarte a otro nivel”, sostuvo.

Leanne Rizo González, cuyo emprendimiento de moda sostenible lleva apenas ocho meses de vida, llegó al proyecto sin experiencia formal y se va con una estrategia. “He decidido cambiar mi forma de comunicar: dejaré de presentar solo productos y empezaré a conectar desde la emoción, contando historias reales detrás de cada prenda”, explicó.
Su objetivo es diferenciarse en un mercado habanero saturado de tiendas de ropa de segunda mano. “No quiero ser una tienda más, sino la que marque ese diferenciador”, dijo.
Para Yamilé del Carmen Luguera, fundadora de La Rocalla —un proyecto que ella define como “una forma de vida”—, los talleres aclararon muchas dudas. “Había temas que no sabía cómo manejar y aquí encontré el camino”, contó.
Luguera es especialista del Centro Nacional de Áreas Protegidas, trabajo al que dedica la mayor parte de su tiempo, mientras que en el patio familiar preserva flora y fauna local, realiza educación ambiental y produce para el autoconsumo. Lo que vende es el excedente. “La comercialización es un plus, no el centro de La Rocalla”, aclaró.
Con esa identidad bien definida, llegó al proyecto y, con más herramientas para sostenerla, se va. Uno de sus logros concretos fue la creación de un canal de WhatsApp donde comparte no solo los productos de La Rocalla, sino también las fotos y videos de sus expediciones por el país y abre espacio a otras emprendedoras que quieran sumarse.
“No me preocupa la competencia. Si ese grupo le sirve a las demás también para visibilizarse, felicidades”, afirmó.
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Raquel Hernández, creadora y coordinadora nacional del proyecto sociocultural Necesitamos de tu sonrisa, que trabaja con personas con capacidades especiales, subrayó el impacto de los aprendizajes sobre comunicación digital.
“La comunicación es muy importante en el trabajo de concientización e inclusión que hacemos. Mientras mejor lo comuniquemos, este mensaje llegará a más personas”, aseguró.
También descubrió el valor de documentar los procesos, no solo los resultados; mostrar “el trabajo invisible que antecede a la alegría visible”, dijo.
Raima Justiz Nápoles, estilista especializada en cabello afro rizado, recibió su mentoría de marca de la mano de Petra Consultoría. El trabajo le permitió unificar su comunicación y visualidad, y llegar a una conclusión que hoy guía sus decisiones.
“Me llevo una visión más clara y estructurada de hacia dónde quiero ir, y a partir de ahí poder tomar acciones más conscientes y enfocadas”, sostuvo.
No somos competencia, somos competentes
Detrás de cada emprendimiento hay siempre una historia que lo antecede y le da sentido, recordó Deyni Terry Abreu, fundadora de Barbara’s Power, la primera marca de ropa afro de Cuba, con una década como marca y cerca de 15 años como proceso creativo.

A veces esa historia tiene décadas, comienza en las manos de una madre que cosía de manera empírica en un pueblo de Camagüey y nunca supo monetizar lo que hacía, compartió la emprendedora.
“Con mi mamá aprendí lo que era el trabajo comunitario, aunque todavía no sabía que se llamaba así”, recordó Terry Abreu, quien, tras la muerte de su madre en 2014, decidió abrir la marca con su nombre, Bárbara, como acto de memoria y reparación.
Desde entonces, Barbara’s Power ha participado en ocho pasarelas internacionales y creó desde Cuba la Semana Hispana de la Moda, un evento de alcance internacional. Terry compartió su historia no como relato de éxito individual, sino como llamado a la acción colectiva.“No piensen que tienen poco tiempo o que no saben suficiente. Yo aprendí mirando cómo lo hacían los demás. Nosotras no somos competencia, somos competentes. Si piensas en que la otra es la competencia, tampoco lo logras”, afirmó.
Esa certeza es, quizás, el resultado más difícil de medir y el más duradero de un proyecto que apuesta por multiplicarse en cada emprendedora que sale con herramientas, redes y la convicción de que no emprende sola.

Como parte de los resultados de la iniciativa, la RCME pondrá a disposición de emprendedoras el manual Conecta, crece, cuida: kit práctico para emprendedoras cubanas, que reúne nueve herramientas distribuidas en tres módulos: comunicación con enfoque de género y derechos; alianzas y redes para el desarrollo; y prevención de violencias de género en el emprendimiento, con orientaciones sobre cómo identificarlas, prevenirlas y actuar cuando una clienta o colaboradora las enfrenta.

El encuentro de cierre tuvo lugar el 6 de mayo en la emblemática Quinta de los Molinos de La Habana, donde las emprendedoras beneficiarias de la iniciativa se reunieron para compartir resultados, aprendizajes y emociones vividas en un proceso que, para muchas, significó un antes y un después.
Estuvieron presentes en la jornada Claire Caruth, Segunda Secretaria de Temas Políticos, Económicos y de proyectos de la sede consular británica, y Massiel Matos, Oficial de Economía, Becas Chevening y Proyectos de esa misma embajada.

