Emprender para incluir, una apuesta desde la comunidad

La Habana, marzo (SEMlac). -Hay sueños que no pasan por un aula universitaria ni por un título colgado en la pared. A veces nacen de una intuición persistente, de una “locura bendita” y terminan convirtiéndose en red, escenario y familia ampliada para decenas de personas.

Así nació el 7 de febrero de 2015 el proyecto sociocultural “Necesitamos de tu Sonrisa”, impulsado por Raquel Hernández Fuentes en el municipio de La Habana Vieja. Once años después, la iniciativa agrupa a 35 niñas, niños y jóvenes con necesidades educativas especiales ¾fundamentalmente discapacidad intelectual¾ y se ha extendido a varias provincias del país.

“El objetivo mayor de este proyecto es la inclusión, y aunque ellos están incluidos queremos que sea de forma plena en la sociedad”, afirma Hernández.

Desde la iniciativa comunitaria, Hernández Fuentes demuestra que las mujeres también aportan al cambio social a través de proyectos que transforman su entorno, visibilizan a personas con necesidades educativas especiales y rompen estereotipos y tabúes en torno a ellas, tanto sociales como dentro de sus propias familias.

En esa trama de cuidados, liderazgo y resistencia cotidiana se inscribe esta experiencia.

Raquel Hernández Fuentes fundó en el 2015 el proyecto sociocultural “Necesitamos de tu sonrisa”,
Raquel Hernández Fuentes fundó en el 2015 el proyecto sociocultural “Necesitamos de tu sonrisa”, orientado a personas con necesidades educativas especiales, fundamentalmente discapacidad intelectual. Foto: SEMlac Cuba

Un sueño que insistió

Graduada de la Escuela de Hotelería y Turismo, formada como cocinera en el Hotel Sevilla, Hernández Fuentes no proviene del ámbito de la educación especial. “Siempre tuve la inquietud de trabajar con estas personas, pero no me otorgaron la carrera de Defectología. Me hice cocinera de hoteles y eso fue lo que realicé a lo largo de mi vida”, cuenta a SEMlac.

No tiene familiares con discapacidad intelectual, pero decidió prepararse y asumir el reto. “Yo siempre digo: ‘Dios no se olvida de los sueños de sus hijos’. Esto es un sueño hecho realidad”, sostiene.

Cuando anunció que trabajaría con niñas y niños con discapacidad intelectual, recibió escepticismo. “Decían que era una locura. Incluso alguien me cuestionó cómo iba a trabajar con ellos, usando una palabra que no me gusta repetir. Y yo le dije: ‘Sí, ellos son los que yo quiero, los que muchos no quieren’”.

Los inicios no fueron sencillos. “No venía de educación, ni de cultura, ni de deporte, ni de salud. No tenía a nadie, se me cerraban las puertas”. El proyecto comenzó con apenas siete niños. El primer espacio estable lo encontraron en el Museo de la Revolución, donde comenzaron a reunirse y a ganar visibilidad.

Hoy la sede principal radica en la Casa de Cultura Julián del Casal, en La Habana Vieja, adscrita a la Dirección Municipal de Cultura de este territorio. Cada extensión del proyecto —en las provincias de Sancti Spíritus, Ciego de Ávila y Artemisa, a unos 474, 424 y 52.4 kilómetros de La Habana, respectivamente — está igualmente vinculada a la casa de cultura de su territorio. “Trabajamos al unísono, pero cada cual defiende sus raíces”, explica Hernández.

En el proyecto no existe límite de edad y participan también niñas y niños sin discapacidad que colaboran como apoyo. El énfasis está en desarrollar potencialidades a través del arte y el deporte.

inclusión social: Proyecto Necesitamos de tu sonrisa
En este proyecto nacido en la Casa de Cultura Julián del Casal, en La Habana Vieja, las personas con discapacidad intelectual danzan, cantan, declaman, actúan, pintan y, sobre todo, sueñan. Foto: Cortesía de la entrevistada

“Mayormente nos vamos por la parte cultural porque les fascina bailar, cantar, pintar”, señala Hernández Fuentes. Pero no se trata solo de espectáculos: “el objetivo fundamental es el mejoramiento de la calidad de vida de estas personas, pero también de sus familias y de la comunidad”.

“El proyecto crea una red emocional de apoyo a las familias, con el fin de que integren a sus infantes y jóvenes a la sociedad, sobre todo para prepararlos con vistas a su arribo a los 17 años de edad, momento en que pierden contacto con las instituciones educacionales y, por ende, generalmente, la posibilidad institucional de insertarse en la vida laboral”, agrega.

Las actividades deportivas ocupan un lugar relevante. Integrantes del proyecto participan en los maratones populares Marabana y Maracuba, que cada año se celebran en la capital. “Tenemos el único niño con síndrome de Down que en Cuba corre los 10 kilómetros en Marabana”, comenta con orgullo.

Incluso quienes han sido operados del corazón han encontrado en el deporte una vía para fortalecer su salud y autoestima. “Ellos no tienen una enfermedad como tal, tienen una condición. No contagian nada. Lo que necesitan es aceptación”, insiste.

Cambiar la mirada

La experiencia ha mostrado que la inclusión no comienza solo en el espacio público, sino dentro del hogar. “Estos niños llevan compañía de por vida”, reconoce Hernández. Por eso, el trabajo con las familias es esencial.

“Hay hermanos que viven con celos porque sienten que los padres se enfocan más en quien tiene la condición. Hemos dado talleres para los hermanos también. Eso hay que educarlo”, explica.

inclusión social: Proyecto Necesitamos de tu sonrisa
El objetivo fundamental es el mejoramiento de la calidad de vida de estas personas, pero no solo de ellos, sino también de sus familias, de sus amigos y de la comunidad. Foto: Cortesía de la entrevistada

En su vivencia, las madres suelen ser las más implicadas en el proceso. Muchas llegan atravesadas por la culpa o la incomprensión. “Siempre era ‘¿por qué me pasó a mí?’. Pero con el proyecto hemos logrado que cambien su mirada sobre sus propios hijos”.

“Mis madres son maravillosas. Aquí bailan, salen, se arreglan. Cuando ven a sus hijos felices, su vida cambia”, dice. Y añade desde su experiencia personal: “Yo soy madre, ver a mi hijo feliz me hace feliz doblemente. Eso mismo pasa aquí”.

Durante estos once años, integrantes del proyecto se han presentado en importantes escenarios del país. “Ya no son un butacón más en la casa. Salen, socializan. Eso es lo fundamental”, afirma.

En espacios como el centro cultural y recreativo Tropicana, organizadores han reconocido la energía del grupo. “Cuando ustedes llegan levantan esto”, le han dicho. “Ellos lo dan todo con el mayor amor del mundo, porque no saben fingir”.

Las burlas no han faltado. “Si te ríes de un niño especial, él se reirá contigo. Porque su inocencia sobrepasa tu ignorancia”, reza uno de los lemas del proyecto. “Mientras otros se burlan, nuestros niños buscan la manera de saludarlos y conectar”, reflexiona Hernández. Cada episodio refuerza su convicción de seguir visibilizando.

Alianzas y redes para crecer

Como iniciativa sin fines de lucro, las alianzas han sido decisivas. Entre quienes han apoyado el proyecto se encuentra el ex saltador y campeón olímpico Javier Sotomayor, así como artistas y gestores culturales. También han recibido respaldo de logias masónicas, del restaurante Calesa Real y de un grupo solidario de Suecia que colabora anualmente.

El proyecto se nutre además de emprendimientos aliados como Filigrana, Rizo Libre, Urban Family, Cuba Circo Pioneril, Ángeles del Futuro y Nexus, que aportan talleres y experiencias diversas.

Inclusión social: Proyecto Necesitamos de tu sonrisa
El festival “Sonrisa para todos” convoca cada año a integrantes del proyecto en varias provincias y cuenta con la colaboración de artistas e iniciativas aliadas. Foto: Cortesía de la entrevistada

Cada año celebran el Festival “Sonrisas para Todos”, que ya suma cinco ediciones y reúne a las extensiones territoriales con propuestas ajustadas a sus tradiciones locales.

 

 
 
 
 
 
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Hernández reconoce que en Cuba se han dado pasos, como la creación de la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual (ACPDI), pero considera que aún falta articulación entre sectores.

Ella misma enfrenta barreras. “No soy graduada en Psicología ni en Defectología y me privan de trabajar formalmente en la atención a estas personas por no tener licenciatura. Tuve que dejar de trabajar para sostener el proyecto”, explica.

Agradece a los medios de comunicación que han abierto espacios para visibilizar a niñas y niños con discapacidad intelectual. “Se presentan en ellos y las personas ven de qué son capaces. Se rompen muchos estereotipos”.

 

 
 
 
 
 
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También reconoce experiencias afines en la creación de fuentes de empleo para estas personas, como el trabajo del Jardín Botánico de La Habana Quinta de los Molinos, y los proyecto socio culturales “Cuenta Conmigo” y “Pétalos de Amor”, ambos radicados en el municipio capitalino de Playa y dirigidos a niñas, niños y adolescentes con capacidades intelectuales especiales. “Son experiencias únicas aún, pero muy necesarias”, afirma.

Luchar por más derechos

Tras once años de trabajo, Hernández no habla de metas cumplidas, sino de proceso. “No vamos ni por la cuarta parte de lo que aspiramos. Queremos más, queremos una inclusión plena”.

Desde su liderazgo comunitario, esta mujer ha demostrado que la transformación social también se teje desde espacios culturales de base, donde el amor, la constancia y la convicción política se convierten en herramientas para disputar imaginarios.

Porque, insiste, no se trata de caridad. Se trata de derechos. De sonrisas que reclaman su lugar en el mundo, y de sueños que, cuando se sostienen colectivamente, terminan por abrirse camino.

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