La Habana, junio (SEMlac).- Más allá de su función estética, el arte tiene la capacidad única de conectar con las emociones, generar empatía y abrir espacios de diálogo que invitan a la reflexión crítica sobre realidades que, muchas veces, permanecen invisibilizadas o silenciadas.
En el caso de las violencias machistas, se convierte en una herramienta fundamental para cuestionar estructuras de poder, romper estereotipos y construir nuevas narrativas que promuevan la igualdad y el respeto. En este contexto, las artistas visuales son esenciales para generar espacios de reflexión, empatía y transformación social.
Tomando como punto de partida esas certezas, la joven cubana Yailén María Ruz Velázquez, graduada de Psicología en 2003, decidió emprender un camino paralelo en la fotografía, desde un activismo muy comprometido con la realidad social.
Para ello, recibió clases de técnica y apreciación fotográfica y actualmente cursa, como segunda carrera, la de Artes Visuales, en la Universidad de las Artes (ISA), en La Habana.
Sensibilizar sobre la inclusión, las maternidades lésbicas o la prevención de las violencias machistas ha estado en el foco de su obra artística, mediante la cual no busca solo que las personas aprecien la fotografía, sino dialogar con el público y que este “se comprometa emocionalmente con el mensaje”, confiesa.
En su opinión, el arte y el activismo no pueden separarse del contexto social en el que se desarrollan y es fundamental que quienes lo practican asuman una postura comprometida con su tiempo.
Como fotógrafa feminista, ¿cómo defines el papel del arte en la lucha contra la violencia de género?
No soy de las que cree que el arte en sí mismo puede provocar un cambio directo sobre una realidad. Pero sí considero que tiene un poder especial, una magia para levantar emociones, para hacer pensar, generar empatía y establecer una comunicación a fin de reflexionar y visibilizar fenómenos como la violencia de género, en los que a veces no reparamos por ser, lamentablemente, tan cotidianos.
En ese quehacer como artista intento ser muy seria y rigurosa; investigo desde el primer momento la temática sobre la que voy a trabajar para evitar la revictimización, uno de los grandes retos del arte y en especial de la fotografía.

¿Qué mensaje te propones transmitir para generar conciencia sobre las violencias machistas?
Trato con mucho respeto las historias de vida de mujeres y familias que han sido tocadas por la violencia de género. Desde el primer momento intento generar empatía y afecto con las personas protagonistas, sea de mis ensayos fotográficos o de una determinada pieza visual. Trato de crecer con ellas, de establecer una comunicación cercana, reiterada, de tender puentes primero, antes de hacer un trabajo más serio desde el arte.
Intento que no sea un arte panfletario, aun cuando algunas fotografías de mis ensayos hayan formado parte de campañas a favor de determinadas causas sociales. Prefiero que el arte incluya, se imbrique con una poesía visual que sugiera caminos, viajes a otros mundos; porque también de eso va el arte.
¿Qué desafíos identificas en el arte y la fotografía como herramientas de transformación social frente a la violencia de género?
Creo que uno de los grandes retos del arte, y de la fotografía en especial, es evitar la revictimización.
El arte tampoco debe enajenare de su tiempo, ni los o las artistas deben aislarse de su contexto social. Menos aún nosotras, las mujeres, que muchas veces somos objeto de estereotipos y sexismos que limitan nuestra libertad y autenticidad.
Creo que de eso va mi obra: de reflejar cuán diversas podemos ser las mujeres, cuánto debe respetarse la individualidad, el derecho a decidir con quién queremos compartir la vida, formar familia y ejercer ese derecho.
Ahora mismo es uno de mis grandes propósitos, independientemente, claro está, de asumir respeto y empatía hacia las personas con quienes suelo relacionarme, para seguir en este camino de las artes visuales.

