Consejerías para atender la violencia en Cuba

Las consejerías son opciones muy eficaces para atender situaciones de salud y, en particular, la violencia basada en género, pues tienen la posibilidad de proporcionar apoyo psicológico, facilitar procesos y derivar a las personas necesitadas hacia otros espacios donde encontrar soluciones. ¿Existen en Cuba? ¿Son suficientes? ¿Qué desafíos enfrentan? Para responder estas interrogantes, No a la Violencia invitó a la psiquiatra Ivón Ernand y la psicóloga Beatriz Torres, ambas de la consejería del Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR), y a la también psicóloga Carla Padrón, quien se desempeña en un servicio similar del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex)

¿Cuál es el estado de las consejerías para personas víctimas en Cuba? ¿Cuáles son las experiencias que más éxito han tenido?

Ivón Ernand: En Cuba, se han elaborado guías y manuales con el objetivo de normar la atención a víctimas de violencia. Proyectos, servicios e iniciativas puntuales han propuesto alternativas de atención a las mujeres que sufren violencia de género, sin que existiera aún una estrategia sistemática ni protocolizada. En algunasprovincias, desde hace años, se abrieron espacios de atención para las mujeres en situaciones de violencia: Cienfuegos, Matanzas y La Habana, esta última específicamente en OAR, donde funciona una Consejería desde 2016. Aquí se elaboró una “Guía para la atención en Consejería a mujeres en situaciones de violencia”, a partir de la cual se han realizado capacitaciones en las tres regiones del país, con el objetivo de multiplicar esos espacios de atención.

En todas estas modalidades de consejería, con diferentes características, se realiza acompañamiento psicológico y en algunas de ellas jurídico, a las mujeres que demandan atención. Han sido una alternativa especializada, aunque limitada, para la atención a tan complejo problema de salud, social y de derechos.

Carla Padrón: En nuestro país nos encontramos en un momento crucial para hablar sobre violencia, especialmente sobre las violencias derivadas de un sistema patriarcal, machista y sexista, que históricamente ha sometido a las mujeres a situaciones de vulnerabilidad y desprotección de sus derechos. Se están dando pasos firmes para la creación y consolidación de las consejerías a mujeres en situación de violencia basada en género; se está trabajando en la construcción de una guía práctica para todas las personas que, desde sus diferentes campos de actuación, cuentan con la sensibilidad y competencia profesional necesaria para la atención a estas mujeres.

La experiencia más positiva que hemos tenido en consejería es ver que nuestras mujeres se reconfortan con el simple hecho de saber que no están solas, que cuentan con un espacio seguro, donde no se les juzga ni critica, sino que encontrarán un camino de seguridad para su liberación y fortalecimiento personal. Estas mujeres están tan acostumbradas al menosprecio y a la falta de una escucha respetuosa, que cuando ven que se les brinda atención con amabilidad, ya se van transformando e incorporan la idea de que sí merecen ser bien tratadas. Cuando les desmontamos todas las culpas y la indefensión aprendida, renacen de sus cenizas mujeres empoderadas y autónomas. Esto no es un proceso fácil, debido a que por mucho tiempo han estado sometidas a una desestructuración negativa y brutal de su autoestima y personalidad. Se requiere un trabajo arduo y de mucha voluntad para no claudicar en el proceso.

Creemos en el crecimiento postraumático, que no es más que el conjunto de fortalezas que una persona puede desarrollar después de haber estado expuesta a una o varias situaciones traumáticas y adversas. Con ayuda especializada y su red de apoyo, las mujeres sobrevivientes de violencia pueden potencializar sus recursos personales, las fortalezas intrínsecas que se habían visto empequeñecidas, y añadir además los conocimientos y lecciones de haber estado inmersas en situaciones de violencia.

Beatriz Torres: Sobre el estado de las consejerías para mujeres en situaciones de violencia en Cuba, en estos momentos te podría decir que, en el sentido de cantidad, hay bastantes; se están abriendo en todos los municipios. Ahora, para nuestro criterio no todas tienen, realmente, el carácter de consejería. Para nosotros una consejería es lo que desarrollamos en OAR, donde dos especialistas de la salud mental y una del mundo jurídico acompañamos a estas mujeres en todas estas situaciones, desde la primera ayuda psicológica y orientaciones, hasta el acompañamiento jurídico, no solo para la denuncia, sino para su protección, la de sus hijos e hijas, de sus familiares, sus bienes, etc. Esa es una verdadera consejería y, en otros espacios, muchas veces lo que se hace es la primera orientación, buscar ayuda. Pero no creemos que todas tengan este carácter integral de profesionalidad y acompañamiento.

Creo que el término de éxito es difícil de definir. Este tipo de consejerías integrales son las que podrían llevar a una mayor efectividad en el manejo y acompañamiento a estas mujeres. Por ejemplo, desde hace tiempo estamos capacitando a un grupo de profesionales de la salud mental y el mundo jurídico en las tres regiones del país. Incluso, se nos pidió que capacitáramos al equipo de Cenesex, que asumirá, desde el sector de la salud, la responsabilidad de llevar esta consejería para mujeres en situaciones de violencia. También estamos capacitando a especialistas, funcionarias de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) que van a llevar a cabo esta misión. Pero, repito, lo más importante es separar lo que es la primera orientación que se puede dar en las Casas Orientación de la Familia, por ejemplo, de las funciones de una verdadera consejería, que sí debe tener el sentido integral de combinación de profesionales preparados y sensibilizados con este problema.

¿En qué estado estamos para gestionar protocolos que normen el trabajo de las consejerías?

IE: A partir de la aprobación de la Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y en el escenario familiar, en 2021, se propiciaron las condiciones necesarias para protocolizar y sistematizar la atención a la violencia de género con calidad y eficiencia. Recientemente, desde el Centro OAR se convocó a un grupo de expertos a la Reunión anual de Investigadores sobre violencia basada en género (VBG), con el objetivo de analizar y enriquecer la Guía para la atención en Consejería a mujeres en situaciones de violencia elaborada en OAR, como material que tribute al protocolo que propone la estrategia.

CP: La reunión de investigadores sobre violencia, este año, estuvo dedicada a la revisión por parte de los y las especialistas que tienen vínculo con los temas de violencia y con el trabajo en consejería. Se revisó la propuesta realizada por la doctora Ivon Ernand, de OAR; se realizaron propuestas y sugerencias para el mejoramiento de esta guía, con vistas a su futuro empleo por parte del grupo multidisciplinario que asista a estas mujeres. En definitiva, creo que vamos por buenos caminos; se estableció el comité de redacción y próximamente esta guía práctica deberá estar lista para circular.

BT: En cuanto a los protocolos, estamos muy preocupados por esta situación, porque se homogenice lo que se hace en las actuaciones en este tipo. Propusimos estandarizar una guía confeccionada por la doctora Ivón Ernand, con nuestra colaboración, que sistematiza la experiencia de acompañamiento a mujeres en situaciones de violencia de OAR. Este año, además, dedicamos la reunión de investigadores de violencia, que siempre coordina el centro, a convocar a un grupo de especialistas que hacen consejería, o tienen experiencia en estas temáticas, para perfeccionarla, homogeneizarla y presentarla en los primeros meses del año que viene, como una propuesta que sirva como protocolo de actuación, como una guía.

¿Cuáles son los desafíos que existen para el futuro?

IE: Lograr la adecuada sensibilización y comprensión de todos los actores sociales involucrados, así como su capacitación e integración para el afrontamiento de las múltiples aristas de la VBG. Desmontar las resistencias culturales estructurales que existen en la sociedad, para lograr los cambios necesarios en las subjetividades de las personas (profesionales, actores sociales, los hombres, así como las propias mujeres víctimas), que limitan la comprensión del problema y, por tanto, su adecuado manejo y atención. Organizar servicios de atención con profesionales sensibilizados, capacitados y comprometidos, que redunde en una atención de calidad, que abarque los aspectos promocionales, preventivos, de cuidados y de restitución de la salud general de las mujeres víctimas de violencia, así como su reinserción familiar y social.

También, establecer programas que incorporen la promoción de nuevas masculinidades y la atención y rehabilitación de los hombres ofensores; lograr acciones de sensibilización, información y capacitación sistemáticas a diferentes sectores de la población y al personal que trabaja en el ámbito de la violencia y una posición legal de avance, donde las leyes vayan acompañadas de una voluntad aplicativa, interpretativa y de reconocimiento. Y, por último, establecer programas de recogida de estadísticas que reflejen las diversas expresiones de la violencia basada en género en el contexto cubano.

CP: Los desafíos que nos quedan para el futuro están vinculados con el proceso de sensibilización social y humana que todavía tenemos por delante; no solo a nuestros profesionales que se especializan desde las distintas áreas de actuación, sino también en cuanto a los mensajes que se deben transmitir a nuestra sociedad para que entienda que la violencia basada en género es un fenómeno que involucra a todas las personas y que debemos ser capaces de denunciar y reconocer cuándo estamos siendo víctimas o testigos de hechos violentos. Nuestras consejerías no servirán de nada si las personas no comprenden que deben asistir y empoderarse de los recursos que allí se ofrecen. Es un reto muy grande para todas las sociedades del mundo: han sido muchos siglos de normalización de la violencia a la mujer, pero desmontar esto es una obligación de todos y todas, desde cualquier escenario.

Por otra parte, pese a que existe la voluntad política y se legisla ya sobre estas problemáticas, debemos seguir sensibilizando y capacitado al personal de la policía, a todas aquellas personas que tienen el deber de recibir a nuestras mujeres y darles esa primera contención; de transmitirles el mensaje de ayuda incondicional, sin juzgar y sin cuestionar. Se deben desmontar todos los mitos e ideas distorsionadas respecto a por qué sucede la violencia; por qué las mujeres entran en círculos de violencia y por qué les cuesta tanto trabajo salir de allí.

BT: Yo creo que el primer desafío es tener en cuenta qué es una consejería, qué elementos lleva, qué componentes. Contar con esa guía sobre la que comentábamos antes, con ese protocolo de actuación; que realmente se nombre consejería a lo que es. En segundo lugar, sensibilizar y capacitar no solo a los consejeros y consejeras de todo el país, sino a todas las personas que puedan remitir a estas mujeres y a sus hijos e hijas; a todas las personas involucradas desde las instituciones del gobierno, las escuelas, la salud; en fin, de todos los espacios para acompañar y atender a las mujeres y sus familias.

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