Mujeres reciclan y promueven educación ambiental

La Habana, enero, (Especial de SEMlac). –Desde un frasco de vidrio convertido en lámpara hasta un ecoladrillo hecho por manos infantiles; de una prótesis textil reciclada a un patio donde nada se desperdicia: mujeres cubanas transforman residuos en oportunidades, educación ambiental en práctica cotidiana y reciclaje en una forma de cuidar la vida.

En barrios, escuelas, talleres y comunidades, ellas impulsan proyectos que apuestan por el emprendimiento, la sostenibilidad, la creatividad y la formación ambiental, y demuestran que el cambio no solo depende de recursos, sino también de conciencia, alianzas y acción colectiva.

De ello está convencida Anibex Abreu, para quien una botella vacía no es basura, sino una oportunidad. En su proyecto “Devuelta”, en el municipio del Cerro, en la capital, los envases de vidrio se convierten en lámparas, tazas y otros objetos que prolongan la vida de un material ciento por ciento reciclable.

 

 
 
 
 
 
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En el año 2020, la pandemia de covid-19 llevó a esta actriz, ante la imposibilidad de continuar sus talleres de actuación, a reencontrarse con una pasión de larga data. “Mi emprendimiento se llama ‘Devuelta’ porque devuelvo la vida a estos envases de vidrio”, explica, convencida de que reciclar es una forma de proteger “esta casa de todos: la Tierra”.

A 425 kilómetros, en Ciego de Ávila, Maylié Sánchez Jiménez ha hecho de la reutilización la base de su emprendimiento “Confecciones Textiles Estilos Maylie” y del proyecto “Marifé”, dedicado a la elaboración de prótesis de mama para mujeres mastectomizadas a partir de ajustadores reciclados.

Más cerca, a solo 104 kilómetros de La Habana, en Matanzas, la ingeniera Betty Correa Reyes apuesta por la narración, los cuentos y la educación ambiental para responder a un problema cotidiano: la acumulación de residuos en su barrio de Versalles.

Así nació “Ecologito”, un proyecto que, desde 2019, trabaja con niñas, niños y adolescentes mediante talleres de narrativa, actividades de reciclaje, festivales ambientales y la confección de ecoladrillos, entre otras actividades.

Son apenas tres de las muchas iniciativas que hoy demuestran que el reciclaje y la economía circular pueden convertirse en herramientas reales de transformación social, capaces de generar conciencia, empleo, redes de apoyo y prácticas sostenibles para el presente y el futuro de la nación caribeña.

Estos y otros proyectos tuvieron la posibilidad de encontrarse e intercambiar experiencias en la 11na edición del Rebirth Forum Habana 2025, organizado por el proyecto Tercer Paraíso Rebirth y el Proyecto de Desarrollo Local “La Mina”, en diciembre de 2025, y dedicado en esta ocasión al reciclaje.

El desafío no es solo local. Según el informe Perspectiva Mundial de la Gestión de Residuos 2024, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la generación de residuos sólidos urbanos podría crecer de 2.100 millones de toneladas en 2023 a 3.800 millones en 2050, mientras que los costos globales de su gestión podrían duplicarse.

Frente a ese escenario, los modelos de economía circular emergen como una alternativa para generar beneficios económicos y reducir impactos ambientales.

Reciclar en clave femenina

“Nos hemos escudado mucho tiempo en la falta de recursos, pero el problema es de conciencia”, sostiene Correa Reyes, convencida de que el cambio comienza en los hábitos individuales y se multiplica en la familia y la comunidad.

Bajo esa premisa, desde 2025, “Ecologito” impulsa una red de reciclaje comunitario que busca articular esfuerzos locales y fortalecer la educación ambiental como motor de cambio social sostenible. Su objetivo es conectar iniciativas ciudadanas con prácticas concretas de reutilización de desechos, dice Correa Reyes.

Betty Correa Reyes, proyecto Ecologito
Betty Correa Reyes apostó por la narración, los cuentos y la educación ambiental para responder a un problema cotidiano: la acumulación de residuos en su barrio de Versalles. Foto: Tomada de perfil en Facebook de Grupo Cocomar «Amigos de la Naturaleza»

Esa lógica atraviesa también el proyecto “Devuelta”, donde el reciclaje trasciende la producción artesanal para convertirse en una herramienta formativa y de conciencia ambiental, explica Anibex Abreu.

“Yo imparto talleres para sensibilizar, para que las personas vean cuánta posibilidad hay en un envase de vidrio”, asegura.

Para la artista, fomentar conciencia ambiental en las nuevas generaciones es lo que da verdadero sentido a su trabajo.

Un enfoque similar impulsa Maylie Sánchez Jiménez, quien desde su taller de corte y costura promueve también la moda sostenible, el cero desperdicio y la reutilización creativa de prendas, cortinas y manteles.

“Todo tiene una segunda vida útil”, afirma la emprendedora. Su iniciativa de confecciones textiles, unida a la elaboración de prótesis, genera empleo para mujeres de la comunidad, además de talleres de costura, manualidades y sostenibilidad para niñas, niños y adolescentes.

El reciclaje ofrece muchísimas oportunidades y para mí se ha convertido en una manera de transformar vidas, dice Sánchez Jiménez, quien es consciente de que la industria textil es una de las más contaminantes.

Talles de confecciones textiles Estilos Maylie
Maylié Sánchez Jiménez ha asumido el reciclaje como una fuente de oportunidades y como una forma de transformar vidas. En la imagen: confección de prótesis de mamas con materiales reciclados. Foto: Cortesía de la entrevistada

Según un informe de Circle Economy y la H&M Foundation, organizaciones que  fomentan modelos de economía circular en la industria, el sector de la moda consume a nivel global 3.250 millones de toneladas de recursos al año, y solo el 0,3 por ciento de los materiales proviene del reciclaje.

Educación ambiental desde edades tempranas

Para Zailin Pérez Zaldívar, fundadora del proyecto “Los Colores de Isa, enfocado en la primera infancia, uno de los retos más urgentes en la sociedad cubana es la formación y concientización sobre el cuidado del medio ambiente. “La educación ambiental y el reciclaje son elementos muy escasos en los currículos desde el círculo infantil hasta el preuniversitario”, dice a SEMlac.

A través del juego, el autocuidado, los cuentos, las canciones y las emociones, el espacio que creó en 2023 aborda temas tan diversos como reciclaje, derechos, inclusión, autoestima, medio ambiente y crianza respetuosa.

Durante la 11na edición del Rebirth Forum Habana 2025, Pérez Zaldívar identificó brechas en la formación ambiental en Cuba en los diferentes niveles de enseñanza, desde las primeras edades hasta el nivel medio superior.

11na edición del Rebirth Forum Habana 2025, La Mina
Durante los intercambios en la 11na edición del Rebirth Forum Habana 2025, se identificaron brechas en la formación ambiental en Cuba en los diferentes niveles de enseñanza, comenta Zailin Pérez Zaldívar. Foto: SEMlac Cuba

A su juicio, entre los mayores desafíos, además de la escasa presencia de esta temática en los currículos docentes, figuran la necesidad de articulación entre iniciativas, la sostenibilidad económica y la búsqueda de alianzas como principio clave para la acción.

“Del foro surgieron propuestas concretas, como la creación de una base de datos colaborativa de experiencias y proyectos y la elaboración de un manual de buenas prácticas en reciclaje y sostenibilidad, con el objetivo de visibilizar y sistematizar el conocimiento acumulado”, sostiene.

La educación ambiental también es motivo de desvelo para la activista Regla Bonora Soto, quien lidera en La Habana iniciativas como “Mi Escuela Verde” y “Proyecto Futuro”. Su propuesta busca convertir las escuelas en espacios ecológicos y transformadores de sus comunidades, además de fortalecer la participación y la capacidad de adaptación al cambio climático.

“No se puede cuidar lo que no se conoce”, afirma Bonora Soto, quien defiende una educación ambiental orientada no solo al conocimiento, sino a aprender a cuidar la vida desde un enfoque biocéntrico, que considere a todos los seres vivos como parte de un mismo sistema.

Esa filosofía se refleja en la práctica del emprendimiento “La Rocalla”, liderado por Yamilet Luguera González. Surgido en La Habana durante la covid-19, este proyecto familiar integra agroecología urbana, reciclaje y educación ambiental.

En ese camino apuesta por el compostaje, un proceso natural de descomposición de residuos orgánicos para producir abono; la reutilización de envases, la separación de residuos y la producción orgánica.

“Nada va a la basura”, resume Luguera, quien reutiliza recipientes para siembras, comparte materiales con otros emprendimientos y participa en talleres educativos sobre polinizadores, murciélagos cubanos, biodiversidad, ciencia ciudadana y áreas protegidas.

A través de dinámicas participativas, juegos, fotos, videos y conversatorios, “La Rocalla” promueve una educación ambiental activa, vinculada a la comunidad y a la divulgación científica, sostiene la emprendedora.

Desde su experiencia, considera que desarrollar acciones a nivel local y generar alianzas con proyectos e instituciones es fundamental para que más personas adquieran conciencia y responsabilidad con el medio ambiente.

Tejer juntas el cambio

A conectar iniciativas, educar y reutilizar materiales ha dedicado sus esfuerzos el Proyecto de Desarrollo Local “La Mina”, fundado por Laura Salas Redondo como parte de la Embajada Rebirth/Tercer Paraíso Cuba.

Nacido tras el V Rebirth Forum Habana en 2019, “La Mina” trabaja en la gestión de residuos sólidos, la promoción del reciclaje y la formación. Así, ofrece un punto de encuentro y apoyo para múltiples proyectos comunitarios de la capital.

Talleres de reciclaje creativo en el Proyecto La Mina
La gestión de desechos requiere un cambio de mentalidad y acciones a muchos niveles. En “La Mina” trabajamos para que desde lo local comience esa transformación, comenta Laura Salas Redondo. Foto. Tomada de @la_mina_cuba/IG

Talleres para infantes y adolescentes, proyectos como “Copas para Cuba”, que impulsa el uso de copas menstruales como opción sostenible, y “Libreros Comunitarios”, una iniciativa que promueve el intercambio y la reutilización de libros en espacios públicos para extender su vida útil, forman parte de su estrategia para fomentar una cultura de reciclaje.

 

 
 
 
 
 
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Desde 2024 cuenta con un Punto Verde en el municipio capitalino de Centro Habana, donde recibe plásticos, metales, papel, cartón, textiles, chatarrería electrónica y materiales poco comunes como espejuelos, maquillaje o ajustadores en desuso.

Para Salas Redondo, cambiar la forma de nombrar los residuos —entendiéndolos como materia prima o recurso económico— es clave para modificar mentalidades.

En Cuba, la educación ambiental y la gestión de residuos enfrentan varios retos, entre los que destaca la necesidad de actualizar la Ley de Recuperación de Materias Primas, vigente desde 1975 y en proceso de revisión, apunta.

Solo en La Habana se generan alrededor de 30.000 metros cúbicos de desechos sólidos urbanos cada día, cifra que supera la capacidad operativa del sistema de recogida, según datos ofrecidos al sitio web Cubadebate por Mariano Suárez del Villar Farrés, director provincial de Servicios Comunales en La Habana.

Frente a este panorama, proyectos como los liderados por estas mujeres muestran que es posible transformar materiales desechados en recursos útiles y promover hábitos sostenibles desde la comunidad.

“Si las personas entienden que cambiando el pedacito que les toca pueden generar un gran cambio, entonces habrá valido la pena todo el esfuerzo”, subraya la líder de “Ecologito”, Betty Correa.

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