La aprobación de la actual Carta Magna cubana, en 2019, marcó un hito indiscutible. Elevó estándares de protección contra la discriminación y reconoció derechos fundamentales como la dignidad humana y la igualdad. Sin embargo, su aplicación efectiva sigue siendo un desafío. Para las comunidades LGBTIQ+, especialmente las personas trans y de género diverso, sigue existiendo una brecha entre las leyes y la práctica cotidiana.
El abandono familiar que les expulsa a la calle, las violencias machistas que sufren, el bullying que les aleja de los estudios, la discriminación laboral que les condena a la precariedad… incluso el sexo transaccional, que para muchas no es elección, sino única opción de supervivencia. Estas no son hipótesis: son historias repetidas, dolorosamente comunes.
En esta edición de La Nota, que hoy coincide con el cierre de la 18ª edición de las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia, ponemos el foco en los retos pendientes. Porque reconocer derechos en el papel es solo el primer paso. El desafío real —y urgente— es garantizar que esas palabras se conviertan en acceso a educación, salud, empleo digno… En fin, vivir sin que la identidad sea un castigo.
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