Violencia vicaria: una estocada donde más duele

La Habana, abril (Especial de SEMlac).- Es una de las violencias machistas más silenciadas en Cuba, no aparece en estadísticas oficiales, tampoco se nombra de forma específica en las leyes y, suele pasar tan oculta y naturalizada, que pocas víctimas la reconocen, aunque la sufran con frecuencia en diversos grados.

La violencia vicaria combina varias formas de maltrato, con tal de “dañar a la mujer a través de sus seres queridos, especialmente hijos e hijas”, asegura la psicóloga Matilde Molina en su artículo “Violencia vicaria, maltrato invisibilizado”, en colaboración especial para SEMlac.

“Todo el tiempo me amenazaba con quitarme a los niños si lo dejaba; me decía que no iba a permitir que vivieran conmigo, ni me iba a dejar que los volviera a ver.  Yo no trabajaba en ese tiempo y él me decía que nunca me los iban a dar porque no los podía mantener”, cuenta a SEMlac una mujer residente en La Habana, que pidió no revelar su identidad.

“Aguanté demasiado. Vine a reaccionar el día que ya no fueron solo palabras, golpes y gritos contra mí. Cuando vi que agredió a los niños, porque se interpusieron para defenderme en medio de una pelea, supe que tenía que salir rápido de allí. Eso me dio el valor que tanto me había faltado”, relata y agrega que solo le pesa no haber actuado antes.

Especialistas señalan que este tipo de violencia, en la cual los hijos se convierten en blanco directo para controlar, lastimar y retener a sus madres en una relación de pareja, no solo les provoca daños y malestares a las mujeres y su descendencia, sino que se convierte en un motivo real para perpetuar el maltrato.

Bajo amenaza de perderlos o al sentir que no los pueden proteger, no son pocas las madres que aguantan amenazas, humillaciones y otros actos, sin llegar a comprender que, lejos de protegerlos de posibles abusos, los exponen aún más, en una trampa repetitiva.

Múltiples violencias

Entre especialistas también se le identifica como “violencia por sustitución” y “su objetivo es controlar y dominar a la mujer en una relación de poder sustentada en la desigualdad de género”, agrega Molina en su artículo.

En el escenario científico y académico aún se discute mucho sobre el término, alerta la especialista. Sin embargo, es criterio común que el fin principal es afectar las relaciones familiares y afectivas de las víctimas, su integridad física, psicológica, económica y patrimonial.

El término violencia vicaria fue acuñado hace casi una década por la psicóloga clínica argentina Sonia Vaccaro, al analizar un tipo de violencia que solía manifestarse con mayor intensidad después de la separación.

Violencia vicaria una forma de violencia contra mujeres, niñas y niños
La violencia vicaria combina varias formas de maltrato y busca dañar a la mujer a través de sus seres queridos, especialmente hijos e hijas. Foto: Tomada de verificado.com.mx

El concepto “vicario” se refiere a la sustitución de un individuo por otro en el ejercicio de una función. En el contexto de la violencia, implica llevar a cabo una agresión hacia una persona en lugar de otra, siendo esta última el objetivo principal de la violencia.

Vaccaro la definió como una de las formas más crueles de maltrato, porque el agresor no ataca directamente a la mujer, sino que lo hace “a través de otros”.

Se le considera especialmente grave, porque combina diferentes tipos de violencias, como la psicológica, la emocional, la física y la infantil. Además, porque niñas y niños son también víctimas directas y no únicamente instrumentos del maltrato. “En numerosas ocasiones, los padres biológicos, parejas o exparejas producen la muerte de un niño o niña con el fin de hacerle daño a la mujer”, recalca Molina en su artículo.

Es particularmente dañina por sus efectos a largo plazo: no solo sufre la mujer directamente, sino que también se daña la relación con sus hijos y su capacidad para cuidarlos y protegerlos.

En medio de esas dinámicas familiares violentas, el maltratador hace que sus hijos sean testigos de las agresiones y ofensas hacia sus madres, además de permitir que otras personas ofendan y hablen mal de ella delante de ellos, describe a SEMlac la psicóloga Carla Padrón Suárez, especialista del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

“Así mismo, vemos que existe cierto tipo de manipulación donde el padre utiliza a sus hijos para sacar información relacionada con la madre y así poder mantener el control y el poder sobre ella”, comenta.

La psicóloga Carla Padrón Suárez
La psicóloga Carla Padrón Suárez describe que, como parte de la violencia vicaria, el padre utiliza a sus hijos para sacar información relacionada con la madre y así continuar teniendo el control y el poder sobre ella. Cortesía de la entrevistada

Al perpetuarse ese tipo de violencia, el resultado es un modelo de pareja y de familia donde no hay amor ni respecto. “Esto genera el desarrollo de apegos inseguros, evasivos que, posteriormente, van a estar proyectando en sus futuras relaciones interpersonales, tanto con amigos y amigas, como con las parejas.

“El padre que utiliza a sus hijos como un instrumento para hacer daño sabe que el dolor que causará a su madre será mucho mayor que si la dañara a ella directamente”, precisó a SEMlac la psicóloga Ana María Cano. “Es un maltrato que genera graves daños psicológicos y un dolor extremo, porque durará durante toda la vida”.

Así, se repite un ciclo intergeneracional de abuso, ya que los hijos pueden aprender y reproducir patrones de comportamiento violentos en sus propias relaciones en el futuro.

 Miradas necesarias

Si bien en Cuba se avanza en la estimación de la prevalencia de la violencia doméstica, no se dispone de estadísticas oficiales que revelen la real dimensión de la violencia de género en todas sus manifestaciones, incluida la violencia vicaria, sostiene Cano, también especialista del Cenesex.

De acuerdo con los datos disponibles y los resultados de investigaciones, la forma más común en que se expresa este tipo de violencia en el país es la intrafamiliar contra las mujeres y las niñas, en todas sus manifestaciones, con predominio de la violencia psicológica y la emocional, agrega a SEMlac.

La psicóloga Ana María Cano.
“El padre que utiliza a sus hijos como un instrumento para hacer daño sabe que el dolor que causará a su madre será mucho mayor que si la dañara a ella directamente”, asegura la psicóloga Ana María Cano. Foto: Cenesex

La experta aclara que aun cuando varios estudios reflejan que las mujeres logran elaborar estrategias para poner fin al maltrato, algunas son inefectivas y otras logran romper el vínculo violento.

“Un elemento significativo en la actitud de mujeres maltratadas incluidas en estas investigaciones radica en su convicción de no responsabilizarse frente al maltrato que padecen o han padecido, lo cual contribuye de manera efectiva a la ruptura del círculo de la violencia”, explica.

En opinión de Yamila González Ferrer, vicepresidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba y coordinadora de su proyecto Justicia en clave de género, se trata de un asunto que requiere de gran sensibilidad, pero también de conocimientos.

“A veces las víctimas pretenden llamar la atención sobre el daño que se les está haciendo –puede ser a sus hijos o hijas, a sus madres o padres, a alguna persona afectiva cercana, para causarles daño a ellas–, pero no se logra ver y esto realmente tiene consecuencias nefastas”, sostiene.

En el Código de las Familias vigente en el país se recoge que este tipo de actos puede causar límites de negación, suspensión y modificación del régimen de comunicación familiar, de pérdida de la administración de los bienes y derechos de las hijas y los hijos, así como de privación de la responsabilidad parental cuando las hijas y los hijos sufren violencia, cita como ejemplos.

La jurista Yamila González Ferrer
Yamila González Ferrer, vicepresidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, asegura que atender la violencia vicaria requiere de gran sensibilidad, pero también de conocimientos. Foto: Cortesía de la entrevistada

“El propio Código alude a la violencia directa o indirecta, para que no quepa dudas de que, aunque aparentemente esos hijos no sean víctimas directas de violencia, si lo son en realidad y, por lo tanto, tiene un efecto jurídico que estén sufriendo de esa violencia”, precisa.

En el caso del Código Penal, si bien no existe ningún particular que taxativamente invoque la violencia vicaria, es posible asociarla a la violencia de género, la violencia familiar, o a la combinación de ambas, argumenta por su parte la profesora de Derecho Arlín Pérez Duharte.

Esta jurista agrega a SEMlac que lo mismo ocurre en las circunstancias agravantes, cuando se le exige al juzgador que se acerque al límite máximo de la sanción en caso de advertir los motivos de la violencia de género, la de género familiar, la discriminación y todo lo que implique una distinción lesiva a la dignidad humana.

Partidaria de que no hay que esperar a que una ley lo contenga, de manera expresa, sí alega la necesidad de dotar al intérprete de las herramientas y conocimientos para poder mirar estos hechos dentro del fenómeno en que realmente está ubicado.

Desde su experiencia en la atención a la violencia infantil, la psicóloga Ana María Cano reconoce que existen varios instrumentos institucionales y de prevención, como la Estrategia integral de atención a la violencia y el trabajo del Grupo nacional para la atención y la prevención de la violencia intrafamiliar, que reconocen la existencia de la violencia de género como una problemática social.

“Sin embargo, nos falta la preparación de los profesionales que tienen la responsabilidad de realizar acciones para atender esta problemática social”, precisa. También se necesitan protocolos de atención para su tratamiento y poder ofrecer acompañamiento y una intervención integral, sostiene.

Nombrar la violencia vicaria, reconocerla, atenderla y denunciarla como tal son pasos imprescindibles para lograr acciones efectivas para minimizarla, prevenirla y erradicarla, como parte de las violencias de género.

“Somos el principal ejemplo para nuestros hijos y nuestro bienestar es directamente proporcional al suyo”, afirma la psicóloga Carla Padrón. “Por lo tanto, debemos abandonar la falsa idea de creer que nuestro sufrimiento, por sacrificio, les generará algún bienestar. Eso es un gran error”, concluye.

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