En busca de alianzas para proteger a niñas, niños y adolescentes

La Habana, diciembre (SEMlac). Crear entornos protectores para niñas, niños y adolescentes se perfila en Cuba como parte de los esfuerzos nacionales, y de la cooperación internacional, en busca de garantizar el respeto de sus derechos y prevenir las violencias.

Iniciativas como “A+ Espacios Adolescentes”, impulsada por la Oficina del Historiador de La Habana; el Espacio creativo y cultural “La Manigua”, con sede en el municipio de Plaza de la Revolución; la Red de Jóvenes por la Vida, o el Proyecto Creación de entornos protectores para la niñez y la adolescencia desde la cultura de la provincia de Granma, a más de 780 kilómetros de la capital, confirman que desde la cultura, la educación y la salud pueden tejerse redes de empoderamiento.

Con el acompañamiento del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) e instituciones locales diversas, todos estos espacios comunitarios van poco a poco tejiendo una red que confirma que la protección de la infancia puede construirse desde múltiples escenarios, siempre que compartan una visión común de respeto y garantía de derechos.

Pero ¿cómo articularse para no reiterar acciones, qué alianzas se pueden construir a pesar de las distancias geográficas o las diferencias específicas de cada proyecto?

Compartir acciones de capacitación, intercambiar sobre experiencias y aprendizajes de comunicación nacidas de conjunto con adolescentes y juntar esfuerzos institucionales y comunitarios para prevenir las violencias fueron respuestas a esas interrogantes, nacidas durante el taller “Tejiendo redes de protección y empoderamiento: herramientas para el trabajo con adolescentes mujeres”, realizado entre el 17 y el 19 de noviembre en La Habana.

Unicef: guías para construcción de espacios protectores
Las guías compartidas desde Unicef para la creación de entornos protectores deben adaptarse a contextos físicos, virtuales o itinerantes muy diferentes. Foto: SEMlac Cuba

El intercambio también funcionó como capacitación conjunta para la implementación, con enfoque particular en adolescentes mujeres, de la “Guía de asistencia técnica para la creación y fortalecimiento de entornos protectores de la infancia y la adolescencia en Cuba”, la Caja de Herramienta de Entornos Protectores y los “Kits para adolescentes para la expresión y la innovación”, herramientas construidas desde Unicef.

Un reto compartido fue adaptar las guías y las orientaciones metodológicas de los kits a contextos físicos, virtuales o itinerantes muy diferentes.

En opinión de Yoylan Cabrales Gómez, director de “A+ Espacios Adolescentes”, un principio permanente debe ser adaptarse constantemente a las realidades juveniles. 

“El adolescente es un ser cambiante. Nosotros tenemos que estar reinventándonos prácticamente todos los años buscando alternativas para llamarles la atención, sobre todo ahora que estamos tratando de focalizar en las muchachas y su empoderamiento”, explicó a SEMlac.

Cabrales Gómez coincide en la necesidad de focalizar a las mujeres jóvenes con iniciativas como estas. “notamos que casi siempre hay un público femenino mucho mayor que el masculino a la hora de asistir los talleres”, precisó.

El espacio permitió no solo socializar metodologías participativas y herramientas prácticas, sino también visibilizar la diversidad de enfoques y territorios que conforman la red de entornos protectores en Cuba.

Desde la provincia de Granma, José Martínez González, educador del programa de VIH/sida y especialista de la Red de Jóvenes por la Vida, compartió los logros y desafíos de trabajar en territorios con alta incidencia de embarazo adolescente y uniones tempranas.

“Tenemos instituciones involucradas y con voluntad también de apoyar este tipo de trabajo, como las casas de cultura y los centros de higiene y epidemiología”, explicó.

Sin embargo, señaló obstáculos como la accesibilidad geográfica y la permanencia de herencias patriarcales muy naturalizadas. “Hay aspectos culturales muy fuertes. Los roles de género fuertemente afianzados en ciertas comunidades hacen que la niña sienta que su rol es parir y conseguir un buen marido”, reflexionó.

Capacitación sobre espacios seguros para adolescentes y niños
Compartir capacitación, intercambiar experiencias comunicativas construidas con adolescentes, y unir esfuerzos institucionales y comunitarios para prevenir violencias fueron algunas respuestas generadas en el taller “Tejiendo redes de protección y empoderamiento”. Foto: SEMlac Cuba

Como parte de las actividades del taller, también se presentó la campaña “Ahí  es” contra las violencias machistas y se diseñaron acciones conjuntas para la Jornada por la no violencia hacia las mujeres y las niñas.

Entornos protectores: las redes de seguridad

“Un entorno seguro y protector se define como un espacio de buen trato afectivo,  que esté libre de cualquier forma de violencia, abuso o explotación y en el que las personas se rijan por el respeto a los derechos humanos”, define Unicef en la “Guía de asistencia técnica para la creación y fortalecimiento de entornos protectores de la infancia y la adolescencia en Cuba”.

Cuando se habla de entornos protectores con enfoque de género, en particular, estos deben garantizar espacios seguros, accesibles y libres de acoso, desde donde se empodere a las adolescentes a través del fortalecimiento de su autoestima, autonomía y capacidad de decisión sobre sus cuerpos y proyectos de vida, detalló Luis Alberto Hierro Sánchez, profesor de Derecho en la Universidad de La Habana.

Espacios protectores para adolescentes, Luis Alberto Hierro Sánchez
En opinión de Luis Alberto Hierro Sánchez, es esencial tener siempre como brújula el recién aprobado Código de Niñez, Adolescencias y Juventudes, porque “lo vamos aplicar todas las personas que están en contacto directo con niños, niñas, adolescentes”. Foto: SEMlac Cuba

Se trata de “garantizar el derecho de cada adolescente a su desarrollo pleno y a su protección, pero, además, el ejercicio de la mayor cantidad de derechos posible, porque solo así estaremos garantizando el interés superior de esa adolescente ante el proceso”, precisó Hierro Sánchez durante el taller.

Estos, además, deben facilitar el acceso a información y servicios amigables de salud sexual y reproductiva, contar con personal adulto sensibilizado en derechos y género, y contribuir a transformar las normas culturales que perpetúan la desigualdad y la violencia.

En opinión del jurista, es esencial partir de los preceptos del recién aprobado Código de Niñez, Adolescencias y Juventudes, porque “lo vamos aplicar todas las personas que están en contacto directo con niños, niñas, adolescentes”, insistió y recomendó construir alianzas, capacitar, entrenar.

Espacios protectores para adolescentes, construcción colectiva
Los entornos protectores deben garantizar acceso a salud sexual y reproductiva amigable, contar con personal sensibilizado en derechos y género, y transformar las normas culturales que perpetúan desigualdad y violencia, sistematizaron participantes del taller de noviembre. Foto: SEMlac Cuba

Cabrales Gómez coincidió con el especialista y señaló la necesidad de su institución con las escuelas de la localidad: “Me falta ese apoyo, a veces siento que las escuelas no le dan el valor que tiene ni lo aprovechan suficientemente para trabajar con sus estudiantes”, explicó.

“El centro está vacío la semana entera, teniendo la oportunidad de aprovechar para garantizar la preparación hasta de los propios profesores. Tenemos laboratorio de Física, de Química, aula de computación, pero no nos usan”, agregó.

Por su parte, Martínez González valoró los aprendizajes de llevar “años formando promotores de salud o jóvenes y adolescentes con habilidades para poder utilizar los mensajes educativos en función de su propio bienestar y transmitirlos a otras personas. Eso nos da las facilidades para el trabajo”, apuntó.

Ambas experiencias —A+ Espacios Adolescentes y los proyectos que imbrican salud y cultura en la oriental provincia de Granma—, aunque funcionan de manera independiente, se reconocen como parte de una misma estrategia nacional e internacional que busca garantizar entornos protectores para niñas, niños y adolescentes en Cuba.

No existen alianzas formales entre ellos, pero sí una convergencia de objetivos y modos de hacer que los vincula en la práctica: promover la participación juvenil, prevenir la violencia y ofrecer espacios seguros para el desarrollo cultural y social.

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