La Habana, diciembre, (SEMlac). – Vivir la sexualidad sigue siendo un derecho negado o restringido para muchas personas en situación de discapacidad.
Entre mitos que las infantilizan, prejuicios que las consideran “asexuales” o “con sexualidad exacerbada” y silencios que, bajo apariencia de protección, limitan el acceso a información esencial, familias y especialistas coinciden en un punto: todavía cuesta hablar de sexualidad, cuidados y autonomía cuando se trata de niñas, niños, adolescentes y jóvenes con capacidades especiales.
Superar esas barreras fue el punto de partida del encuentro “¿Cómo hablamos de amor, cuidados y sexualidad en familias con personas en situación de discapacidad?”, celebrado el 7 de diciembre en Habana Espacios Creativos, a propósito del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, fijado en el calendario cada 3 de diciembre.
El encuentro, organizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en alianza con otras agencias del sistema de Naciones Unidas (ONU), instituciones, asociaciones y proyectos comunitarios, reunió a familias, educadores, especialistas de la salud, organizaciones de la sociedad civil y representantes del propio sistema ONU para compartir experiencias, desmontar prejuicios y acompañar desde el respeto.
Educar, incluir, transformar
Para la actriz Yamira Díaz, reconocida por su papel de la abuela de Rodo en la teleserie Las reglas de Rodo, transmitida actualmente por la televisión cubana, la experiencia frente a las cámaras también fue una lección fuera de ellas.
Como moderadora del intercambio, recordó que la serie —cuyo protagonista es un adolescente neurodivergente— colocó el tema del autismo en la pantalla y permitió mostrar que las familias con niñas, niños y adolescentes en situación de discapacidad enfrentan rutinas, cambios y desafíos, pero también descubren talentos y mundos interiores únicos.
“Lo ‘normal’ es un invento”, dijo. La ternura y el humor pueden convertirse en herramientas poderosas para acompañar, educar y hablar de temas sensibles como el autismo, la discapacidad, la sexualidad y los cuidados, añadió.
Con esa premisa coincidió Beatriz Roque Morales, directora nacional de Educación Especial del Ministerio de Educación (Mined), quien insistió en la importancia de reconocer y valorar las singularidades de cada persona. En su opinión, el camino hacia sociedades verdaderamente inclusivas no puede pensarse solo desde el beneficio que reciban quienes viven alguna situación de discapacidad, sino, fundamentalmente, desde su participación plena.

“Temas como los cuidados, la educación integral de la sexualidad y la atención a las necesidades específicas a lo largo de la vida deben estar en la mirada de todos los educadores y formadores”, afirmó Roque Morales.
“Cuando la inclusión es real, todos salimos ganando”, apuntó Sunny Guidotti, representante en funciones de Unicef en Cuba, y subrayó que no hay desarrollo sostenible sin la protección de todos los derechos de todas las personas para garantizar entornos seguros, respetuosos y sin discriminación.
Los derechos tienen una dimensión corporal y cotidiana, añadió Alanna Armitage, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) en México y directora de país para Cuba y República Dominicana.
Armitage destacó que, para las personas con habilidades diferentes, el derecho a la autonomía corporal —a decidir sobre su cuerpo, su sexualidad y su salud— es a menudo el más difícil de hablar y de alcanzar.
Por ello, garantizar el acceso a la educación integral de la sexualidad (EIS) es clave, dijo. “Cada persona, sin distinción, merece saber cómo funciona su cuerpo, cómo protegerse y cómo construir relaciones sanas”, refirió.
Desmontar prejuicios para proteger
La especialista en educación inclusiva de Unicef, Mayra García Cardentey, llamó la atención sobre una creencia frecuente: que la responsabilidad del cuidado y de la educación sexual recae solo en un integrante del hogar, usualmente mujeres. “Debería ser una responsabilidad compartida entre familia, instituciones, comunidad y Estado”, afirmó.
Desde Unfpa, la psicóloga Livia Quintana dirigió la mirada a la conexión entre cuidados, amor y sexualidad. Recordó que ambos campos “son inseparables desde la gestación misma” y que su abordaje debe ser continuo, organizado y sensible a las características de cada persona.
Para Quintana, educar en sexualidad implica más que brindar información; requiere desmontar prejuicios y estereotipos y comprender que las necesidades afectivas, corporales y relacionales de las personas con discapacidad evolucionan y deben ser atendidas con dignidad y respeto.
Un mito especialmente dañino fue señalado por Mirtha Leyva, especialista de educación inclusiva del Mined: creer que las personas con discapacidad no necesitan educación integral de la sexualidad.
“Es falso y peligroso. Ignorar este derecho aumenta el riesgo de violencia y refuerza la infantilización”, alertó.
La psicóloga Nadina Peñalver, especialista del Centro Nacional de Educación Sexual, recordó que el abuso sexual infantil afecta también —y en no pocos casos— a niñas, niños y adolescentes en situación de discapacidad. Explicó que persiste la falsa idea de que estos menores están “protegidos” por estar siempre acompañados, cuando la evidencia indica que la mayoría de las agresiones proviene de personas conocidas y cercanas al entorno familiar.
Peñalver subrayó la urgencia de trabajar, desde temprana edad, la privacidad del cuerpo, el consentimiento, los límites y las vías de comunicación seguras, así como de observar cualquier conducta inusual y actuar con prontitud.
Para Ania Díaz Sosa, madre de Liudmila, una adolescente con discapacidad intelectual, hablar de sexualidad implicó responder a dudas reales: la menstruación, el cuidado personal, la expresión del afecto.

“Las personas con discapacidad también tienen deseo, afectividad y derecho a vivir en pareja; la sociedad tiene mucho que aprender”, afirmó.
Por su parte Ivón Jones, madre de dos adolescentes con autismo, reconoció que acompañar este proceso “ha sido un gran reto” y destacó el apoyo de la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual (ACPDI), que le ha brindado herramientas prácticas y humanas para ajustar rutinas en casa y comprender mejor los desafíos que viven otras familias.
“La sexualidad no puede ser un tabú; hay que hablarla, acompañarla y educar también a la sociedad”, afirmó.
Desde la Escuela Especial Dora Alonso, la profesora Daniela Llanes, una mujer con autismo que ha logrado formarse y hoy acompaña a otras y otros desde la docencia, llamó a las familias a ser “potenciadoras, sin prejuicios”.
La joven, próxima a convertirse en madre, insistió en que cada persona —con o sin discapacidad— tiene derecho a un proyecto de vida propio, a una familia que lo apoye y a una educación sexual que respete sus ritmos y necesidades.
Cuando se confía en sus capacidades y se crean entornos de apoyo, las personas autistas pueden desarrollarse, decidir y participar plenamente, dijo.
Acompañar desde el conocimiento, el arte y la empatía
El especialista del Mined Pedro Luis Castro Alegret presentó la colección Discapacidad y sexualidad, materiales educativos diseñados para capacitar a familias y docentes de modo que puedan acompañar mejor a niñas, niños y adolescentes con discapacidad, en sus procesos de aprendizaje y desarrollo.

La colección, con especial atención a personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y discapacidad intelectual, confronta mitos como que “a las personas con autismo no les interesa la sexualidad” o que “la educación sexual incrementa conductas inapropiadas”, reafirmando el acceso a la EIS como derecho fundamental, dijo.
Desarrollada por un equipo multidisciplinario, la iniciativa ya se implementa en escuelas cubanas como parte de la preparación docente y su objetivo es promover una cultura inclusiva, sostuvo Alegret.
Libros como estos son vitales para familias y educadores, pero también para nosotros, los realizadores audiovisuales, afirmó Magda González Grau.
“Tenemos la responsabilidad de prepararnos bien para representar estas realidades con conocimiento y empatía, nunca desde la caricatura o el estereotipo”, dijo la directora de la serie Las reglas de Rodo.
González Grau compartió el proceso creativo detrás de la serie y explicó que el arte puede ser una herramienta poderosa para la educación.

“Decidimos hacer una comedia ligera, no una parodia, para que el tema llegara a todas las casas con una emoción positiva, sin dramatismo. A los cubanos les gusta reír y creemos que así se genera mayor sensibilidad”, sostuvo.
Destacó que “para la serie, todo el equipo se involucró en la investigación. Estudiamos el espectro autista, convivimos con familias y contamos con asesoría especializada. Ese proceso te cambia la mirada”, dijo.
El mayor premio, relató, llegó en la premier: “Un adolescente con autismo se me acercó y me preguntó: ‘¿Él [el personaje] se inspiró en mí? Porque yo soy igual’. Ese momento validó todo nuestro esfuerzo”.

La jornada incluyó talleres sobre amor, autocuidado, salud mental, deporte como herramienta para prevenir el abuso sexual, técnicas de relajación y actividades creativas para adolescentes y jóvenes.
Quienes asistieron disfrutaron, además, de la exposición Crianza: familias suecas y cubanas, una muestra de las fotógrafas Elin Berge y Yailén Ruz que refleja la diversidad de familias desde múltiples miradas: la crianza respetuosa, la lactancia, la paternidad responsable y la riqueza de la diversidad.

