La Habana, abril, (SEMlac). – La justicia reparadora no es una deuda del pasado, sino una tarea urgente del presente, coincidieron representantes de la sociedad civil cubana en el Foro Permanente sobre las Personas Afrodescendientes de las Naciones Unidas, celebrado del 14 al 17 de abril en Ginebra, Suiza.
Esta es una convicción que llevan décadas defendiendo desde los barrios, las aulas y las comunidades, trascendió en el cónclave celebrado en el marco del Segundo Decenio Internacional de los Afrodescendientes (2025-2034).
Para la socióloga y activista Yulexis Almeida Junco, “la posibilidad de escuchar las voces de nuestra gente negra no puede estar condicionada por los efectos acumulados del racismo sistémico basado en el acceso desigual a recursos, redes o capital social”, afirmó ante los asistentes a la cita.
La quinta sesión del foro convocó a activistas, juristas, académicos y representantes de la sociedad civil de todo el mundo, para revitalizar las agendas antirracistas globales.
Entre sus mandatos centrales figura la elaboración de una declaración internacional sobre los derechos de las personas afrodescendientes, con potencial impacto en las políticas y legislaciones de cada país. Los debates giraron en torno a la seguridad y calidad de vida de las personas negras, la justicia reparadora, el patrimonio cultural y el papel de las juventudes como agentes de cambio.
Cuba estuvo representada por un amplio espectro de la sociedad civil organizada: la Articulación Afrofeminista Cubana; la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, el Centro Martín Luther King, la Red de Educadores y Educadoras Populares; la Cátedra de Educación Antirracista de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona; el proyecto de desarrollo local Karibuni, enfocado en preservar la memoria histórica que une culturalmente a la nación caribeña con África; la Unión de Juristas de Cuba, la Red Barrial Afrodescendiente; la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Asociación Cubana de las Naciones Unidas (ACNU) y el proyecto de educación antirracista del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, entre diversas organizaciones.
Reparar desde la educación y la memoria
La profesora Luisa Martínez O’Farrill destacó la educación como vía de reparación y de reconstrucción de la herencia cultural, con foco en la educación antirracista que, en el caso de Cuba, alcanza no solo a la población afrodescendiente sino también a los pueblos originarios.
“Las reparaciones históricas en un mundo en crisis es también una tarea de la educación antirracista”, afirmó en un video divulgado en las plataformas de redes sociales de ONUCuba.
Almeida Junco, decana de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana y coordinadora de la Articulación Afrofeminista Cubana, describió el trabajo que despliega esa red autónoma de proyectos y activistas en los ámbitos comunitario, académico y de la sociedad civil.
Destacó que, pese a la brecha digital racializada que persiste, parte de sus activismos han logrado posicionarse en plataformas sociales, para producir contenidos antirracistas, visibilizar experiencias de discriminación, compartir saberes afrocentrados y conectar con movimientos afrodiaspóricos en América Latina y el Caribe.

Destacó, además, que la Articulación ha impulsado diálogos con instituciones estatales “aportando desde una mirada crítica y propositiva, recomendaciones y acciones concretas para avanzar hacia la justicia racial en el país”.
En su intervención ante el foro, hizo tres recomendaciones concretas: la creación de un observatorio global sobre el racismo, que fortalezca la capacidad del sistema internacional para prevenir, combatir y rendir cuentas; el establecimiento de un fondo internacional para garantizar la participación en foros como este de personas afrodescendientes en situación de vulnerabilidad; y mecanismos de solidaridad efectiva con poblaciones afrodescendientes afectadas por guerras, sanciones económicas y desplazamientos forzados.“Esta solidaridad no debe estar condicionada por afinidades políticas o ideológicas, sino guiada por el principio que promueve la dignidad humana y la protección colectiva de quienes enfrentan riesgos exacerbados”, subrayó.
Para Geydis Fundora Nevot, socióloga y directora de la filial cubana de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso Cuba), el foro fue ante todo un espacio para conectar agendas y reconocerse en preocupaciones comunes con mujeres afrodescendientes de otras latitudes.
Resaltó el intercambio con Stephanie Étienne, realizadora del documental Listen to Me, sobre las realidades diferenciadas del parto, el cuidado y la comunidad que viven las mujeres negras.

“Intercambiamos no solo desde la revictimización, sino también desde las herramientas que desarrollamos para fortalecer nuestra resiliencia, la educación y la sanación en el trabajo comunitario”, contó a SEMlac.También señaló como fructífero el panel sobre Salud y Derechos Afrodiaspóricos, donde se examinaron los vacíos en las estadísticas de salud por la reproducción de una perspectiva generalista, que no siempre conecta con el enfoque de determinantes sociales.
En el intercambio, recordó el trabajo que en Cuba lideran las doctoras Rosaida Ochoa y Patricia Varona en torno a salud, género y color de la piel, un proyecto que ha dado a mujeres afrodescendientes cubanas espacios de debate crítico.
“Anotamos varias recomendaciones que queremos hacer al Estado cubano, como sociedad civil, ante el letargo que ha tenido ese subprograma desde que se hizo el diagnóstico para pasar a acciones más concretas”, advirtió.
Fundora Nevot también destacó el consenso del foro sobre la centralidad del continente africano en la historia de la humanidad y la deuda que eso implica.
“África es el útero de la humanidad. Tenemos una deuda permanente con África porque sin ella no hubiese sido posible que estuviésemos hoy», reflexionó Fundora Nevot.
La activista dijo que uno de los mecanismos que perpetúa la dominación es la segmentación entre el “otro” y el “nosotros”, esa fractura artificial que el sistema de dominación ha utilizado históricamente para dividir y debilitar.
Como antídoto, reivindicó la filosofía africana del ubuntu, cuyo principio central se traduce como “yo soy porque nosotros somos”, una cosmovisión basada en la interconexión profunda entre individuos y comunidad, y que ofrece una perspectiva decolonial indispensable para resistir esa fragmentación.
“Ante un sistema de dominación que quiere dividirnos y polarizarnos, el ubuntu nos recuerda que es más grande lo que nos une”, subrayó.

Norma Goicochea Estenoz, presidenta de la ACNU Cuba, sumó a ese horizonte una demanda que considera también una forma de reparación: el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos, que afecta a toda la sociedad cubana, incluida su población afrodescendiente.
Que todas las partes de la sociedad civil cubana exijan el cese de esas sanciones sería una obra de reparación para la población afrodescendiente, afirmó.
En su declaración ante el foro, el capítulo cubano de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora pidió que las reparaciones sean dimensionadas, tomando en cuenta que los efectos de la trata trasatlántica y la esclavitud fueron diferenciados para las mujeres afrodescendientes.
Ellas siguen cargando una parte desproporcionada del sufrimiento histórico y sus consecuencias presentes. Reclamaron mecanismos para interpelar a los poderes transnacionales que se enriquecieron con esos crímenes.
La red denunció, además, que las amenazas de guerra y la crisis humanitaria derivada del impedimento de entrada de combustible a Cuba constituyen obstáculos concretos para que los más de dos millones de afrodescendientes que viven en el país puedan estar vivos para participar en la lucha por las reparaciones y tener acceso a ellas.

