Violencias machistas, ¿por qué alzamos la voz?

La Habana, junio (SEMlac).- Nombrar las violencias de género es, ante todo, un acto político que rompe con su naturalización, asegura la socióloga Clotilde Proveyer Cervantes, quien ha pasado la mayor parte de su vida profesional investigando esta sensible problemática y participando del activismo feminista en Cuba.

En su opinión, la visibilidad «desplaza el problema del ámbito privado al espacio público y colectivo, porque lo que no se nombra socialmente termina por no existir», precisa a SEMlac.

Doctora en ciencias y profesora titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Proveyer Cervantes coordina desde 2020 el Grupo asesor de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) para la atención y prevención de la violencia de género y ha insistido en la necesidad de mostrar el carácter estructural de las violencias machistas y el papel de la comunicación en su naturalización a nivel social.

¿Por qué es fundamental alzar la voz y nombrar las violencias de género en los espacios públicos y mediáticos?

Históricamente, estas violencias han sido minimizadas y consideradas privadas, de modo que visibilizarlas permite identificar patrones estructurales y comprender que la experiencia de una mujer no es un caso aislado.

Nombrar las violencias demuestra que se trata de un problema social, estructural e histórico, basado en desigualdades de poder que hunden sus raíces en el patriarcado. Así se rompe la lógica de la culpa individual, que beneficia al agresor y responsabiliza a la víctima, y se habilita la acción colectiva.

Cuando las mujeres escuchan otras voces e identifican experiencias comunes, se genera una conciencia compartida —por algo las redes de apoyo y los grupos de autoayuda adquieren tanta importancia. Esta comunicación funciona como una forma de alerta y de organización que, además, contribuye a que las instituciones se responsabilicen y actúen.

Es una primera manera de abrir la puerta para que el Estado y las instituciones empiecen a desarrollar políticas, protocolos y leyes; una acción institucional que, a la par, también recibe un estímulo desde la acción comunicativa.

Desde hace años defiendo la idea de que el lenguaje crea realidad. Por tanto, nombrar es reconocer y, al reconocer, se abre la puerta a la transformación. En aquel artículo que ustedes me publicaron hace unos 10 años, titulado precisamente «Nombrar lo innombrable…», señalaba que el lenguaje influye en nuestra percepción de la realidad y condiciona nuestro pensamiento.

El lenguaje, como construcción social e histórica, influye en nuestra visión del mundo. A través de él nombramos la realidad, le ponemos etiquetas, la interpretamos y la creamos simbólicamente.

De ahí que, si el lenguaje que usamos para describir y pautar las relaciones intergenéricas es sexista, discriminatorio y patriarcal, entonces contribuye a reproducir esas construcciones culturales que sustentan la inferioridad femenina, una de las vías idóneas para la naturalización y la legitimación de la violencia.

Por eso resulta tan importante poner en evidencia esa ilegitimidad y nombrarla como problema, porque esas prácticas violentas aparecen disfrazadas en el lenguaje de manera natural. Cuando las desmontamos y las nombramos, contribuimos a desmontar su aceptación cultural en el imaginario colectivo.

Nombrar la violencia, criticarla y denunciarla es imprescindible para que se comprenda que se trata de un problema social, político y cultural, y no de una tragedia personal.

¿Qué papel juega la comunicación feminista y crítica en transformar imaginarios sociales y romper el silencio en torno a estas violencias?

La comunicación feminista supone un reto para la comunicación tradicional, porque muestra y desmonta el discurso sexista que los medios tradicionales utilizan para legitimar y justificar la naturalización de la violencia. No solo informa, sino que disputa el sentido, cuestiona jerarquías y produce nuevos marcos interpretativos.

Medios de comunicación y feminismo
La comunicación feminista ayuda a posicionar a las mujeres como sujetos políticos y no como víctimas pasivas. Foto: Tomada de Diario La Razón

Esto lo consigue al desnaturalizar lo que se presenta como normal. Cuando denuncia el acoso callejero, la violencia de género en sus diferentes formas o la revictimización institucional que se normaliza en la vida cotidiana, contribuye a desmontar mitos, expone desigualdades de género y muestra la violencia como algo intolerable. Por tanto, cambia los marcos narrativos.

Antes, la mayoría de los medios tradicionales hablaban de «crimen pasional» cuando ocurría un femicidio. Cuando se muestran problemas de violencia, ya no se dice —porque no es políticamente correcto— aquello de «entre marido y mujer nadie se debe meter» o «es un problema de pareja»; ahora se habla de violencia patriarcal. Los medios se cuidan más de decir «ella lo provocó» y, en cambio, señalan al agresor y a las instituciones patriarcales.

Esos marcos narrativos cambian y quien define el marco narrativo, define la interpretación social. La comunicación crítica feminista produce representaciones alternativas de las mujeres como sujetos políticos y no como víctimas pasivas; rompe el silencio mediático que los medios tradicionales han reproducido mediante estereotipos y la minimización de la violencia. Las redes sociales, las campañas y los podcasts amplifican esas voces antes marginadas.

¿Cómo contribuye la visibilidad a generar conciencia colectiva y a impulsar cambios culturales y legales?

Se trata del primer paso de un proceso de transformación social que va del reconocimiento del problema al cambio cultural, a la generación de conciencia y, después, a las acciones institucionales y legales.

No creo que la comunicación lo haga sola; también lo hace la acción organizada de las mujeres feministas, de los grupos sociales, de las profesionales y de los actores sociales comunitarios. Pero, sin dudas, la comunicación crítica feminista contribuye de manera importantísima a generar conciencia colectiva y a lograr todos esos pasos en el proceso de transformación social.

¿Por qué? Porque ayuda a que la sociedad identifique la violencia como un problema estructural, a través de la difusión de datos, estadísticas, testimonios y de la información que aportan los observatorios.

De este modo, va ayudando a generar conciencia colectiva, y la conciencia colectiva es la base para la transformación y para los cambios culturales. Esto contribuye a desafiar los roles de género y las relaciones de poder que antes estuvieron naturalizadas e invisibilizadas. En ese sentido, la comunicación abre caminos y contribuye a las transformaciones legales e institucionales, porque habilita transformaciones profundas.

En el caso de Cuba, la comunicación feminista abre camino a esas transformaciones legales y no es solo la de medios como SEMlac, que ha tenido un rol extraordinariamente importante en todo esto que he explicado, porque se hace eco de las portavoces de los grupos de mujeres, de las instituciones, de las organizaciones no gubernamentales y de lo que hace la academia para desmitificar y desmontar las narrativas tradicionales de la violencia, para nombrarla y denunciarla.

Estamos en un momento diferente al de hace 10 años. Ya tenemos visibilizada la violencia en la Constitución. La tenemos en el Plan Nacional y en las nuevas normas legales, y contamos con servicios que están en proceso de implementación.

Pero el diseño de políticas no ha sido espontáneo: ha sido el resultado de un proceso acompañado por una voluntad política, pero esa política se ha visto impulsada y compulsada, precisamente, por el movimiento que nace de los actores sociales, del movimiento de mujeres y de la actividad feminista, con la FMC a la cabeza.

En su opinión, ¿qué aprendizajes deja el espacio «Alcemos la voz» en la construcción de narrativas que dignifiquen a las mujeres y fortalezcan sus derechos?

Espacios como «Alcemos la voz», el voluntariado contra la violencia y la comunicación permanente son muy importantes, no solo porque contribuyen a crear contenido, sino también porque ayudan a construir un territorio simbólico donde las mujeres pueden narrarse desde la dignidad, la autonomía y la complejidad.

Podcast Alcemos la voz
«Alcemos la voz» ha contribuido a construir un territorio simbólico donde las mujeres pueden narrarse desde la dignidad, la autonomía y la complejidad. Fotos: SEMlac Cuba

Generan aprendizajes profundos, tanto para quienes producen esos espacios como para quienes los escuchan. Crear un pódcast o un espacio comunicativo permite comprender que no se trata solo de un medio, sino de un acto político. Aquí la comunicación reivindica la presencia de las mujeres en los medios de comunicación, desestabiliza ese mandato histórico de silencio y permite narrar experiencias desde una mirada crítica feminista.

De manera que proyectos como este contribuyen a transformar la subjetividad, lo social y lo comunitario; reconocen la resistencia y la importancia de darles voz a las mujeres, de hacer un relato diferente que se sale de la comodidad de los medios tradicionales.

Además, producen contenidos no para moldear los imaginarios tradicionales y patriarcales, sino para identificar los estereotipos, desmontar esas narrativas y contribuir al cambio cultural que necesitamos.

Ese cambio nos permite una comunicación no solo desde los medios feministas, sino que reivindique la equidad de género, la cultura de los derechos y la postura no patriarcal a nivel social; una comunicación que se convierta en motor para el cambio cultural.

Alcemos la voz

Desde julio de 2023, el espacio de SEMlac Cuba «Alcemos la voz», en alianza con la Embajada de los Países Bajos en La Habana, ha visibilizado las violencias machistas desde la comunicación a través de su sitio web y sus plataformas de redes sociales, con un énfasis especial en los «días naranjas», los 25 de cada mes.

Sus principales herramientas: entrevistas, un pódcast homónimo y carruseles de redes sociales que han dado a conocer criterios de especialistas y activistas, para dialogar sobre las causas de la violencia, sus manifestaciones y las estrategias para enfrentarla.

Entre muchos temas, durante tres años, el espacio ha abordado las diferentes expresiones de las violencias machistas, la actualización legislativa en Cuba, las redes de apoyo y la importancia de reconocer y denunciar las violencias. Con ello, se consolida un espacio de reflexión y diálogo informado sobre equidad de género y justicia social.

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