El psicodrama feminista en América Latina representa una confluencia de prácticas educativas, terapéuticas y de activismo político para explorar y desafiar las estructuras de poder que afectan a las mujeres en la región.

Esta modalidad de psicodrama se nutre de la rica tradición del feminismo latinoamericano, que ha luchado contra la colonialidad del poder y la opresión de género, raza y clase. Se trata, por tanto, de una herramienta poderosa para la emancipación y el empoderamiento de las mujeres, así como para la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Mediante la dramatización y la catarsis, busca no solo la sanación individual, sino también la transformación social, alentando a las participantes a reimaginar y reconstruir sus realidades. En este contexto, las mujeres encuentran un espacio seguro para dar voz a sus experiencias, denunciar la violencia y la discriminación, y forjar solidaridades que trascienden fronteras culturales y nacionales.

“El psicodrama feminista, en el contexto de la lucha política, social y feminista por un mundo mejor, con justicia, derechos humanos y posibilidades para todas y todos, y con la vista hacia una sociedad socialista, adquiere un carácter de compromiso social, solidaridad, alegría y creatividad para entregarse a la causa de apoyar a las mujeres”, reflexiona la psicóloga e investigadora suiza Ursula Hauser en el prólogo del libro Nuestro túnel del tiempo. Memorias de seis Encuentros de Psicodrama Feminista1.

Hauser, con amplia experiencia sobre el tratamiento de la violencia de género mediante el psicodrama feminista, considera que, con su enfoque histórico y su intención de fortalecer a las mujeres, ha demostrado ser un recurso esencial para el cambio individual y colectivo.

“El psicodrama puede ser un gran aporte, a nivel de la educación popular, salud comunitaria, organización de mujeres e instituciones, en el ambiente de trabajo”, afirma.

Por tanto, llevarlo a las comunidades y diferentes poblaciones puede ayudar al “saneamiento” de las huellas de la guerra y de la violencia en contra de las mujeres, las niñas y los niños, como se ha demostrado en varios Encuentros de Psicodrama Feminista realizados en los últimos años, el último de los cuales se realizó en La Habana, a fines de marzo de 2024.

La mayoría de las compañeras que participan en estos encuentros, provenientes sobre todo de Centroamérica, han tenido grandes pérdidas familiares durante los conflictos armados en la región. Varias de ellas dieron a luz a sus hijos durante la guerra, bajo la lluvia, en el campo, a la intemperie. Todas han estado en procesos de psicodrama, que les han ayudado a superar sus pérdidas familiares (muertes), el rechazo de sus hijos o las consecuencias de la violencia.

Para estas mujeres también ha sido una manera de formarse como feministas, a partir de procesar un evento traumático en su juventud, por el que se sintieron censuradas o experimentaron los prejuicios sexuales, la violencia psicológica y la falta de derechos para decidir por sí mismas.

El psicodrama trata de reelaborar el dolor y sacar la rabia que ha provocado la injusticia y la violencia. Siempre es voluntario: no puede ser impuesto, por ejemplo, si se trabaja con mujeres violentadas, para no perpetuar otra vez la violencia.

También implica un fortalecimiento de los espacios colectivos; permite trabajar conflictos desde adentro y no desde afuera, lo cual permite preguntar dónde está la raíz del problema, del dolor. Se puede trabajar de forma distinta, sin que medie la violencia, para ver cuál es la historia que se ha dejado atrás. Es una herramienta que parte de reconocer “que no estoy sola” y cuestiona viejos modelos de poder hegemónico.

Durante los encuentros realizados se han podido constatar los atroces efectos de la violencia sexual para las mujeres participantes: silencio, culpa, rechazo social, riesgo de ser víctima de nuevas violaciones, efectos en la memoria histórica, hijos producto de la violación, reproducción de la violencia de género.

Como ganancia subjetiva o espiritual se logra la unión entre mujeres, el tránsito de ser víctimas a ser actoras, a caminar juntas, a aunar esperanzas.

¿Cómo se producen las reflexiones?

El grupo enfoca sus conclusiones en el abordaje del tema de violencia y el abuso, así como en la reflexión sobre los límites, a partir de las siguientes ideas o premisas:

En el caso del abuso y la violencia

– La revictimización no permite avanzar.

– Hay que trabajar desde el lugar de sobrevivientes y no de víctima.

– Aprender desde nuestras historias de mujeres.

– Preguntarse cuál es el límite.

– Comprender cuándo y cómo abrir a historias de violencia.

– Reconocer cuando NO se puede contener una escena de violencia o abuso. En los casos de dolor y somatización, se analizan las ideas o sentimientos siguientes:

La culpa

Las responsabilidades

Los sometimientos

La dominación patriarcal

Lo que pienso no es lo mismo que hago en la sociedad machista.

La salud se paraliza por los problemas

La necesidad de liberar la cabeza, libera el cuerpo

La somatización puede llegar a matar.

No sentir placer /servir sexualmente

Como propuestas de cambio, se promueven los siguientes mensajes:

– Cambiar de rol, no reafirmar roles.

– Concretización.

– Procesos de formación en psicodrama.

– Capacitación a hombres y mujeres.

– Autocuidado.

– Hacer conciencia.

– Empezar desde niñas.

– El psicodrama como herramienta que garantiza la reconexión con el cuerpo.

– Transformarnos nosotras.

Las historias y la visión sobre los contenidos

El análisis sobre los temas determinará el enfoque de las escenas. Por ejemplo, en el tema de la violencia, se enseña a no revictimizar desde el rol de víctima, sino a mirar al victimario para darle la responsabilidad que tiene y promover la fortaleza de la mujer como sobreviviente.

El abuso rompe con los límites de las mujeres. Por lo tanto, es importante tenerlas bien claras en el psicodrama y establecer y sostener un encuadre acorde al tema, al grupo y a las propias capacidades como directora del ejercicio.
El psicodrama se hace con el cuerpo en acción. El cuerpo de la mujer ha sido un territorio ocupado por mandatos y prejuicios; enajenado para ellas mismas, sobre todo en la parte del placer y la autodeterminación. Este cuerpo manifiesta dolor, enfermedades somáticas, por lo cual el psicodrama como herramienta corporal significa volver a apropiarse del cuerpo, recuperar este territorio, el placer, conocerlo. En este contexto se coloca el tema “maternidad” como clave para las mujeres.

Una visión feminista sobre los contenidos se ve también reflejado en el tema del perdón. Esta acción, interiorizada por muchas y relacionada estrechamente a un pensamiento religioso, reprime la rabia, genera culpa en las mujeres y absuelve de responsabilidad a los agresores. Para poder liberarse de los daños, es necesario nombrarlos.

Vemos al psicodrama como opción que fortalece la organización de mujeres, pues tiene el fin de empoderamiento para la transformación de las relaciones de injusticia. Esto implica el desafío de no repetir esquemas de poder en las organizaciones y redes propias; y de promover la autonomía personal y colectiva como manera de no seguir en el triángulo de roles: víctima – victimaria – salvadora.

“La utopía de que otro mundo es posible se realiza con mujeres y hombres que sepan que son protagonistas de sus vidas y que formen parte de su grupo de comunidad, organización, familia”, asevera Hauser.

“¡Somos semillas de maíz, aves migratorias, arañas incansables para tejer la red humana y social que nos permita ser más felices!”.

1 Colectivo de autoras de la red Psicodrama SUR-SUR (2024). Editorial CEDEM: La Habana.

Escuche nuestro podcast dedicado al VII Encuentro de Psicodrama Feminista

 

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