Hombres trans: denunciar las violencias y actuar frente a ellas

La realidad de los hombres trans en Cuba está marcada por múltiples formas de violencia y discriminación que atraviesan su vida familiar, las relaciones sociales y laborales y el disfrute pleno de sus derechos. El debate “Hombre trans: denunciar las violencias y actuar frente a ellas”, aborda algunas de las formas de maltrato que sufre la comunidad trans masculina en el país y resalta el valor de la acción colectiva, el acompañamiento de pares y el activismo. En sus reflexiones, los activistas Alexis Nadhir, Dany Ortiz y Malik Reyes Núñez no solo denuncian las violencias y barreras que persisten, también reivindican el camino recorrido, la dignidad, la resiliencia y la fuerza de una comunidad que lucha por vivir con respeto y justicia.

¿Cuáles son las principales violencias que afectan a los hombres trans?

Alexis Nadhir: He sido partícipe de muchas charlas y conversaciones respecto a este tema y creo que las violencias más sufridas pudieran enumerarse en el siguiente orden: intrafamiliar, en el ámbito social y laboral y violencia en la atención médica.

La familia es casi siempre el primer espacio en el cual se sufre discriminación. Allí es donde primero se “sale del clóset” y damos a conocer nuestra identidad de género y orientación sexual. He escuchado casos en los que el rechazo, la negación y la transfobia son más sutiles y otros donde madres o padres desean la muerte del hijo antes que aceptarlo como persona trans. Incluso, muchachos trans han sufrido tales amenazas y agresiones que han acudido a la policía por temor. Muchos nos hemos visto obligados a cortar lazos familiares para cuidar nuestro bienestar psicológico, emocional y físico.

En el ámbito laboral, y de manera general en los espacios sociales, aparecen formas de transfobia relacionadas con el no respeto a nuestra identidad. Por ejemplo, no se usa el pronombre masculino o se nos llama de manera intencional con el nombre femenino; además, se nos exige vestir acorde al género asignado al nacer, entre otras formas de discriminación y maltrato.

Por último, en el ámbito de la salud y la atención médica, se repiten las mismas formas de violencia laboral o social y existen otras expresiones específicas; en particular en las consultas ginecológicas. Si bien para una mujer cis puede ser incómodo asistir a estas consultas, para un hombre trans es un auténtico infierno: la vergüenza se torna bochorno y angustia emocional por la disforia. A esto se le suma el trato insensible del personal especializado, en particular durante los exámenes físicos.

Dany Ortiz: Desde nuestra realidad, como comunidad trans cubana, hay violencias que se entrecruzan, como la violencia institucional y la estructural, por ejemplo. La falta de reconocimiento legal de nuestra identidad de género —pese a los avances que se han dado en los últimos años— nos expone a diario a situaciones de invalidación y maltrato.

Por ejemplo, la violencia médica y patologizante. Aún prevalecen el desconocimiento y el desinterés, en el sistema de salud, en relación con nuestra atención integral, especialmente en salud ginecológica y las cirugías afirmativas, como las mastectomías. Persiste la curiosidad invasiva, la negación de atención en servicios supuestamente «femeninos» o la obligación de asistir a ellos.

La falta de acceso a tratamientos hormonales en ciertas provincias del país, sin hablar de las cirugías afirmativas, constituye una barrera violenta para nuestra autonomía corporal y el disfrute pleno de la salud y la sexualidad como un derecho.

El rechazo familiar, la expulsión del hogar y la incomprensión son comunes, sobre todo al inicio de la transición. En la comunidad sufrimos acoso callejero, comentarios despectivos y cuestionamiento constante de nuestra masculinidad. La hipersexualización y el fetichismo también son formas de violencia que sufrimos.

La discriminación laboral nos limita y, a veces, nos obliga a aceptar trabajos precarios o informales. La dependencia económica puede forzarnos a permanecer en entornos familiares hostiles. Los hombres trans negros, de zonas rurales o con menos recursos enfrentan mayores barreras.

La invisibilidad de nuestra comunidad en los discursos públicos, en campañas de salud y en estadísticas es una forma de violencia. Como también lo es la representación casi nula o distorsionada en los medios de comunicación.

De manera general, en Cuba el machismo nos afecta doblemente: por transgredir el género asignado y por «renunciar» a los supuestos privilegios de la feminidad en una sociedad patriarcal. Además, existe presión dentro de la comunidad para asumir una masculinidad hegemónica, si queremos ser validados como hombres.

Malik Reyes Núñez: La violencia comienza desde el momento en que uno de nuestros derechos no es respetado. Somos trans y somos seres humanos, merecemos una vida digna como todas las demás personas. Merecemos trabajo digno, estudio y oportunidades de crecimiento, como cualquier otra persona. Que se nos niegue trabajar en algunos lugares, que nos maltraten en nuestra comunidad y que seamos mal vistos son algunas de las tantas violencias que ejerce la sociedad sobre nosotros.

 Frente a las violencias que sufren ¿cómo les ayudan los grupos de pares y el activismo?

AN: Dadas las dificultades a las que nos enfrentamos, tener una comunidad y activismo que nos respalde lo es todo. En la comunidad tenemos un lugar seguro, apoyo, acompañamiento, comprensión y una nueva familia. El grupo es donde nos desahogamos, planteamos preocupaciones y aclaramos dudas.  El activismo es nuestro escudo y nuestro espejo, es la forma que tenemos de lograr visibilidad, sensibilización y de luchar por nuestros derechos. 

DO: Los grupos de pares son un pilar de supervivencia y resiliencia. En el Grupo Trans Masculinos de Cuba brindamos un espacio seguro, donde no hay que explicarse ni justificarse. Compartimos experiencias, estrategias para enfrentar a la familia, el sistema de salud o trámites legales; incluso acompañamos físicamente a personas a consultas médicas o notarías para mediar y reducir la violencia institucional.  También socializamos conocimientos sobre salud trans —como los efectos de las hormonas y formas de autocuidado—, derechos, procedimientos legales, etc.

La información es poder y nos hace menos vulnerables ante profesionales desinformados. Documentamos casos y presionamos para cambios en protocolos de salud. Como colectivo, tenemos más fuerza para visibilizar patrones de violencia y dialogar con instituciones, como el Ministerio de Salud Pública, el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y autoridades locales.

El activismo convierte el malestar personal en una demanda política colectiva. Ayudamos a deconstruir la idea de que estamos «enfermos» o «equivocados». Fortalecemos el orgullo trans. Creamos redes de apoyo emocional y material. Esto es crucial en una sociedad donde el aislamiento puede ser mortal. Damos talleres a profesionales de la salud y maestros, para reducir la discriminación desde las instituciones. Educamos a nuestras propias familias, a través de espacios de diálogo.

MRN: Los grupos y el activismo son una fuente de apoyo esencial para la comunidad trans masculina. No es un secreto para nadie que muchos, al ser rechazados por su familia y amigos, se quedan solos; para ellos es vital saber que existen otras personas que los apoyan y dan amor. Creo que la existencia de grupos de pares reduce el suicidio en la comunidad

En la Cuba de hoy ¿qué fortalezas y desafíos identificas en el pleno disfrute de los derechos sexuales y reproductivos de tu comunidad?

 AN: Considero que pertenezco a dos comunidades: la gay y la trans. Y si bien la comunidad gay sí ha logrado muchos avances, no pudiera decir lo mismo de la comunidad trans. Yo mismo ya tengo un hijo biológico y quisiera poder hacerme la ligadura de trompas para no tener que preocuparme por mi fertilidad, o mejor, que la situación con el tratamiento hormonal fuera estable y poder acceder a una histerectomía, para librarme de todo lo relativo al ciclo hormonal de los estrógenos. 

Pero sabemos cómo es eso. Así que, si bien hemos avanzado mucho en otros aspectos, en este aún nos falta prácticamente todo por lograr.

DO: Entre las fortalezas, identifico la existencia de una voluntad política expresada en el Código de las Familias y Decretos-Leyes sobre identidad de género, que brindan un piso jurídico para reclamar nuestros derechos. También el trabajo del Cenesex, a pesar de las críticas, que ha sido bueno para abrir debates y ofrecer atención especializada.

El sistema de salud público cubano es gratuito y esto es importante. En teoría, la atención hormonal y quirúrgica debería ser accesible sin costo, lo que es un privilegio comparado con otros países de la región; pero hay que tener en cuenta que el acceso a cirugías aún no lo tenemos protocolizado.

Contamos con aliados y redes de activismo que apoyan nuestras demandas. La lucha por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres abre puertas para incluir nuestras necesidades específicas; por eso apoyamos los movimientos feministas. 

Pero las fortalezas también presentan desafíos. Por ejemplo: las brechas entre lo que dicta la norma y la práctica; los procedimientos para cambio de nombre y sexo legal siguen siendo lentos, subjetivos y a veces patologizantes. 

La salud sexual y reproductiva con perspectiva trans masculina es el mayor desafío que tenemos. No hay guías clínicas nacionales para la atención ginecológica de hombres trans que sean respetuosas y afirmativas.

Aunque el Código de las Familias lo ampara, no está claro el acceso a la preservación de óvulos antes de la hormonación, ni a técnicas de reproducción asistida para hombres trans con capacidad de gestar que deseen ser padres. Por tanto, si un hombre trans gesta, enfrenta un sistema de salud que lo tratará como una mujer embarazada, con altísima probabilidad de violencia obstétrica transfóbica.

La gran mayoría del personal de salud desconoce nuestra existencia y necesidades: el desconocimiento va desde cómo administrar testosterona hasta cómo atender un cáncer de mama o próstata en nuestros cuerpos.

Ya he mencionado el estigma social y familiar y la falta de estadísticas como formas de violencia y que también son desafíos que frenan. En el caso de la ausencia de datos, impide diseñar políticas públicas basadas en evidencia.

En conclusión, en Cuba tenemos un marco político y legal favorable que es una gran fortaleza, pero choca contra una realidad institucional rígida, una burocracia lenta y un patriarcado muy arraigado. Todo esto dificulta el pleno disfrute de nuestros derechos. Nuestro activismo se enfoca entonces en cerrar esa brecha, en hacer visibles estas contradicciones y trabajar presionando a las instituciones para que las leyes y principios se conviertan en prácticas cotidianas de respeto y dignidad para todos los hombres trans.

MRN: Creo que uno de nuestros mayores desafíos está en lograr una atención médica libre de estigma y discriminación. Somos hombres trans que debemos acudir al ginecólogo y al endocrino. El respeto en ese aspecto, por parte del personal médico, es de suma importancia.  Que respeten nuestros pronombres y nos hagan sentir cómodos en dicha consultas es vital para nosotros.

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