El humor inteligente, una herramienta para prevenir las violencias

La Habana, diciembre (SEMlac).- En un contexto donde el humor es a la vez espejo crítico y herramienta social, ¿puede la risa convertirse en aliada para desmontar estereotipos de género y prevenir la violencia?

Desde la experiencia cubana, especialistas señalan que el humor no solo cuestiona, sino que ilumina zonas ocultas del discurso cotidiano, aunque tropiece con la incomprensión institucional.

En opinión del actor, dramaturgo y humorista cubano Luis Enrique Amador (Kike) Quiñones, “el humor tiene ese aderezo especial, ese aliño que muchas veces no encontramos en otras maneras de representar y que llega con mucha facilidad a los públicos”.

Actualmente decano de la facultad de Arte Teatral de la Universidad de las Artes en Cuba, Kike Quiñones fue durante varios años director del Centro Promotor del Humor y defiende el poder transformador del humor, sin desconocer sus límites, para la construcción de una sociedad más democrática.

¿Cómo puede el humor reforzar o cuestionar estereotipos de género? ¿Ha identificado ejemplos en los que se utilice como herramienta de discriminación o exclusión?

Creo que primero habría que preguntarse cómo se entiende el humor cuando trata los temas de género desde su perspectiva. Hay muchas maneras en que el humor aborda los temas de género y los estereotipos que no siempre son comprendidas, porque se asumen como burla o como una manera de discriminar.

El humor -por lo menos el contemporáneo, nuestro humor actual- siempre ha funcionado como un cuestionamiento directo a estereotipos desde diferentes maneras de representarlos, que en muchos casos han sido malentendidas, incluso por los públicos.

Porque siempre se asume el humor, quizá por esa propia característica de los cubanos, como parte del «choteo», pero el choteo también tiene maneras de acercarse a los problemas medulares de la sociedad desde su visión. Entonces, cuando no se comprende esa función del humor, se tiende a minimizar la visión crítica que puede ofrecer sobre diferentes fenómenos.

Esto no pasa solo con los temas de género y comprenderlo es una necesidad fundamental, porque el humor sigue siendo una herramienta clave para arrojar luz sobre problemas sociales que incluyen la discriminación de género, la violencia y la visión general que se tiene sobre estos asuntos. Pero reitero: hay una visión epidérmica de lo que en esa materia el humor puede mostrarnos, de las sombras que en esos campos maneja la sociedad.

Por eso es importante, primero, entender los mecanismos de los que se sirve el humor para poder mostrar esa otra cara de la sociedad. En la medida en que se comprendan esas maneras y esos mecanismos, entenderemos por qué va muchas veces a zonas casi eliminadas del discurso diario de los cubanos y que solo se asumen con seriedad cuando se tratan desde una institución oficial.

Sin embargo, hay varios ejemplos donde el humor ha reflejado la importancia de la mujer, de la igualdad de género; donde denuncia cuando se maltrata a las personas o a un sector de la sociedad, por estas cuestiones.

Uno concreto puede ser cuando se representa un sketch como «Sublime inocencia», donde Pagola la paga y Osvaldo Doimeadiós representan a mujeres y, dentro de esas caracterizaciones, aparecen mujeres maltratadas o discriminadas. Y también la manera en que el humor ha reflejado, por ejemplo, los sentimientos, las frustraciones y las vejaciones que ha sufrido la población LGTBQ+.

¿Qué posibilidades ofrece el humor para cuestionar y desarmar discursos machistas o violentos?

El humor siempre es cuestionador y todo el tiempo desarma esos discursos. Hay que decir que, en cuanto a desacralizar la visión del hombre machista, del hombre empoderado que se cree superior a la mujer, hemos sido también vanguardistas, aunque no siempre comprendidos. En ese sentido, ofrece un abanico de posibilidades y sirve como plataforma de denuncia de procesos machistas, discriminatorios y ofensivos con respecto a las mujeres.

El humor ha trabajado el transformismo, por ejemplo, como ninguna otra variante de la creación escénica. Sin embargo, esto ha sido visto, por momentos, como una suplantación del rol de la mujer dentro de la propia creación humorística, aunque ha sido realmente una necesidad porque no siempre abundan las mujeres humoristas.

 
 
Transformismos: Osvaldo Doimeadios en la obra teatral “El Decameron”
El transformismo humorístico, más que una suplantación, ha sido históricamente una plataforma para representar, denunciar y reivindicar la presencia de la mujer en la sociedad cubana, en opinión de Quiñones. En la foto, Osvaldo Doimeadios en la obra teatral “El Decameron”. Foto: Tomada de Cubadebate

¿Dónde trazar la línea entre libertad creativa y responsabilidad social del humor y los humoristas?

Como todas las artes creativas, el humor tiene límites. Para ser humorista hay que tener un sentido pleno de la libertad creativa, por supuesto; pero también asumir esos límites, definidos a partir de las necesidades sociales y de cómo impacta lo que se hace en las otras personas. Cuando usted respeta al otro y es capaz de entender que ese otro puede sentirse dañado o agredido, usted está poniendo límites sin renunciar a la libertad. Eso es importante.

Depende, sobre todo, de la inteligencia del creador; de su sagacidad para proponer y enjuiciar su entorno, sin renunciar a su libertad creativa. Por supuesto, eso lleva una dosis muy alta de inteligencia, elaboración, estudio. Como expresó en algún momento el investigador puertorriqueño Luis Muñiz, requiere de una especie de arqueología del presente, porque el contexto siempre determinará cómo yo trato un tema, cómo yo abordo una situación determinada.

Entonces, esa libertad creativa está delimitada de alguna manera por la responsabilidad que el autor o el creador tiene con la sociedad.

El humor arroja luz sobre fenómenos que nos circundan, nos muestra ante los ojos lo que la cotidianidad nos esconde, y eso es una responsabilidad muy grande, porque la gente cree y confía en lo que denuncia el humorista. Se necesita el tino necesario para saber cómo llevar los hilos y cómo dosificar todo ese trabajo.

¿Qué estrategias permitirían que el humor contribuya a la educación en igualdad y prevención de la violencia de género?

Habría que pensar primero en una educación a nivel social que no solo hable de lo que nosotros, como creadores, podamos transmitir; sino también de lo que se puede aprender en ese ir y venir de las relaciones sociales, del respeto por los demás, del respeto por las profesiones, de la preparación y de lo que somos capaces de elaborar en función de un discurso determinado y de diferentes procesos que tienen lugar a nivel social.

Por eso, más que hablar de estrategias, deberíamos hablar de un proceso que eduque a toda la sociedad, donde están incluidos también los humoristas, y que permita servirnos del humor para ayudar a prevenir la violencia de género.

La risa tiene un poder sanador y un poder comunicativo muy importante.
La risa tiene un poder sanador y un poder comunicativo muy importante, considera Quiñones. Foto: Tomada de La mente es maravillosa

Hoy ya no se ve de igual manera en escena lo que se veía en los años ochenta o setenta; se han dado pasos en ese sentido y habrá que seguir trabajando para lograr entendernos con todos los matices que implican las relaciones sociales y con los que las personas son capaces de analizar por qué se habla de determinado tema desde el humor y por qué se ve con un prisma determinado.

Normalmente se tiende a enjuiciar la visión del humor porque pasa por la risa, pero esa risa no es vacía, sino reflexiva; tiene un poder sanador y un poder comunicativo muy importante, que puede llegar a muchas personas. Servirnos de esa posibilidad puede ayudar a prevenir la violencia de género, pero también a entender los procesos y los mecanismos de los que se sirve el humor para llegar a las personas y mostrarnos los diferentes fenómenos que afloran a nivel social.

¿Qué rol deberían tener los medios de comunicación y las instituciones culturales en promover un humor que prevenga la violencia y la discriminación?

Los medios tienen que entender la importancia que tiene el humor para el pueblo cubano y su poder extraordinario para comunicar problemas que nos afectan y nos son comunes.

Sinceramente, habría que ir más allá de los problemas de género y pensar el humor como una necesidad, como un potencial ilimitado para hablar de todos los problemas que nos aquejan a nivel social, incluyendo la violencia y las discriminaciones de todo tipo.

Desgraciadamente, eso no se comprende. En diferentes instituciones culturales y medios de comunicación se suele ver al humor con cierto desdén y desde una mirada bastante esquiva sobre lo que puede aportar a todos estos procesos.

Es una situación que no creo que tenga una solución inmediata, porque quienes deben decidir no comprenden muchas veces por qué el humor aborda las cosas como lo hace, y ese es un problema grave hoy en Cuba. Los decisores muchas veces no saben y ese desconocimiento e incomprensión con respecto a sus mecanismos dificulta enormemente que el humor se inserte en los medios y funcione como debería.

No puede haber algo tan perseguido y censurado, para decirlo con las palabras que son y, al mismo tiempo, pretender que funcione. Los medios tienden a limitar, censurar y cuestionar las propuestas humorísticas, que siempre resultan más interesantes que el drama, pues este refleja lo que vivimos a diario, mientras que el humor lo hace de un modo especial, y así lo recibe también el público.

En ese sentido, hoy las instituciones tendrían que sanar mucho, hay que alfabetizar mucho, porque hay falta de profundidad en los análisis con respecto a la función del humor y los temas que aborda. Hay una visión epidérmica de su impacto y eso limita lo que pudieran aportar los humoristas en función del mejoramiento de la sociedad en sentido general, incluyendo la prevención de la violencia y la discriminación.

Haría falta un estudio profundo hacia el interior de las instituciones, primero, y saber hasta dónde están preparadas las personas que deciden qué va a los medios y qué no; qué se trata en los medios y qué no; qué es factible y qué no, para entonces trazar estrategias y otras acciones que hoy están mucho más allá de lo que son capaces de ver los decisores dentro de esas instituciones.

En principio, habría que comprender cuáles son los mecanismos que utiliza el humor y cómo aportan estos mecanismos a asuntos tan sensibles como la discriminación de género, la violencia y todo lo que, incluso en materia política, el humor es capaz de generar con un sentido agudo del análisis y con el olfato que tienen los creadores humorísticos.

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