La Habana, agosto (Especial de SEMlac).- Análisis especializados y testimonios coinciden: Cuba enfrenta una crisis profunda con altos costos humanitarios, pero no todas las personas ni todas las mujeres llegan en igualdad de condiciones a este escenario.
“Si bien es cierto que la policrisis de hoy afecta a una gran parte de la población cubana, en este caso conviene evitar generalizaciones. Las mujeres afrodescendientes no sufren problemas completamente distintos, pero investigaciones y la experiencia comunitaria muestran que los suyos suelen verse agravados por desigualdades históricas y estructurales, que se suman a las dificultades económicas que afectan al conjunto de la población”, dice a SEMlac Magia López, artista y afrofeminista cubana.
La cantante, poeta y compositora mira la realidad cubana no solo desde una perspectiva de justicia social, comunitaria y feminista; se preocupa también por los impactos diferenciados de la crisis según el color de la piel.

Estudios en Cuba muestran que la pobreza tiene rostro de mujer negra y la doctora Danay Veranes Hodge puede ponerles nombre y número de historia clínica. Por eso se pregunta cómo ellas enfrentarán enfermedades como la diabetes y la hipertensión, que tienen una amplia incidencia en las cubanas y para las cuales hoy día es muy difícil contar con tratamientos estableces y accesibles.
Los casos que más le impactaron a Veranes Hodge en su trabajo como doctora comunitaria en el barrio La Güinera, en el municipio Diez de Octubre de la capital cubana, corresponden a mujeres negras y pobres: una adolescente embarazada que ocultó su gestación, una madre migrante con cuatro hijos que perdió una bebé recién nacida, son historias que recuerda con dolor.
“Por ejemplo, sabemos que las personas negras padecen un tipo específico de anemia, que es la anemia de células falciformes o sicklemia, como también se le conoce. ¿Cómo esas mujeres tratarán este trastorno genético hereditario sin los medicamentos y con las dificultades que existen para la alimentación?”, dice Veranes Hodge a SEMlac.
La médica e investigadora Rosaida Ochoa recuerda que las condiciones de vida se incluyen entre las determinantes sociales de la salud y alerta acerca de que en su comunidad las mujeres negras también son las que “tienen más hijos y se encuentran en condiciones más precarias; además, suelen ser jefas de hogar sin empleo, lo que las hace más vulnerables”.
Para Hildelisa Leal Díaz, genetista y líder comunitaria, la situación actual ,amtiene “en un fuerte desequilibrio mental y físico a las mujeres afrodescendientes”.
Al complejo escenario que se vive de largas horas sin electricidad, escacez de agua y combistible, salarios precarios, inflación galopante y falta de medicamentos, entre otras dificultades, las mujeres afrodescendientes llegan con un acumulado de brechas económicas, sociales y de bienestar.
Una realidad aún poco conocida
“Si bien hemos superado el silencio inicial, todavía se investiga poco”, comenta Ochoa, quien se desempeña como investigadora del Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiologia.
A partir de los años noventa fue más evidente que las políticas sociales de la Revolución Cubana no habían logrado eliminar el racismo histórico y estructural, reconoce la experta. Desde entonces, se han ido incrementando—no sin resistencias y retrocesos— los estudios vinculados a las brechas por color de la piel y el impacto del racismo en la nación caribeña.
Aunque Cuba dispone de programas y normas que buscan eliminar el racismo, persisten ausencias y deudas, entre ellas la publicación de estadísticas y datos desagregados por género y color de la piel en diferentes ámbitos, entre ellos la salud.
El estudio “Evidencias sobre la salud de la mujer no blanca en Cuba. 2010-2020”, publicado en la Revista Habanera de Ciencias Médicas en 2022, sistematiza investigaciones y artículos sobre el tema. Sus autoras Silvia Isabel Martínez Calvo e Ileana Armenteros Vera revisaron 25 materiales publicados entre enero de 2010 y diciembre de 2020.

El análisis confirma que el vínculo entre color de la piel y situación de salud de las mujeres aparece de manera insuficiente en las publicaciones científicas. Cuando se incorpora esta variable, los resultados son contundentes.
Tal es el caso del estudio de Alina C. Alfonso León, titulado “Los cubanos y el cuidado de la salud. Un enfoque según el color de la piel”, en el cual las mujeres negras y mestizas aparecen con porcentajes más altos que las mujeres blancas en conductas y hábitos de riesgo como el consumo de alcohol y cigarro.
Martínez Calvo y Armenteros Vera también encontraron estudios científicos que alertan sobre una mayor presencia de padecimientos en mujeres negras, como la hipertensión, y una menor esperanza de vida respecto a los hombre negros.

“En el estudio, que analizó el diferencial de esperanza de vida por color de la piel al interior de la región oriental de Cuba, se detectó que la desventaja de las mujeres no blancas es más de cinco veces que la de los hombres no blancos, lo que pareciera estar indicando que la combinación mujer no blanca-rural sigue siendo un espacio emergente de reivindicación en política de salud”, refieren las autoras en su análisis.
Otro artículo de enfoque demográfico citaadeo por las investigadoras mostró que en las personas afrodescendientes están presentes casi todas las causas de muerte, durante casi toda la vida, incluidas menores de un año, sobre todo si se tienen bajo peso al nacer.
Los hallazgos refuerzan el criterio de que la vulnerabilidad económica de ese grupo poblacional se traduce en mayor exposición a riesgos de enfermar y menor capacidad instalada para luchar contra la enfermedad.
“Las evidencias que se hallaron estimulan el diseño de investigaciones que contribuyan a un conocimiento más certero sobre los determinantes del nivel de salud de las mujeres cubanas no blancas, pues al parecer este nivel de salud no depende del matiz más o menos oscuro de su piel, sino de sus condiciones sociales y económicas en cualquier etapa de su ciclo vital”, concluyen las autoras.
Conocedora de estos estudios, a la doctora Ochoa le preocupa y ocupa todo lo que falta por estudiar. “Por ejemplo, sabemos que en muchas ocaasiones la mujer pospone su autocuidado, en función de cuidar a otras personas en la familia, y falta investigar cómo es ese comportamiento en mujeres blancas, negras y mestizas”.
La también integrante de la sección SERES de la Sociedad Cubana de Psicología pone en el centro la importancia de la información, los datos desagregados y el análisis científico para tomar decisiones urgentes.
“Es importante conocer quiénes son esas mujeres, identificarlas para poder diseñar acciones que permitan ayudarlas ante las insuficientes medidas estructurales”, reflexiona.
“La vida nos ha demostrado que se necesitan acciones afirmativas, políticas públicas para lograr hacer efectiva la equidad y erradicar el racismo y las brechas que genera. Las investigaciones en salud pueden ser un elemento estratégico para poner sobre la mesa de quienes deciden los elementos que pudieran abordarse en diferentes políticas públicas”, remarca Ochoa.
Autocuidado, un espacio de conquista
Para la cantnte Magia López, el autocuidado es un derecho, no un privilegio. Al igual que el resto de las entrevistadas, ella reconoce que cuidarse es un espacio de conquista, aprendizaje y, a la vez, una alternativa urgente frente a la crisis.
“Aunque existen saberes ancestrales y redes solidarias, muchas mujeres carecen del tiempo, los recursos o el acompañamiento necesario para incorporarlo de manera sistemática. Apostar por el autocuidado es también una forma de resistencia, de justicia social y de fortalecimiento comunitario”, afirma López.
Las mujeres negras y mestizas también suelen ser mayoría entre quienes asumen liderazgos y proyectos barriales.

“Las activistas afrofeministas suelen sostener múltiples responsabilidades comunitarias, laborales y familiares, priorizando el bienestar colectivo sobre el propio. Esto provoca cansancio físico y emocional, estrés acumulado y escaso tiempo para descansar y atender su salud”, reconoce López y se pregunta: “¿cómo llegan esas mujeres a la adultez mayor, después de años de labor intensa e ininterrumpida de activismo social y comunitario?”.
Para Hildelisa Leal, lideresa comunitaria, la vida en el barrio, la solidaridad y la acción comunitaria conforman redes que sostienen la vida en los momentos más duros. Pero aún falta, por eso la importancia de propiciar espacios para “desmontar cargas milenarias que siguen sobre los hombros de estas mujeres”.
Encuentros con especialistas, cursos de yoga, bailoterapia y ferias de cuidado son algunas de las iniciativas que han promovido y distinguen a los proyectos antirracistas y afrofeministas, recuerda Leal.
Entre ellos, destaca la Jornada de Articulación Afrofeminista, que en su quinta edición puso el cuidado en el centro de la agenda. El programa incluyó reflexiones académicas y también acciones comunitarias, entre ellas una feria de cuidados en el Barrio de Jesús María, en La Habana Vieja.
“Hay que crear programas educativos y de autocuidado que permitan a las mujeres reconocer la importancia de cuidar su cuerpo. Sin salud no se puede avanzar, ni en lo económico ni en lo social”, insiste Rosaida Ochoa.
En un contexto de crisis que profundiza los impactos del racismo estructural, la precariedad económica y la sobrecarga de cuidados, las expertas y activistas siguen apostando por la información y la acción colectiva.

