Juntas, Zaida Capote Cruz y la Avellaneda en la Academia Cubana de la Lengua

La Habana, abril (SEMlac).- El pasado 23 de abril ingresó formalmente a la Academia Cubana de la Lengua, como miembro de número, la reconocida ensayista y crítica literaria Zaida Capote Cruz, quien dedicó su discurso de ingreso a la novelista, dramaturga y poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), en un acto de reparación histórica.

“Quiero traerla aquí hoy, entre nosotros, no solo por justicia, sino porque Avellaneda hubiera merecido muchos más honores de los que consiguió y porque, aun para quienes no podremos nunca emular su talento, su ejemplo de perseverancia y dedicación al trabajo sigue siendo provechoso”, dijo Capote Cruz en la ceremonia celebrada en La Habana.

Pese a sus probados valores intelectuales y literarios, a Gómez de Avellaneda se le negó la entrada a la institución lingüística por el hecho de ser mujer. Siglos después, Capote Cruz la trae de vuelta a la institución académica, para poner en el centro a la que considera como “la más grande de las autoras cubanas”, una intelectual que aún suscita interés en la investigación literaria, el teatro y el cine.

En su conferencia titulada “Querida Tula. Un Álbum de autógrafos de Gertrudis Gómez de Avellaneda”, Capote Cruz presentó brevemente su trabajo de transcripción, edición, prólogo y notas de 105 cartas de Avellaneda, que abarcan 30 años, de 1840 a 1870. La colección fue recuperada por el Ministerio de Cultura de Cuba en 2016 y resguardada por la Biblioteca Nacional.

La edición comentada por Capote Cruz saldrá a la luz en forma de libro en 2026, publicada por la Editorial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. Además de la versión impresa, se prevé una versión digital de acceso libre.

Para la ensayista, la colección de cartas es una prueba de la capacidad de interpelación pública de Tula, como también se le conocía a la escritora camagüeyana; da testimonio del afecto y admiración de colegas y contemporáneos; muestra además su carácter y deja ver sus contradicciones y complejidades humanas.

Entre los manuscritos aparecen cartas de aristócratas, políticos, artistas e intelectuales con quienes Avellaneda mantuvo diversos grados de colaboración, amistad y también enemistad.

“En justicia, la compilación la hizo Avellaneda. Ella guardó las cartas, las ordenó, las anotó, les hizo un índice y las mandó a encuadernar en un solo volumen. Yo he tenido la suerte de hacer el trabajo de transcripción, escribir el prólogo y añadir las semblanzas de sus corresponsales. Es una suerte de colaboración imaginaria, un modo de hacer públicas las palabras que, evidentemente, escribió para quienes las leeríamos en el futuro”, comentó la especialista a SEMlac.

Justicia es una palabra que junta a ambas escritoras cubanas, más allá de la literatura y el tiempo.

“Las feministas cubanas solemos considerar a Avellaneda nuestra madre simbólica… La diafanidad de su ejercicio intelectual, así como su interés en crear redes intelectuales femeninas, proveer a sus congéneres de modelos a seguir, invitarlas a pensar su situación social en un entorno patriarcal de múltiples opresiones, no tiene parangón en nuestra historia literaria”, afirmó Capote Cruz, quien además coordina la Cátedra Gertrudis Gómez de Avellaneda del Instituto Cubano de Literatura y Lingüística.

En el acto también se reconoció la altura intelectual de Zaida Capote Cruz y su militancia feminista.

Academia Cubana de la Lengua
Fundada el 19 de mayo de 1926, la Academia Cubana de la Lengua agrupa a escritores y escritoras, lingüistas, ensayistas y profesorado que dedican su quehacer a la difusión, cultivo y perfeccionamiento de la lengua española, en particular en su variedad cubana. Foto: SEMlac Cuba

Leonardo Sarría, miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, le dio la bienvenida y destacó su labor como investigadora e integrante en los equipos de “dos de los proyectos de mayor alcance y amplitud dentro del panorama literario cubano de los últimos 20 años”: La Historia de la literatura cubana (2002, 2003 y 2008) y el Diccionario de obras cubanas de ensayo y crítica (2013 y 2018), este último bajo su dirección.

El escritor y académico cubano resaltó diversas virtudes que distinguen el ejercicio crítico de Capote Cruz, entre ellas: su fino olfato para la elección del tema de investigación; su método riguroso; su solvencia en la búsqueda de archivos; su mesura en la evaluación y en la discusión sin huir de la polémica; su honestidad intelectual y su compromiso en la enmienda y reparación de olvidos y silencios. Compromiso intelectual que atraviesa su trabajo intelectual, su vida y militancia feminista.

 Sarría recordó, como ejemplos de su preocupación y revisión del canon cubano, el ensayo La doncella y el minotauro, donde asume una “crítica del encuadre patriarcal en antologías del cuento cubano” y el libro La nación íntima (2008), en el cual indaga sobre las tensiones entre la escritura de mujeres y el canon literario.

“Con su ingreso a esta academia ´no barbada´ de la lengua, se cumple un acto de elemental justicia, se le da sitio entre nosotros a quien lo merecía ya desde hace tiempo”, afirmó Sarría en sus palabras de bienvenida.

A la pregunta de si persisten las barreras patriarcales en el ámbito cultural, Capote Cruz responde a SEMlac: “No creo que se hayan superado del todo las resistencias y prejuicios frente al feminismo, pero han amainado y eso se lo debemos a la labor continua y consistente de nuestras antecesoras y a lo que hayamos podido hacer cada una de nosotras”.

 “En el ámbito cultural, el ejercicio cotidiano del feminismo es un hecho y mantener esa discusión activa, recuperar las voces acalladas, trabajar por más justicia es la tarea a la cual no podemos renunciar”, concluye.

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