Cuidados y sexualidad, derechos que no se nombran

La Habana, octubre (SEMlac). Cuando el cuidado se entiende solo como asistencia, se olvida que quien lo necesita sigue teniendo deseos, intimidad y capacidad de decidir sobre su vida. La relación entre sexualidad y cuidados no es secundaria, sino una cuestión de autonomía, dignidad y derechos.

En las personas que viven la vejez y en las personas trans, por solo poner dos ejemplos, esa negación se duplica: se las imagina sin sexualidad o se las reduce a una identidad, y muchas prácticas de cuidado reproducen esa invisibilidad.

Así lo señalaron asistentes al  taller “Hablemos de cuidados: las preguntas que la sexualidad nos plantea”, convocado por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y la Red Cubana de Estudios sobre Cuidados (RCEC) el 14 de octubre, en La Habana.

Insertada en las Jornadas “Hablemos de Sexualidad. Aprender para la vida”, la jornada de trabajo reunió a cuidadoras, activistas trans, investigadoras, trabajadores sociales y especialistas, quienes coincidieron en que la sexualidad de las personas mayores y de las personas trans sigue siendo un tema tabú dentro de los cuidados. Su invisibilidad, alertaron, profundiza violencias, dependencias y vulneraciones de derechos.

El taller reunió a cuidadoras, activistas trans, investigadoras, trabajadores sociales y especialistas para discutir la relación entre sexualidad y cuidados.
El taller reunió a cuidadoras, activistas trans, investigadoras, trabajadores sociales y especialistas para discutir la relación entre sexualidad y cuidados. Foto: SEMlac Cuba

La sexualidad no se apaga con la edad ni con la discapacidad

“Una persona en situación de discapacidad también tiene sexualidad y tiene derecho. Que haya una discapacidad no significa que el tema de la sensualidad se apague. Una persona adulta mayor que está cuidando sigue teniendo deseo sexual. No es que a los 60 años, automáticamente, se apague”, explicó Yuliesky Amador Echevarría, especialista del Cenesex y coordinador de la RCEC.

Yuliesky Amador Echevarría, especialista del Cenesex y coordinador de la RCEC, insistió en que la sexualidad no se apaga con la edad ni con la discapacidad.
Yuliesky Amador Echevarría, especialista del Cenesex y coordinador de la RCEC, insistió en que la sexualidad no se apaga con la edad ni con la discapacidad. Foto: SEMlac Cuba

Sin embargo, el cuidado también puede ser un espacio de peligro. Durante la jornada se analizaron experiencias de abusos en hogares de ancianos. La advertencia compartida fue clara: cuando no se reconocen los derechos sexuales de quienes necesitan cuidados, se producen violencias.

Eso ocurre particularmente con las personas transexuales. Yoilan Balón Caballero, coordinadora nacional de Transcuba, una red de información para personas trans, sus parejas y familias, explicó que muchas de ellas son estigmatizadas y discriminadas por sus padres y familias.

“Tienen que salir a las calles a practicar el sexo; muchas vienen de otras provincias hacia La Habana para poder tener una mejor calidad de vida”, relató.

Yoilan Balón Caballero, coordinadora de Transcuba, advirtió que muchas personas trans terminan cuidando a quienes las rechazaron.
Yoilan Balón Caballero, coordinadora de Transcuba, advirtió que muchas personas trans terminan cuidando a quienes las rechazaron. Foto: SEMlac Cuba

Esa migración interna no rompe los lazos de cuidado, aunque estos sean dolorosos. “Dejan a sus padres, que siempre las rechazaron, y después les toca mandarles dinero, comida, incluso tener que volver a sus provincias y dejar su identidad de género en La Habana, porque allí no son identificadas como personas trans”, narró Balón Caballero, quien actualmente cursa el tercer año de la carrera de Derecho.

La contradicción es fuerte: muchas personas trans terminan cuidando a quienes las expulsaron, maltrataron o rechazaron. “Después de tanto batallar y luchar con nuestros familiares, nos toca la parte de cuidarlos  cuando ya no se valen, porque nadie mas lo puede hacer. Ni sobrino, ni primo, ni nadie. Nos toca estar en lugares sin condiciones”, añadió.

A eso se suma la precariedad habitacional. La coordinadora de Transcuba describió que algunas personas trans con casa propia se vinculan a otra persona trans, quien  puede cuidarla mal porque espera heredar la vivienda. “La cuida muy mal, porque lo que quiere es que fallezca pronto”, denunció.

El envejecimiento trans, además, ocurre antes. “Las personas trans, por su propia experiencia de vida, por todo lo que han pasado, a los 40 años se consideran personas adultas mayores”, alertó Amador Echevarría.

“La Organización Mundial de la Salud (OMS) habla de 60 años, sin embargo, la esperanza de vida no es muy alta. No hay número alto de personas trans de 60 o 70 años, porque muchas no llegan a esa edad”, explicó.

Dalila Martínez Hall, fundadora de la mipyme D’Hall Cuidados SRL, un servicio nacido como emprendimiento familiar en 2020, explicó que su agencia atiende y emplea a todas las personas, incluidas personas trans, homosexuales y con discapacidad. Sin embargo, “colocar a estas personas con clientes es difícil”, reconoció.

“Los ancianos y sus familias, muchas veces, no las aceptan”. Martínez, enfermera de profesión, relató que tienen un trabajador trans con más de tres años en la agencia, pero que ha pasado momentos difíciles cuando se queda sin trabajo, porque cuesta encontrarle un espacio. También mencionó que la raza y la religión influyen en la aceptación del cuidador o la cuidadora.

Cuidarse es un derecho

El cuidado pagado también reproduce violencias. Martínez Hall explicó que el cuidador o la cuidadora contratada sufre maltrato psicológico por parte de familiares y que, muchas veces, se confunde el trabajo de cuidado con el doméstico.

Para ordenar esa relación, su agencia firma contratos, planes de cuidado individualizados, protocolos de actuación, reglamentos disciplinarios y acuerdos de confidencialidad.

Otro de los vacíos más repetidos fue el autocuidado. Felicitas Sotolongo, investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CiPS), valora que, si bien se habla mucho del autocuidado, “la palabra es muy bonita, pero cuando tú estás en el rol de cuidadora, no tienes tiempo”.

Felicitas Sotolongo, investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CiPS), habló del autocuidado de quienes cuidan: “La palabra es muy bonita, pero cuando tú estás en el rol de cuidadora, no tienes tiempo”.
Felicitas Sotolongo, investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CiPS), habló del autocuidado de quienes cuidan: “La palabra es muy bonita, pero cuando tú estás en el rol de cuidadora, no tienes tiempo”. Foto: SEMlac Cuba

“Tengo que arreglarme las uñas, pero no tengo tiempo; tengo que ir al médico porque me está subiendo la presión, pero no tengo con quién dejar a la persona que cuido”, detalló como ejemplos.

En el caso de las personas trans, el autocuidado también se ve atravesado por la dependencia afectiva y material. “Somos muy vulnerables a las parejas. Preferimos quitarnos el plato para dárselo a ellas. Al final somos utilizadas, porque somos las que trabajamos, las que mantenemos la casa”, narró Balón.

Por eso insistió en la necesidad de educación, terapia y redes de apoyo para que las personas trans no sean el sostén principal de familias y parejas que las descuidan.

El taller también cuestionó el papel de la comunicación social. Sotolongo insistió en desarrollar la cultura del cuidado, llevar la escuela de cuidadoras a los hogares, usar redes sociales y reels, y hablar de sentimientos y diversidad sin caricaturas. “Hay que trabajar también el reconocimiento de la sexualidad de las personas”, dijo.

La jornada dejó preguntas abiertas: ¿cómo garantizar la intimidad de quien necesita cuidados?, ¿quién decide sobre su cuerpo?, ¿qué lugar ocupan el deseo, la afectividad y el placer?
La jornada dejó preguntas abiertas: ¿cómo garantizar la intimidad de quien necesita cuidados?, ¿quién decide sobre su cuerpo?, ¿qué lugar ocupan el deseo, la afectividad y el placer? Foto: SEMlac Cuba

El debate dejó preguntas abiertas: ¿cómo garantizar la intimidad de quien necesita cuidados?, ¿quién decide sobre su cuerpo?, ¿qué lugar ocupan el deseo, la afectividad y el placer?, ¿cómo incorporar los derechos sexuales a las prácticas de cuidado?

Las respuestas no fueron unánimes, pero coincidieron en un punto: la sexualidad no es un añadido ni un tema aparte del cuidado. Reconocerla como derecho es condición para que el cuidado sea, efectivamente, digno.

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