La Habana, junio, (SEMlac). – Pese a la importancia de los cuidados en la reproducción de la vida, estos siguen siendo, paradójicamente, un trabajo invisible y desvalorizado, coinciden especialistas e investigaciones sobre el tema en Cuba.

“Las mujeres, cuando son madres, para demostrar que son tan buenas en sus empleos como los hombres, tienen que trabajar el doble”, aseguró a SEMlac Ivette Fernández, una joven para quien, independientemente de la labor que ellas puedan desempeñar, está claro que en sus hogares todos esperan que se “ocupen” de la familia.

“Muchos hombres, cuando regresan a casa, sienten que es la hora del descanso, mientras para las mujeres empieza una nueva jornada”, agregó Fernández y sostuvo que, detrás de ese comportamiento, están patrones patriarcales heredados.

“Las tareas de cuidado, que implican un esfuerzo físico y mental, configuran un ciclo interminable, pues cuando los hijos son adultos, entonces sobreviene el cuidado de los padres”, significó.

De acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Envejecimiento de 2017, las mujeres son las proveedoras de cuidado por excelencia: sumaban el 67,6 por ciento de quienes lo ofrecían en ese momento y aproximadamente del 57 por ciento de las personas encuestadas dijo preferirlas a la hora de necesitar y recibir cuidados.

La indagación también confirmó que esa atención a las personas mayores se brinda generalmente en el hogar y, cuando se trata de una asistencia de larga duración, en el 99 por ciento de los casos la asumen personas con alguna relación de parentesco.

“Eso que llamamos amor es trabajo no pago”, sostuvo sobre el tema la socióloga Magela Romero, coordinadora de la Red Cubana de Estudios sobre Cuidados, en uno de los mensajes de la iniciativa “Cuidar es trabajar”, impulsada desde la Red, de conjunto con la Fundación Friedrich Ebert.

La especialista apuntó que la Conferencia Internacional de Estadísticas del Trabajo, en 2013, amplió el concepto de trabajo al concebirlo como aquellas actividades que realizamos las personas para la satisfacción de nuestras necesidades o de otras, y que generan bienes o servicios.

“Todos requerimos de cuidados a lo largo del curso de la vida”, señaló la experta y remarcó que, aun cuando implica generalmente cercanía, amor y empatía, se trata de un trabajo que demanda un gran esfuerzo físico y mental.

“Podríamos decir que es el trabajo más importante, porque a través de él se garantiza la vida y los niveles de bienestar que podemos tener dentro de ella”, dijo a la par de significar la importancia de reconocer esta labor.

Una sociedad envejecida como la cubana, donde al cierre de 2023 el 22,7 por ciento de las personas tenía 60 años o más, de acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei), las labores de cuidado se tornan más relevantes.

Así lo confirman las investigadoras Ana María Ramos Monteagudo y Mirtha Juliana Yordi García, de la Universidad de Camagüey, en su artículo “El cuidado en las encuestas nacionales de envejecimiento poblacional en Cuba”, publicado en la revista Anales de la Academia de Ciencias de Cuba, en abril de 2023. “Vivir hasta edades más avanzadas ha sido sin dudas una buena noticia; pero también un reto”, suscriben.

“Han aumentado las probabilidades de vivir con dependencia” en un contexto donde la arquitectura familiar se reconfigura, lo cual precisará “dar respuestas institucionales, coordinadas, de base comunitaria y corresponsables”, refieren.

Familias y cuidados en Cuba
La crianza de los hijos no tiene que recaer siempre sobre la mujer, los hombres deben participar. Foto: SEMlac Cuba

Trabajan y aportan

Dairis Espinosa confesó a SEMlac que, viviendo con sus cuatro niñas, le ha costado encontrar trabajo, debido a que los potenciales empleadores consideran que el cuidado de las pequeñas le impedirá cumplir con sus obligaciones laborales.

“Realmente veo muy mal que una tenga que escoger entre tener una familia y tener un trabajo. Eso debería tomarse en cuenta, debería haber un poco más de opciones para las mujeres, sobre todo si tienen hijos. La crianza de los hijos no tiene que caer siempre sobre la mujer, los hombres deben participar”, sostiene.

El 26,3 por ciento de las mujeres entre 50 años y 59 años entrevistadas durante la Encuesta Nacional de Envejecimiento (2017) identificaron la necesidad de cuidado a niños, enfermos y personas mayores como causa de abandono del vínculo laboral.

Cuidados en Cuba
En una sociedad envejecida como la cubana, donde el 22,7 por ciento de las personas tiene 60 años o más, es esencial mirar hacia las labores de cuidado con una óptica práctica y previsora. Foto: SEMlac Cuba

Asimismo, 86,7 por ciento de la población investigada reconoció que una de las motivaciones que limita el inicio de nuevos proyectos de vida es la demanda insatisfecha de sistemas de cuidado y de apoyo a las familias. Y son mujeres, en mayoría, quienes deben posponer o desestimar sus planes personales por ese motivo.

Ellas son quienes además, trabajen con remuneración o no, llevan el peso de las tareas domésticas, de reproducción y sostenimiento de la vida en el hogar.

Las cubanas dedican 14 horas más que los hombres al trabajo doméstico y de cuidado durante la semana, situación que se agudiza en las zonas rurales y en particular en la región oriental del país, reflejó la Encuesta Nacional de Igualdad de Género (Enig, 2016). A esto se añade que tres de cada 10 mujeres se dedican exclusivamente a tareas hogareñas, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación (2022).

“El tiempo dedicado a este tipo de trabajos implica que muchas no cuenten con tiempo propio”, remarcó Yelene Palmero, investigadora del Centro de Estudios de la Mujer, de la Federación de Mujeres Cubanas, en su mensaje para la iniciativa “Cuidar es trabajar”.

La socióloga refirió el impacto de esta situación en la superación, la inserción social, la participación política y el desempeño de actividades que contribuyan a su autonomía.

Las personas cuidadoras hacen importantes contribuciones a la sociedad, opinó por su parte el doctor Henry Colina Hernández, economista especializado en seguridad social. Cuando esta labor se realiza por miembros de la familia, generalmente no existe remuneración ni se generan vacaciones; tampoco existen mecanismos que garanticen la seguridad social, al no estar reconocidas oficialmente como trabajadoras; algo que es preciso cambiar, subrayó.

El especialista comentó que los modelos de Seguridad Social de distintas naciones ya han comenzado a reconocer el trabajo de cuidados para garantizar la protección a personas regularmente excluidas de esquemas contribucionistas. En tal sentido, puso como ejemplo las compensaciones en términos de años de trabajo, las garantías de acceso a esquemas más flexibles y las políticas de inclusión y formalización para quienes trabajan en el ámbito informal.

“Estas políticas, por supuesto que con adecuaciones al contexto y diseñando modelos de financiamiento adaptados, podrían valorarse en Cuba para garantizar el derecho a la protección de la seguridad social a todas las personas”, dijo Colina Hernández.

En Cuba se abrió una ventana para visibilizar el trabajo de cuidado con la entrada en vigor de la Constitución de 2019 y el nuevo Código de las Familias de 2022, a criterio de Joana Pereira Pérez, profesora titular de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.

En opinión de la jurista, el Estado debe garantizar que este trabajo se realice de forma óptima e integral y agregó que la posibilidad de ser reembolsados por los gastos asociados a esta labor es una forma de reconocer su valor económico.

Cuidados en Cuba
Reconocer el trabajo de cuidados, considerar su aporte económico y consolidar las herramientas estadísticas que permitan su adecuada medición se convierten en tareas de primer orden en la sociedad cubana. Foto: SEMlac Cuba

Al participar en la campaña “Cuidar es trabajar”, la economista y demógrafa Maira Mena Correa destacó que el aporte económico de este tipo de trabajo no remunerado se calcula entre 15 y 27 por ciento del producto interno bruto anual e incluso, en algunos países, es el sector que más aporta a la producción de bienes y servicios.

“Reconocer el trabajo de cuidados, considerar su aporte económico y consolidar las herramientas estadísticas que permitan su adecuada medición se convierten en tareas de primer orden”, señaló la experta.

Cuidados, un derecho

Trascender las concepciones asistencialistas del cuidado que contemplan solo a las personas vulnerables y avanzar hacia un sistema que integre servicios, instituciones, familia, redes comunitarias, cuidadores y cuidados es una prioridad para las investigadoras Ana María Ramos Monteagudo y Mirtha Juliana Yordi García.

Ello no debe verse como algo exclusivo para los adultos mayores, sino extenderse a todas las formas de cuidado, mediante políticas públicas que lo pongan en el centro de atención, como un pilar clave de la protección social, insistieron.

En diciembre de 2023 se anunció la aprobación, en la nación caribeña, de un sistema de cuidado integral para la vida, actualmente en formulación normativa y que parte del reconocimiento público de los cuidados como necesidad y derecho, pero también como trabajo.

“Cuidar es un trabajo que implica preocuparse y ocuparse; es tomar responsabilidad, desarrollar competencias y satisfacer necesidades asociadas a la propia existencia humana”, valoró la psicóloga y profesora Laura Sánchez Pérez.

En su opinión, es esencial colocar los cuidados en las agendas públicas para agilizar la creación y el fortalecimiento de estrategias encaminadas a elevar la calidad de vida y fomentar la autonomía de quienes cuidan y reciben cuidados.

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