La Habana, mayo, (SEMlac). – ¿Cuánto de sí misma pierde una mujer cuando se convierte en madre? ¿Dónde queda su sexualidad, su proyecto de vida, su identidad más íntima, cuando el mandato social la reduce a esa función?
Con esas preguntas como punto de partida, la fotógrafa Yailén Ruz Velázquez concibió Relatos, una muestra de artes visuales que cuestiona, desde su propia experiencia de maternar, los prejuicios sexistas y racistas que pesan sobre las madres en la sociedad occidental.
Inaugurada el pasado 12 de mayo, la exposición es también la tesis de graduación de Ruz Velázquez en el Instituto Superior de Arte (Isa): cinco instalaciones que combinan fotobordado, lencería, dibujo infantil y colaboración colectiva, conforman un relato plural sobre lo que significa maternar hoy en Cuba.

“El tema me atraviesa completamente”, afirmó a SEMlac la artista. Madre de tres hijos y sostén principal de su familia, cuenta que reconociéndose en otras mujeres —madres que sentían y pensaban como ella—, entendió que su experiencia también era una historia colectiva.
“Siento todo ese tipo de expectativas sociales que recaen sobre las madres: el tiempo que debemos dedicar al cuidado de nuestros hijos y descuidar un poco nuestra identidad femenina, nuestro proyecto y sentido de vida, nuestra sexualidad. A veces incluso nos censuramos esa parte más íntima, porque pensamos que no existimos fuera de nuestros hijos e hijas”, reflexionó.
La curadora y profesora de la Facultad de Artes Visuales del Isa, Hortensia Peramo Cabrera, sitúa la exposición precisamente en esa tensión entre mandato y deseo. “La historia de vida de una madre está cuajada de innumerables relatos, aparentemente intrascendentes en su cotidianidad, que son piezas del telar donde se entreteje el presente y futuro de una nación”, suscribe.

La madre soporta “los prejuicios de una educación sexista; los paralizantes juicios y preceptos sociales, culturales, religiosos y raciales; las transformaciones de la feminidad en su cuerpo; los sacrificios que implica un desarrollo profesional; la soledad con que muchas veces lleva adelante ese proyecto”, reafirma en las palabras curatoriales de la muestra.
Sin embargo, para Peramo la maternidad no es una obligación, sino que “puede existir sin ella”. Exponer esos relatos, concluye, “es un modo de exorcizar los lastres que reprimen la realización de un anhelo”.

Cinco instalaciones, muchas voces
Relatos no es una obra en solitario. La exposición convoca colaboraciones con modistas, con el artista plástico Miguel Ángel Mulet, con diversas mujeres del entorno cercano a la artista y con 146 niños y niñas de la escuela primaria “Camilo Cienfuegos”, de La Habana Vieja, precisa Ruz Velázquez.

Una de las piezas centrales es el homenaje a la Eva mitocondrial, la madre africana más antigua que la ciencia ha podido identificar hasta hoy. Construida con cabellos de nueve mujeres —incluidos los de las propias hijas de la artista—, la instalación es, en palabras de su creadora, “un canto a la integración y a la disolución de barreras llamadas raciales”.

El Sueño Ajna, pieza de fotobordado realizada con fotografías de archivo familiar e hilo rojo, recupera la práctica del bordado como herencia materna y la resignifica, apunta.
“Bordar y tejer sueños ha sido históricamente la manera de maternar de las madres de mi familia”, agrega. El título alude al chakra ajna del hinduismo, el tercer ojo que conduce a espacios de conciencia superior, “el estado hacia donde todos debemos crecer y deshacernos de paradigmas estancados sobre el papel de la mujer”, explica.

Mami Superstar es quizás la pieza más provocadora. Modistas y emprendedoras de las marcas Aladia Lencería, BarbarA’s Power y Onix confeccionaron piezas únicas de lencería elaboradas con ropa usada de los propios hijos e hijas de las modelos de las piezas.
“La lencería femenina es mucho más que una prenda íntima. Es un símbolo cargado de significados sobre feminidad, sensualidad y empoderamiento”, señaló la artista.

Deyni Terry, de BarbarA’s Power, colaboró en esa pieza junto a su hija Yurena Manfugás y asumió también el rol de modelo. “Me gustó trabajar todo el proceso junto a mi hija y saber que cada una de las piezas reconocía a la mujer tal como es, con toda su grandeza, con todo el espíritu de esos cuerpos que han pasado la maternidad”, asegura.
Otra de las obras, Un día cualquiera, reúne los 146 dibujos de niños y niñas de entre 6 y 12 años que respondieron a una pregunta sencilla: ¿quiénes son las personas más cercanas, las que me cuidan y guían, un día cualquiera? La pieza, de dimensiones variables, convierte la mirada infantil en documento y espejo.

Entre todas las instalaciones, una exige su propio espacio: la que denuncia que las mujeres también tienen derecho a no ser madres y recuerda a las 39.000 mujeres que, según la Organización Mundial de la Salud, mueren cada año debido a abortos inseguros y clandestinos.

La exposición es también una demostración de que el arte y la maternidad no son territorios excluyentes. “Soy una madre que, además de mantener a su familia, debe defender el proyecto de ser artista, de expresar todo lo que siente su espiritualidad a través del arte”, afirma Ruz Velázquez.

La fotógrafa asegura a quienes atraviesen la galería y puedan apreciar Relatos, que tendrán ante sí no solo una historia personal. Entrarán en un espacio donde los cuerpos que han parido, cuidado y callado exigen, por fin, ser vistos en toda su complejidad.

