La Nota: Violencia invisible, el reloj de las mujeres (podcast)

Hay un recurso que parece infinito, pero no lo es: el tiempo. Y específicamente, el tiempo de las mujeres.

¿Cuánto del día de una mujer se va en trabajar fuera de casa? ¿Cuánto en el trabajo que no se paga? ¿Cuántas horas se traga el cuidado de otras personas?

Según la Organización Internacional del Trabajo, las mujeres realizan casi tres cuartas partes del trabajo de cuidado no remunerado del planeta: el 76 por ciento. En América Latina, ellas dedican entre 6 y 30 horas más semanales que los hombres a estas tareas.

En Cuba, la radiografía es igual de reveladora. La Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género de 2016 —el estudio más completo que tenemos hasta ahora— muestra que las mujeres dedican, en promedio, 14 horas más que los hombres cada semana al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. Las mujeres ocupadas, es decir, las que tienen empleo fuera de casa, dedican 36 horas semanales al trabajo no remunerado. Los hombres ocupados, apenas 22 horas. Eso se llama doble jornada.

Vale entonces que nos preguntemos: con esa carga, ¿qué tiempo queda para sus planes personales, para el ocio, para el autocuidado? La misma encuesta revela que ellas quedan en desventaja frente a ellos en actividades tan básicas como visitar amistades, asistir a eventos culturales o hacer ejercicio.

Detrás de esta organización social del tiempo no hay casualidad. Hay violencias y brechas de género profundas: violencia económica —porque depender del ingreso de otro o tener empleos de menor salario por falta de tiempo disponible es una forma de dominación—, cansancio extremo como violencia estructural y pérdida de autonomía. Cuando una mujer no puede disponer de su propio tiempo, también pierde independencia, oportunidades profesionales, ingresos y, en el peor de los casos, hasta la posibilidad de salir de relaciones abusivas.

Pero esto no es solo un problema individual. Repercute directamente en la economía de un país. A nivel mundial, si el trabajo de cuidado no remunerado tuviera que pagarse, equivaldría a más del 9 por ciento del PIB global. En Cuba, aprovechar el talento formado de las mujeres —ellas son más del 60 por ciento de las profesiones científicas e intelectuales del país— permitiría ganar en productividad y diversificar la economía. Es lo que se llama bono o dividendo de género: los beneficios que obtiene una nación cuando cierra brechas en el mercado laboral.

Sobre el uso del tiempo y su vínculo con la desigualdad, las violencias silenciosas y su impacto económico estaremos conversando hoy en La Nota.

Nos acompaña la socióloga, profesora e investigadora del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, Iliana Benítez. Y como siempre, escucharemos testimonios reales.

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