Es fundamental alzar la voz y nombrar las violencias de género (VBG) en los espacios públicos y mediáticos. Esta acción rompe con un largo historial donde estas problemáticas se consideraban asuntos privados, normales e inevitables. Se ayuda a comprender que no se trata de un hecho aislado, sino consecuencia de una desigualdad estructural e histórica y de relaciones de poder asimétricas entre hombres y mujeres.

Al nombrar la VBG se elimina la invisibilidad y el aislamiento y se la posiciona, ya no como un problema doméstico y de pareja, sino como un problema social. Además, permite tomar conciencia sobre sus causas estructurales y ayuda a romper el silencio que rodea a las víctimas y la complicidad o tolerancia social ante el maltrato.

Visibilizar esta realidad con datos claros contribuye a romper estereotipos y a desmontar los roles de género tradicionales que perpetúan la discriminación de generación en generación. También debilita eslabones patriarcales y ayuda a elaborar e implementar políticas públicas efectivas. Pero ello implica mirar la problemática con lentes de género y de derechos, e incorporar y aplicar el enfoque interseccional.

En el contexto cubano, la implementación de políticas sociales resulta determinante para erradicar la complicidad social en torno a la violencia. Cuando se dejan pasar, no se nombran y se naturalizan los comportamientos violentos, esa complicidad aumenta. La visibilización de la VBG expone realidades ocultas del entorno comunitario e impulsa a pasar de la simple sensibilización a la acción y la corresponsabilidad.

La adecuada implementación del Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres (PAM), su Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y en el escenario familiar, el Código de las Familias y el Programa nacional “Color Cubano” contra el racismo y la discriminación racial, entre otras, puede ampliar y amplificar las voces contra la VBG, disminuir la complicidad social e impulsar una postura activa y crítica en la sociedad.

La visibilidad del problema estimula la generación de datos y fortalece la calidad de las estadísticas e indicadores sobre la VBG. Ello constituye un acto esencial de justicia y reparación para las víctimas. Para ello se necesitan datos basados en evidencias, provenientes de investigaciones rigurosas y fuentes institucionales como el Observatorio para la Igualdad de Género, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei) y el Ministerio de Salud Pública (Minsap).

Del mismo modo, aportan investigaciones el Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universidad de La Habana, el (CIPS) y diversas facultades universitarias a lo largo de todo el país. Es decisivo integrar estos datos cuantitativos con análisis cualitativos reflejados en historias de vida y testimonios. A través de estudios de caso se logra hacer visible aquello que la sociedad solía pasar por alto de forma sistemática. Nombrar y visibilizar la VBG trasciende el nivel de brindar información para buscar un cambio hacia la transformación de discursos y narrativas, e incorpora nuevos conceptos, o menos utilizados, pero con hechos que los demuestran y sustentan. Permite la identificación de modalidades de violencia previamente invisibilizadas por la sociedad, como la violencia vicaria, la simbólica, la obstétrica o la digital. También contribuye a la despatriarcalización del lenguaje.

En ese camino, favorece la justicia, la reparación y la prevención. Se ayuda a reparar el daño simbólico, al trasladar la responsabilidad y culpa del hecho al agresor, y transforma la imagen de las víctimas: de personas desprotegidas a agentes de derechos y articuladoras de redes, y no como víctimas pasivas. Se promueve, entonces, la identificación temprana de factores de riesgo y la construcción de relaciones basadas en la equidad y el respeto a los derechos sexuales y reproductivos, elementos imprescindibles para cuestionar y transformar las estructuras patriarcales. Así se incentiva la denuncia y el fortalecimiento de la recolección de datos, fundamentales para evaluar e impulsar leyes e instrumentos jurídicos. La visibilización de la VBG es vital para la sociedad, porque hace posible la desnaturalización y ruptura del silencio, el reconocimiento de las causas estructurales: contribuye a la justificación, diseño y mejora de políticas públicas, ayuda a la justicia, reparación y prevención, y transforma el discurso y los imaginarios sociales.

Aún existen brechas entre el marco normativo y la práctica. Aunque existen avances legislativos e institucionales significativos (como el PAM o el Código de las Familias), la visibilización oportuna y contextualizada sostiene la presión crítica necesaria para que estas herramientas jurídicas se traduzcan en una implementación efectiva, ágil y con verdadero impacto cultural.

Algunas recomendaciones para conseguirla podrían estar dirigidas a cuatro dimensiones fundamentales: las instituciones, el diseño e implementación de políticas públicas, el trabajo comunitario y las organizaciones sociales, y los medios de comunicación.

Estas podrían ser:

    • Acelerar la implementación de los marcos jurídicos, es decir, la transición del texto normativo a la práctica social, garantizando los recursos y la capacitación necesaria para hacer efectivas las estrategias de prevención y atención a la VBG.
    • Fortalecer la generación de datos y la investigación aplicada, fomentar la articulación entre instituciones estadísticas, centros de investigación y universidades, para continuar sustentando las políticas públicas tanto en datos cuantitativos como en análisis cualitativos (historias de vida y testimonios).
    • Promover la participación protagónica de las mujeres, fortalecer el tejido social y garantizar la sostenibilidad de los proyectos a largo plazo.
    • Eliminar las narrativas sensacionalistas y victimizantes, priorizando un enfoque de derechos, dignidad y justicia.
    • Diversificar los formatos e innovar en el entorno digital para conectar de manera efectiva con las audiencias jóvenes.
    • Potenciar y promover un lenguaje inclusivo y despatriarcalizado.

1 comentario

  1. Buen día. Creo que falta aterrizar el concepto a la práctica real. Muchísimas mujeres, incluso niñas y niños lo necesitan. Existe mucha desinformación. Se sabe que existe todo ese tipo de violencia y todo lo que encierra, pero los canales de ayuda real muchas veces no están al alcance de la mano, o solo sirven para poner un cartel de «caso social» aumentando la estigmatización. Pero es muy bueno que al menos se reconozca que existe. Es algo en vez de nada. Una mejor sociedad depende de eso.

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