Especialistas defienden valores de la educación integral de la sexualidad

Aun cuando desde el punto de vista legislativo Cuba avanza en materia de educación integral de la sexualidad, especialistas consideran que urge desmontar formas de comportamiento y percepción de las infancias que limitan efectividad en el ejercicio de sus derechos.

Rachel Fraga, asesora jurídica del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), señaló que para ello es esencial trabajar con las familias, “ese espacio primario, eslabón fundamental en la formación de niñas, niños y adolescentes, que ha estado caracterizado hasta el momento por una visión marcadamente adultocentrista”.

Sobre el tema debatieron el pasado 13 de julio en el grupo de Telegram Familia y Sexualidad, como parte de las jornadas Hablemos de sexualidad: aprender para la vida, que hasta el 28 de septiembre desarrolla actividades con la educación integral de la sexualidad como centro de las acciones.

El derecho a una educación integral de la sexualidad, especialmente el derecho que tienen infantes y adolescentes a recibir información adecuada sobre estos asuntos, es una de las cuestiones que debemos defender, dijo la moderadora del espacio Carla Padrón, especialista del Cenesex.

La educación integral de la sexualidad es un proceso de enseñanza aprendizaje que les permite recibir conocimientos avalados desde la ciencia, añadió. Sin embargo, comentó que sus investigaciones sobre el conocimiento y respeto hacia los derechos de la infancia y la adolescencia revelaron que padres y madres no tenían en cuenta a sus hijos como sujetos de derecho.

Adolescentes y jóvenes en Cuba
El ejercicio saludable de la autoridad supone tener en cuenta las necesidades básicas de cada etapa del crecimiento y potenciar la autonomía desde límites saludables, asertivos y respetuosos. Foto: SEMlac

En su opinión, es muy importante comenzar por cambiar la concepción que prevalece sobre las infancias y las adolescencias. “Debemos pasar de la idea de incapacidad e indefensión, a la idea de autonomía progresiva. No podemos seguir viendo a nuestros niños y adolescentes como criaturas dependientes e incapaces, debemos aportar en su autodeterminación y crecimiento personal”, sostuvo Padrón.

Con ello coincidió la forista Ileana Cordero, quien reafirmó la relevancia de las familias en la educación integral de la sexualidad, pues muchas veces por desconocimiento se cometen errores en la crianza, acotó.

Fraga, por su parte, consideró que el nuevo Código de las Familias, a la espera de aprobación por el Parlamento cubano para ser sometido a referendo popular, debe convertirse en una normativa clave para el reconocimiento y ejercicio de los derechos de las infancias.

No solo es mucho más amplio que la ley vigente, sino que desde la terminología que emplea hace un llamado al cambio de paradigmas y de percepción de niños, niñas y adolescentes, precisó.

En desacuerdo con esa idea, el forista Karel Bermúdez consideró que la propuesta del nuevo Código de las Familias no traerá beneficios y estimó errada la sustitución que hace del término patria potestad por responsabilidad parental. “No es cuestión de darles más poder a los niños, es cuestión de educar y enseñar a los padres a hacer mejor uso del suyo”, valoró.

Tales consideraciones generaron reflexiones sobre estos temas. La asesora jurídica del Cenesex sostuvo que ese cambio de denominación da un vuelco en la concepción de “poder”, de “dominio” ilimitado y muchas veces arbitrario que históricamente ha caracterizado la crianza.

“Creo que todo parte de lo que entendamos por responsabilidad parental”, agregó y dijo que no se trata de la ruptura de un concepto por otro, sino de su continuidad y actualización de acuerdo con las tendencias internacionales.

“Lejos de debilitarse la autoridad, los derechos se multiplican, se fortalecen, lo que de una forma diferente”, remarcó. “Hay que cambiar no solo el paradigma de los niños como sujetos de derecho, sino también la visión adultocentrista que caracteriza a madres y padres”.

Amplió que la responsabilidad parental debe entenderse como un complejo funcional de derechos, facultades, cargas, responsabilidades y funciones que tienen padres y madres para con sus hijos menores de edad; pero el cambio precisamente está en el llamado a que esa autoridad sea asertiva, de acompañamiento, no aplastante o avasallante.

El nuevo Código refuerza la idea de la responsabilidad de los padres, incluso la aumenta, opinó Carla Padrón, para quien hablar de responsabilidad parental es hablar de igualdad de derechos para madres y padres en la educación de sus hijos; solo que se trata de una autoridad que no es autoritarismo.

“Mamá y papá son pilares fundamentales en la formación de los hijos, pero no son quienes deciden quién va a ser”, subrayó y añadió que detrás del autoritarismo lo que existe es una profunda inseguridad y desconfianza de los padres para ejercer la crianza, pues quien confía en sus capacidades de influencia y persuasión no necesita de control absoluto y posesión.

En tanto, Arahazay Lami, especialista de trabajo comunitario del Cenesex, aportó al debate que respetar la autonomía de los menores no significa darles libertades, asunto en el cual centró parte de sus preocupaciones el forista Bermúdez.

“Una crianza basada en el respeto y el amor exige límites saludables”, enfatizó Lami y apuntó que la autonomía tiene que ver con habilitar y enseñar para que los hijos hagan por sí solos aquello que estén en condiciones de hacer, de acuerdo con sus capacidades.

El ejercicio saludable de la autoridad supone tener en cuenta las necesidades básicas de cada etapa del crecimiento, para potenciar la autonomía desde la puesta de límites saludables, asertivos y respetuosos, desde el afecto”, reflexionó.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *