La investigación del Foro Argentino de Periodismo (Fopea) “Periodistas amenazadas”, con entrevistas a 215 argentinas, relevó que el ciento por ciento de las que tienen redes sociales sufrieron violencia digital y que las agresiones provienen de cuentas verificadas y con un esquema organizado para amedrentar. Hay 150 trabajadoras que sufrieron violencia psicológica, 115 violencia institucional y económica, 88 violencia en línea, 84 violencia sexual, 31 violencia laboral y 25 violencia física. La mayoría gana menos que los hombres por igual tarea o tiene que relegar su carrera por la expulsión que se produce por la carga de cuidados. Las madres no son más protegidas, sino más vulnerables a sufrir ataques.

“Las mujeres periodistas en Argentina enfrentan importantes desafíos en sus trayectorias laborales, incluyendo la falta de acceso a puestos jerárquicos, la brecha salarial y las violencias de géneros”, concluye el informe “Periodistas amenazadas”, realizado entre julio y diciembre de 2024 en Argentina y publicado en marzo de 2025. La investigación se basó en un estudio de casos múltiples para conocer la situación de las periodistas en Argentina y con el objetivo de pensar estrategias para la prevención, sanción y erradicación de las violencias de género.

Las violencias contra las periodistas ocurren cada vez más, según el estudio de Fopea. Son minoría quienes consideran que las agresiones suceden igual que siempre (8), mientras que muchas (44) confían en que ahora se visibilizan más. Pero la violencia existe, 187 conocen casos de periodistas que han sufrido violencia psicológica: 156 de hostigamiento, 132 de violencia institucional, 130 de violencia económica, 124 de violencia en línea, 88 de impedimento de ejercicio de responsabilidades laborales por encontrarse en estado de embarazo, parto o puerperio y 71 de violencia física. “Las mujeres embarazadas pierden una neurona”, le dijo un jefe a una compañera que estaba esperando un hijo.

Pero no es solo lo que vieron o les contaron. En la mayoría de los casos es lo que sufrieron en carne propia: 150 sufrieron violencia psicológica, 115 violencia institucional y económica, 88 violencia en línea, 84 violencia sexual, 31 violencia laboral y 25 violencia física. En la mayoría de los casos la maternidad las vuelve más vulnerables a sufrir violencias. En general es porque el trabajo se necesita más, hay que mantener a los hijos e hijas y eso presiona a aguantar situaciones inaguantables. Muchas periodistas (24) tienen otros empleos y 83 son jefas de hogar. Hay que poner el cuerpo porque si ellas no llevan comida a la mesa sus hijos se quedan sin comer.

Violencia online

La violencia digital es el gran problema del momento. Todas las que tienen redes sociales (85) sufrieron violencia en línea y 46 padecieron burlas. No es que sean de cristal, es que la violencia digital es un armado organizado para amedrentar y hacer retroceder la voz de las mujeres públicas. “Empiezo a recibir de parte de usuarios anónimos información sobre mi vida privada que denotaba hasta cierto espionaje si se quiere, insultos, una enorme cantidad de agravios”, cuenta una periodista. La investigación de Fopea delimitó que es un punto relevante que las agresiones surgen de un esquema estructural y no espontáneo u orgánico. Son todas cuentas verificadas, es decir, que alguien les está pagando por esas cuentas, están monetizadas. Hoy hay más dinero para mandar a callar periodistas que dinero para pagarles por su trabajo o para recibir información. Ese desbalance no solo las afecta a ellas, también quiebra la libertad de expresión y debilita la democracia.

El impacto de la violencia afecta la salud de las periodistas y, muy especialmente, la salud mental, traba el desarrollo profesional (mediante censura, amenazas, renuncias o despidos) y afecta la libertad de expresión. El relevamiento fue promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y el Fondo Mundial para la Defensa de los Medios (GMDF). Es importante resaltar que los medios de comunicación están atravesados por crisis económicas, crisis culturales (el modo de consumir noticias a través de plataformas gratuitas), el uso masivo de redes (en el que no se diferencia la información periodística de las opiniones personales o las noticias falsas), la viralización de contenidos de alto impacto pero bajo calidad periodística, la velocidad de las modas (con poca estabilidad profesional), la misoginia en alza y los ataques desenfadados a las periodistas.

Fopea resalta que hay quienes resisten y otras que abandonan. Las que aguantan lo hacen a pesar de la violencia y las que no aguantan lo hacen como consecuencia de la violencia. Pero la violencia no es inocua. No escribe, hace desaparecer la palabra de las mujeres. “En la gran mayoría de los casos las violencias ocurren principalmente en el comienzo de la vida laboral, sus perpetradores son jefes, compañeros de trabajo y funcionarios públicos; la respuesta más habitual es conversar lo acaecido con otras mujeres sin generar denuncias, y se reconoce que las violencias tienen un alto impacto en la salud y en el desarrollo profesional”, destaca la investigación realizada por Judith Calmels, Ileana Hotschewer, Soledad Arreguez, Silvia Noviazky, Mariela Quiroga, Verónica Luetto y Dariana Cedeño, con la coordinación de Cecilia Bazán. El resultado de las violencias es la involución profesional.

Cada vez las periodistas se callan más y ocupan menos lugares. Hay algunas excepcionales en espacios excepcionales. El surgimiento de streamings y plataformas de video podcast está en auge, pero son conducidas mayoritariamente por varones. La extrema derecha de Javier Milei, la oposición a la extrema derecha de Javier Milei y los formatos de entretenimiento que evaden las noticias políticas se parecen en algo: el protagonismo masculino y el desplazamiento de las mujeres a lugares inferiores, secundarios, minoritarios o pintorescos, sus voces quedan como gotas que apenas humedecen en el desierto de voces monocordes y machistas. El problema igual no es el formato, sino que se aprovecha el cambio para sacarse de encima a las que ya habían llegado o volver al monopolio masculino de la palabra, con algunas columnistas, menos periodistas estables y muchísimas menos conductoras.

Barreras

El diagnóstico que arroja el estudio entre 215 periodistas encuestadas (la mayoría con más de 20 años en la profesión y empleos registrados en el ámbito privado en televisión, radios, diarios y medios digitales) es grave, pero tiene solución si hay intención de aportar en pos de la igualdad real. “Las mujeres periodistas entienden que son necesarias diversas acciones: capacitaciones sobre seguridad digital, denuncias públicas, procesos regulados y preestablecidos en protocolos para resguardar a las víctimas”, enumera Fopea. Una amplia mayoría de las entrevistadas (200 entre 215) percibe barreras para que las mujeres puedan acceder a puestos jerárquicos en los medios de comunicación. Las mujeres sí tienen techo. Puede no ser de cristal. Pero el tope no las deja crecer, ni tener aspiraciones. Lo más difícil es lograr estar full life disponible, dispuesta a conectar con el trabajo y a consultar fuentes en la puerta del colegio, la sala de espera de la pediatra, el partido de fútbol del domingo o la preparación de las viandas. Si la conciliación entre la vida familiar y profesional es un sueño pisoteado por la realidad para todas las madres y para las periodistas, en el 2025, es una pesadilla que no tiene despertador sino detonador.

En el periodismo conseguir trabajo es muy difícil (para 70 entrevistadas), bastante difícil (para 66) y difícil (para 45), mantenerlo es un desafío y ser cronista, redactora, columnista y madre es una misión imposible. A veces se suman empleos, se trabaja por vocación o se recorta el trabajo para poder llevar a los hijos e hijas al pediatra o lograr estar en la puerta de la escuela al mediodía o a la tarde. Por eso, de 102 encuestadas que trabaja a tiempo parcial el 61,76 por ciento son las que necesitan tener la agenda liberada para llevar a sus criaturas a hacer acrobacia, inglés, dibujo, acompañar en las tareas escolares, poder ir a ver la actuación en un acto o estar presente en las reuniones de padres (que se nombran en masculino, pero se llenan en femenino).

La mayoría de las mujeres (97) ganan menos que los hombres, no por hacer menos, sino por igual tarea. “Sabía que por ser mina [mujer] o ganaba menos o no me daban el cargo”, explica una periodista argentina. No hay opción frente a un mercado laboral que viene con el impuesto de la desigualdad de género, es aceptar o resignarse. Si ganar menos es grave, ganar menos y sufrir más es gravísimo. “Había diferencias salariales entre varones y mujeres en la redacción en el momento en que todos estos hechos de violencia pasaban”, relata otro testimonio. Las experiencias suman desigualdades y restan dinero en un país donde sobrevivir es complejo, ahorrar es un privilegio e invertir es imposible. Las que cuentan las noticias saben que la desigualdad salarial no es chocolate por la noticia: “Cuando nombraron a mi co-conductor en el noticiero, le asignaron el doble de salario que el mío”.

Retroceso legislativo

El problema es que a las desigualdades estructurales se le suma, ahora, la negación de las desigualdades y la intención de retroceder en pelear para que dejen de existir, enarbolada por el presidente Javier Milei, que desmiente la existencia de la brecha salarial, niega la violencia de género y ataca directamente a periodistas mujeres. ¿Por qué las mujeres dejan de pedir, tocar puertas, reclamar por más lugares, mejores pagos y con más visibilidad? Por el hostigamiento que reciben y que genera silencio, agotamiento, censura, autocensura y corrimiento de lugares de exposición para dejar de sufrir o sufrir menos.

Hoy hay logros que parecen naturales, pero que tuvieron que comunicar las periodistas con los medios en los que trabajaban en contra. Un ejemplo: “Cuando se estaba aprobando la Ley de Fertilización Asistida (…) ya estaba aprobada por el Congreso, pero era reciente, yo llevaba especialistas médicos, y me llamaron de la gerencia diciendo que eso era antinatural, que no tocara esos temas”. En Argentina se sancionó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en 2020 y también una Ley de Fertilización Asistida Igualitaria para parejas de lesbianas, madres solas y otro tipo de familias en 2013, además de otros logros, como el matrimonio igualitario (2010), la Ley de Identidad de Género (2012) y el cupo laboral trans (2021).

El Gobierno de Javier Milei busca derogar la mayoría de las leyes que dan derechos a las mujeres y las disidencias sexuales, las desfinancia o deja de ejecutar. Las periodistas fueron fundamentales para la aprobación de las normas y son centrales para la defensa de los derechos. El silenciamiento a quienes comunican no es solo a un sector, es a las que lograron dar voz a nuevos derechos y que hoy son atacadas por una nueva ultra derecha que tiene como laboratorio de castigo al periodismo feminista a Argentina. Calladitas no se ven más bonitas, pero el autoritarismo y el neo machismo avanzan mejor.

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