¿Dibujar? Una técnica proyectiva para mujeres que han vivido violencia sexual

La violencia de género es un problema social grave, que afecta a millones de mujeres en todo el mundo. La sexual, en particular, deja secuelas psicológicas profundas, como depresión, ansiedad, trastornos de estrés postraumático, anorexia, bulimia y baja autoestima. La utilización de técnicas proyectivas en la intervención psicológica a mujeres que han vivido estas formas de maltrato permite expresar emociones no verbalizadas, por lo cual funciona como una manera de proyectar en el papel lo que se dificulta decir.

Datos de la Organización de las Naciones Unidas refieren que 736 millones de mujeres han sufrido ese flagelo a manos de una pareja o por otras personas; una de cada cuatro jóvenes de entre 15 a 24 años que ha tenido alguna relación íntima lo habrá padecido al llegar a los 25 años, según asevera la economista e investigadora española Judith Vall en su artículo “Violencia de género durante la covid-19”. Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) expone que una de cada cinco niñas ha sufrido abuso sexual infantil en algún momento de su vida. Los datos anteriores evidencian la importancia de tener un arsenal de técnicas para la intervención psicológica.

Lograr que la violencia de género sea erradicada es un objetivo a largo plazo, pero también es necesario contar con herramientas terapéuticas efectivas que permitan aliviar el sufrimiento de las víctimas y facilitar su recuperación. Emplear el dibujo como técnica proyectiva permite el acceso a contenidos emocionales y experiencias subjetivas reprimidas y difíciles, lo que contribuye a desarrollar intervenciones psicológicas más ajustadas y eficaces.

Para el presente estudio se investigó a ocho mujeres cubanas, residentes en La Habana, con historial confirmado de violencia o abuso sexual infantil, que se encuentran en un proceso de intervención psicológica. Estas mujeres tienen edades comprendidas entre los 19 y los 23 años, que las sitúan en un momento vital decisivo: la transición hacia la adultez.

Uno de los criterios de inclusión fue haber vivido una experiencia de violación o abuso sexual identificada como tal. Cuatro de ellas han vivido violación y cuatro abusos sexuales, lo que revela — más allá de las cifras– la compleja naturaleza de la violencia sexual. En cuanto al fenotipo autorreportado, predomina el color de la piel blanca en la mayoría de las participantes. Respecto al estado civil o conyugal, la unión consensual emerge como la situación predominante. Salvo en un caso, todas refieren que aquel acto de agresión constituyó su primera experiencia sexual.

Los dibujos y sus señales

Técnicas proyectivas en atención a violencia sexual
Collage de fragmentos de dibujos donde se evidencian los colores utilizados por las mujeres estudiadas. Foto: Cortesía de la fuente

La ilustración número 1 representa un collage de fragmentos de dibujos donde se evidencian los colores utilizados por las mujeres estudiadas. El reforzamiento del trazo en la cabeza y cabello expresa rumiación obsesiva y conflicto en la identidad sexual. Este gesto gráfico denota dificultad para procesar el trauma y señala una imagen corporal e identidad del yo gravemente comprometidas.

Técnicas proyectivas en atención a violencia sexual
Collage de fragmentos de dibujos donde se evidencian los reforzamientos realizados por las mujeres estudiadas. Foto: Cortesía de la fuente

La ilustración número dos es un collage de fragmentos de dibujos donde se evidencian los reforzamientos realizados por las mujeres estudiadas. La ubicación que predomina de las figuras es izquierda/centro, lo que evidencia una psiquis anclada en el pasado y una sensación de acorralamiento. Su dificultando la proyección futura, mientras que el centro con distorsiones simboliza el sentimiento de estar atrapada. La omisión de rostros indica dificultades comunicativas, vergüenza y culpa interiorizada. Representa el deseo de invisibilidad, retraimiento social y un mecanismo protector. La omisión en el agresor sugiere despersonalización y dificultad para elaborar la figura del victimario.

Técnicas proyectivas en atención a violencia sexual
Collage de fragmentos de dibujos de las mujeres estudiadas, donde se evidencia también la omisión de rostros. Foto: Cortesía de la fuente

Mientras, la ilustración 3 se compone de un collage de fragmentos de dibujos de las mujeres estudiadas, donde se evidencia también la omisión de rostros. El tamaño pequeño de las figuras refleja un yo constreñido y retraído. Esta miniatura expresa introversión, sentimientos de inferioridad y una estrategia de autoprotección ante una amenaza percibida como constante. Los resultados evidencian que la paleta cromática (grafito, rojo, marrón) revela las secuelas emocionales del trauma. El predominio del grafito indica inhibición emocional y vacío afectivo, mientras que el rojo y el marrón simbolizan violencia internalizada y angustia paralizante asociada a la sexualidad.

En general, las participantes dibujan un yo fragmentado, cuya energía se orienta a gestionar el pasado, con una capacidad significativamente limitada y que impacta en su presente.

Existe una responsabilidad doméstica asumida, fundamentalmente por las mujeres, donde siguen siendo ellas las principales responsables del cuidado, acompañamiento y atención, temporal y permanente, de familiares dependientes, todo ello sustentado por la existencia de un patrón tradicional de distribución de tareas que revela desigualdades.

* Claudia Cancio-Bello Ayes es psicóloga y feminista y dirige el Centro de Estudios de Bienestar Psicológico «Alfonso Bernal del Riesgo», de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana. Tali Izquierdo Hernández es psicóloga del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y Yordan Hernández Peña, también psicólogo, trabaja en el Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicada de la Universidad de la Habana (InSTEC).

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