Investigar la violencia es solo el primer paso

La investigación sobre violencia de género necesita dirigirse más hacia la búsqueda de evidencias y propuestas de actuación y no quedar solo en la descripción o en estudiar casos puntuales, coincideron especialistas durante la IV Reunión de Investigadores/as «Construyendo políticas basadas en evidencias científicas».

“Todavía es un reto la implementación de los resultados de los estudios en los escenarios comunitarios”, reconoció a SEMlac la sociológa Caridad Cala Montoya, de la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, a casi 900 kilómetros de la capital cubana.

La profesora fue una de las ponentes del encuentro de especialistas organizado por el Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR), la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes) y el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

A juicio de Cala, también faltan perspectivas interseccionales que crucen las múltiples diversidades que marcan la violencia de género.

Según la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género desarrollada en 2016 (ENIG 2016), es justo la región oriental de Cuba la de mayores aportes en términos de violencia y desigualdades que afectan a las mujeres.

La sistematización de la socióloga santiaguera analizó medio centenar de investigaciones sobre violencia de género y reportes de las Casas de Orientación de la Mujer y la Familia (COMF) en su territorio, entre 2010 y 2020, y estableció que los grupos de personas focalizados en estos estudios son mestizos en más del 50 por ciento.

La mayoría de las víctimas son mujeres o personas LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales y queer) y se concentran en las edades jóvenes o de la adultez media. Los municipios de Santiago de Cuba, Contramaestre y Palma Soriano acumulan las mayores proporciones de casos de violencia, según la muestra analizada.

“La violencia psicológica, la verbal y la física, en ese orden, son las más identificadas, pero también aparecen referencias a la violencia económica y la sexual”, precisó Cala Montoya en su intervención durante el evento.

Según la caracterizaciónn del contexto santiaguero que muestran esas indagaciones, son la familia, la pareja y la comunidad los escenarios donde más frecuentemente ocurre el maltrato, seguidos muy de cerca por los espacios virtuales (ciberviolencia o violencia digital), el trabajo y la escuela.

“Todavía hay carencias importantes en el orden investigativo asociadas al levantamiento y atención de los casos en las comunidades y, en general, a la capacitación de actores que operan en los sitios donde ocurren las violencias”, explicó Cala a SEMlac.

Con ella coincidió Reinier Martín González, psicólogo y profesor del Centro de Bienestar Universitario, de la Universidad Central “Martha Abreu”, de Las Villas, a poco más de 350 kilómetros de la capital.

Otra sistematización, esta vez de 11 investigaciones desarrolladas entre 2017 y 2021, identificó brechas de preparación en el contexto universitario y en la formación curricular, la necesidad de atender la relación entre familia y comunidad para prevenir o atender las violencias y la urgencia de mirar desde enfoques de género a otras formas de violencias para develar desigualdades.

También se evidenciaron los contextos laborales y el escenario digital como espacios emergentes que demandan miradas más detenidas.

La socióloga santiaguera Caridad Cala Montoya considera a la capacitación y la formación de especialistas como piedras angulares de la atención a la violencia de género. Foto SEMLac Cuba

Para Martín González, un desafío urgente es la creciente demanda de atención a la violencia en las comunidades que se está generando desde el gobierno territorial en Villa Clara y otros espacios institucionales.

“A medida que se va tomando conciencia de la existencia de violencia de género en todas sus formas, se evidencia más la necesidad de protocolos integrales de actuación en los lugares donde estas ocurren”, explicó Martín González durante su intervención.

En Santiago de Cuba, esa demanda de atención se cubre actualmente con los equipos de trabajo de las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

“Los equipos multidisplinarios se trasladan a las comunidades más vulnerables o con mayor frecuencia de situaciones de violencia y que han demandado orientación o ayuda”, precisó Cala Montoya.

Por ejemplo, Chicharrones, Los Olmos y Flores, comunidades periféricas del municipio de Santiago de Cuba tipificadas como muy complejas por la diversidad de problemáticas que presentan, han recibido atención por esa vía, abundó la socióloga.

“Pero la necesidad más urgente pasa por la capacitación y la formación del personal que atiende directamente los casos de violencia, como las trabajadoras sociales de la FMC, la policía o la fiscalía”, especificó la socióloga.

La aspiración es que las COMF lleguen a todos los municipios de la provincia –ya existen en Palma Soriano, Contramaestre o El Cobre, por poner algunos ejemplos–, pero ahí se levanta como desafío, también, la formación de especialistas para prestar servicios en esos lugares.

Para Martín González, otra urgencia muy importante pasa por “identificar esas premisas teóricas y metodológicas de investigaciones precedentes para enfocarlas en la prevención de la violencia, o sea, para llegar antes de que el maltrato ocurra”, aseveró.

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