Mostrar lo invisible o cómo contar que los quehaceres domésticos también son trabajo

El trabajo doméstico no remunerado es una realidad que persiste en la sombra y, aunque su papel sea prácticamente invisible para la sociedad, muchos especialistas consideran que es la base de la economía1, incluso en Cuba.

Por solo poner un ejemplo, según datos sistematizados por la economista y feminista ya fallecida Teresa Lara, los servicios domésticos y de cuidados no remunerados representaron aproximadamente el 19,5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2016, una cifra significativa, ya que superó el valor agregado de la industria manufacturera en ese año2.

Sin embargo, estas estadísticas no están oficialmente registradas y, por tanto, es una relación que sigue siendo invisible, tanto para quienes toman decisiones, como para el resto de la sociedad, que aún no reconoce las actividades realizadas para mantener el hogar como trabajo, ni valora su aporte económico.

Las cubanas dedican 64 por ciento más de tiempo al trabajo no remunerado que los hombres3, una evidencia de que la desigualdad persiste y resulta fundamental visibilizarla y trabajar hacia políticas públicas que promuevan la equidad de género en el ámbito familiar y de los cuidados. No reconocer el trabajo doméstico no remunerado tiene implicaciones significativas para la sociedad y las personas involucradas:

• La falta de reconocimiento perpetúa la desigualdad de género. Las mujeres suelen cargar con la mayor parte del trabajo doméstico, lo que limita sus oportunidades en otros ámbitos y refuerza estereotipos de género.

• La invisibilidad del trabajo doméstico fortalece la idea de que es naturalmente responsabilidad de las mujeres. Esto perpetúa estereotipos y dificulta el cambio cultural.

• El trabajo doméstico no remunerado no se refleja en el PIB ni en las estadísticas económicas, lo que subestima su contribución real a la economía. Esto afecta la toma de decisiones y la asignación de recursos.

• Las personas que realizan trabajo doméstico sin reconocimiento pueden experimentar estrés, agotamiento y falta de tiempo para cuidar de sí mismas. Esto afecta su salud mental y física.

• Sin reconocimiento, no se implementan políticas específicas para apoyar a quienes realizan estas tareas. Esto afecta la calidad de vida y la igualdad de oportunidades.

Hasta este punto, especialistas, investigadores y activistas feministas coinciden en lo fundamental. La Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, a través de su objetivo 5.4, enfatiza la necesidad de valorar el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, así como promover la responsabilidad compartida en el hogar y la familia. Sin embargo, aunque se enuncia una y otra vez el papel de la comunicación como espacio que puede tributar al diseño de políticas y modificación de conductas y herencias patriarcales heredadas que influyen en este asunto, poco se habla de cómo conseguirlo.

La visibilización del trabajo doméstico y de cuidados no está de manera explícita en la agenda mediática, con lo cual desde ese ámbito no se desempeña un papel activo en busca de fomentar un diálogo público que conduzca a políticas más justas e inclusivas.

Los medios de comunicación enfrentan desafíos múltiples al abordar el trabajo doméstico no remunerado. Uno, probablemente el más importante pues afecta todo lo demás, es que los periódicos, la radio y la televisión, el periodismo digital y las redes sociales asociadas; o sea, todo el periodismo que hacemos o la información que transmitimos, está atravesada por una construcción cultural machista basada, justamente, en esa división sexual del trabajo que tiende a perpetuar y esconder el problema que nos ocupa.

Investigaciones asociadas a la campaña #ContemosLosCuidados, una iniciativa que se desarrolla en la región latinoamericana desde 2021, encabezada por ONU Mujeres y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), identifican varios ámbitos donde hay brechas en este camino al interior de los medios de comunicación.

Además de perpetuar estereotipos de género y roles tradicionales en los mensajes, también lo hacen en sus rutinas productivas y la organización del trabajo. Si a una mujer periodista, que además es madre, no se le asignan determinadas tareas para que pueda ir a casa temprano, pero ese comportamiento no aplica a los hombres periodistas, difícilmente ese equipo de trabajo reconocerá la necesidad de visibilizar la sobrecarga doméstica sobre hombros femeninos en sus coberturas; con lo cual urge cambiar la forma en que se incorpora la perspectiva de género en las redacciones de noticias. Para ello es imprescindible contar con educación y liderazgo dentro de las redacciones.

¿Qué hacer y cómo conseguirlo?

En primer lugar, los medios de comunicación deben tomar medidas para evitar reforzar los estereotipos de género en todo su trabajo y no solo en aquellos que aborden problemáticas que involucren a las mujeres. Entre ellas se pueden enumerar:

• Educación inclusiva: fomentar la educación desde temprana edad, promoviendo la igualdad de género y cuestionando los roles tradicionales.

• Representación diversa: los medios deben incluir una representación equitativa de género en sus contenidos. Esto implica dar voz a mujeres y hombres en igual medida.

• Conciencia y autocrítica: periodistas, comunicadores y otros profesionales de la información deben aprender a identificar los estereotipos y revisar su enfoque. La autocrítica es esencial para evitar prejuicios inconscientes.

• Liderazgo y políticas: promover el liderazgo femenino en las redacciones y establecer políticas que fomenten la igualdad de género en la cobertura.

• Elección de fuentes: seleccionar fuentes diversas y expertas en el tema, evitando perpetuar roles estereotipados.

En el caso del trabajo doméstico y de cuidados, se deben seguir algunas pautas básicas para garantizar su abordaje desde enfoques de género y derechos. En primer lugar, es esencial reconocer el trabajo doméstico y de cuidados como una labor valiosa y esencial. No se trata solo de tareas rutinarias, sino de contribuciones significativas al bienestar de las familias y la sociedad. Igualmente, el trabajo de cuidados debe considerarse como un derecho humano, lo que implica garantizar condiciones dignas, acceso a servicios públicos y políticas de protección social que apoyen a quienes realizan estas labores.

En tanto, abordar el trabajo doméstico desde una perspectiva de género significa reconocer las desigualdades históricas en la distribución de estas responsabilidades y promover la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en el hogar.

Algunas recomendaciones concretas pueden ayudar a dar los primeros pasos en este camino largo, pero esencial:

• Educación y sensibilización: es fundamental que periodistas y profesionales de los medios estén bien informados sobre la importancia del trabajo doméstico no remunerado. Organizaciones como ONU Mujeres ofrecen recursos educativos que pueden proporcionar una base sólida para entender las implicaciones económicas y sociales de este trabajo.

• Uso de datos y estadísticas contextualizadas: incorporar datos cuantitativos puede ayudar a ilustrar la magnitud del trabajo doméstico no remunerado.

• Historias personales: compartir historias de personas que realizan trabajo doméstico no remunerado puede poner un rostro humano al problema y generar empatía en la audiencia. También pueden resaltar iniciativas y programas locales que buscan revalorizar el trabajo doméstico y de cuidados, como aquellos que promueven la corresponsabilidad en el hogar y la participación activa de los hombres en estas tareas.

• Narrativas inclusivas: fomentar narrativas que incluyan la diversidad de experiencias y realidades de las mujeres, evitando estereotipos y representaciones sesgadas.

• Romper estereotipos: los medios deben esforzarse por romper con los estereotipos de género que perpetúan la desigualdad en la distribución del trabajo doméstico. Esto implica evitar lenguaje y representaciones que refuercen roles de género tradicionales.

• Colaboración con especialistas: establecer colaboraciones con académicos y especialistas en género y trabajo doméstico para enriquecer el contenido con perspectivas locales y análisis profundos.

• Alianzas: formar alianzas con organizaciones de derechos de las mujeres y de género puede proporcionar a los medios acceso a expertos, investigaciones y campañas que apoyen la causa.

• Capacitación continua: los talleres y seminarios de capacitación para periodistas pueden actualizar sus habilidades y conocimientos sobre cómo abordar temas de género y derechos en su reportaje.

• Seguimiento y evaluación: los medios deben realizar un seguimiento de cómo su contenido está impactando la percepción del trabajo doméstico no remunerado y ajustar sus estrategias según sea necesario.

 

1 ONU Mujeres (2018). El trabajo de cuidados: una cuestión de derechos humanos y políticas públicas. En: https://mexico.unwomen.org/sites/default/files/Field Office Mexico/Documentos/Publicaciones/2018/05/LIBRO DE CUIDADOS_Web_2Mayo_final.pdf

2 Lara Junco, T. (2022) “Tiempo, trabajo, género. Los laberintos del cuidado”. Conferencia presentada durante el coloquio internacional Tiempos, destiempos y contratiempos en la historia y la cultura de las mujeres latinoamericanas y caribeñas. 22 al 24 de febrero. La Habana: Casa de las Américas.

3 Ídem

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