Hacia una IA feminista: comunicación crítica y transformación social

En el horizonte de la comunicación feminista, la inteligencia artificial se perfila como un nuevo territorio para la equidad y la justicia social. Este territorio, sin embargo, no es neutral. Las tecnologías digitales y la inteligencia artificial profundizan, perpetúan y amplían las desigualdades y opresiones en el contexto del capitalismo digital, especialmente en América Latina.

En ese camino, el desarrollo tecnológico exige un análisis crítico que cuestione los sesgos estructurales, tal como reflexiona Catherine D’Ignazio en su libro Data Feminism, donde propone una nueva forma de pensar la ciencia de datos y la ética de datos a partir del pensamiento feminista interseccional.

D’Ignazio y Lauren Klein demuestran que los desafíos al binarismo de género pueden ayudar a cuestionar otros sistemas de clasificación jerárquicos. La ciencia de datos y la inteligencia artificial pueden reforzar desigualdades estructurales como el sexismo y el racismo, porque los datos son poder y ese poder se distribuye de manera desigual. El libro ofrece una visión para una ciencia de datos feminista que pueda desafiar el poder y trabajar por la justicia.

Sin embargo, una IA feminista no solo necesita ser inclusiva, también debe incorporar activamente las voces de las comunidades marginadas. Investigaciones como las de Sasha Costanza-Chock en Design Justice sostienen que la justicia en el diseño de estas herramientas implica la participación directa de quienes históricamente han sido excluidos de las decisiones tecnológicas.

Esta profesora del Massachusetts Institute of Technology (MIT, por sus siglas en inglés) explora cómo el diseño puede ser liderado por comunidades marginadas, desmantelar la desigualdad estructural y avanzar hacia la liberación colectiva. Los principios de diseño universalistas y las prácticas que borran a ciertos grupos de personas deben ser reemplazados por enfoques comunitarios.

El rol de la comunicación

En este contexto, la comunicación crítica guía la visión de la IA feminista como una herramienta de transformación social. Esto implica diseñar tecnologías que no solo busquen neutralidad, sino que se comprometan activamente con la justicia de género. Como señala Sophie Toupin en el artículo Shaping Feminist AI, publicado en New Media & Society, es crucial que las inteligencias artificiales se desarrollen de manera reflexiva y participativa. Toupin examina la historia micro de la IA feminista a través de los escritos de Alison Adam y sus estudiantes de posgrado para enriquecer las historias plurales de la IA. Una inteligencia artificial feminista debe imaginar nuevas formas de interacción tecnológica que empoderen a las corporalidades históricamente marginadas.

Por su parte, la periodista argentina Silvina Molina ha reflexionado extensamente sobre la manifestación de las brechas de género en el ámbito tecnológico. Molina sostiene que las desigualdades presentes en la sociedad se replican en el universo digital: “Las brechas online son las mismas que tenemos en el mundo offline”.

Las representaciones, los discursos y los sesgos que históricamente se observaron en los medios y en la vida social también se trasladan a las plataformas tecnológicas. Los sistemas digitales reflejan las decisiones y visiones de quienes los desarrollan, y numerosos estudios recientes destacan discursos discriminatorios o invisibilización de las mujeres en herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT o Grok.

Molina advierte que estas tecnologías también se utilizan para generar ataques o contenidos falsos que afectan principalmente a mujeres. La violencia de género en el entorno digital incluye desde acoso en redes sociales hasta manipulación de imágenes mediante inteligencia artificial.

Ante este panorama, la experta en comunicación de género ha documentado cómo activistas, profesionales y organizaciones feministas en América Latina están utilizando la inteligencia artificial como herramienta de defensa y transformación. En un artículo publicado en El País, describe el creciente movimiento de IA feminista en la región.

Graciela Natansohn, investigadora en feminismo y comunicación de la Universidad Federal de Bahía, define una IA feminista para territorios colonizados, como América Latina y el Caribe, como una tecnología que protege y fomenta modos de vida locales, respeta el tiempo y el territorio de las comunidades que atiende, incluye todos los puntos de vista y no sirva a otros fines que los determinados por esa comunidad.

Mailén García, directora de DataGénero, agrega que la IA feminista es un enfoque político, técnico y ético, que busca transformar profundamente la manera en que se producen, implementan y gobiernan los sistemas de IA. Esta perspectiva no se limita a corregir sesgos evidentes, sino que propone revisar y reimaginar todo el ciclo de vida de la tecnología para que contribuya a la justicia social, la igualdad de género y la sostenibilidad ambiental.

Ejemplos concretos de IA feminista ya existen y demuestran el potencial transformador de esta aproximación. En México, las Defensoras Digitales y AuraChat.Ai desarrollaron Ley Olimpia IA, el primer algoritmo avanzado de inteligencia artificial creado por y para mujeres.

Esta plataforma, entrenada por saberes de psicólogas, abogadas y activistas feministas del Frente Nacional para la Sororidad, brinda atención gratuita y anónima a víctimas de violencia digital. La herramienta ofrece una red de apoyo las 24 horas, con contención psicoemocional, digital, legal y comunitaria.

Ley Olimpia IA fue reconocido como uno de los 50 mejores proyectos de inteligencia artificial a nivel mundial en el AI Action Summit del Paris Peace Forum 2025. Este proyecto nació de la resistencia y es un testimonio del poder de las mujeres para reescribir las reglas del juego en un campo tradicionalmente dominado por hombres. Solo el tres por ciento de los desarrollos de IA en el mundo están a cargo de mujeres, lo que ha resultado en un sesgo de género significativo. Ley Olimpia IA rompe con este patrón.

En Chile, Sof+IA se identifica como un Sistema de Oída Feminista que orienta ante situaciones de maltratos. En Argentina, AymurAI desarrolló un software que anonimiza documentos judiciales sobre violencia de género, haciendo accesibles datos críticos.

La Red Feminista de IA en América Latina y el Caribe ya está en marcha como una iniciativa que sigue la tradición de trabajo en red de los feminismos latinoamericanos. Estos proyectos demuestran que la IA feminista no es un concepto abstracto, sino una práctica concreta que está transformando vidas.

El desafío de construir una inteligencia artificial feminista es también un desafío comunicacional. La comunicación crítica permite visibilizar los sesgos, denunciar las violencias y construir narrativas alternativas.

La IA feminista se convierte así en una herramienta de la transformación social, que no solo busca corregir desigualdades, sino que aspira a reimaginar las relaciones de poder en la sociedad digital. Como sostiene Molina, el problema no está únicamente en el acceso a la tecnología, sino también en el contenido que circula dentro de esas plataformas. Por eso, la lucha por una IA feminista es inseparable de la lucha por una comunicación feminista.

Las tecnologías no son neutrales y los feminismos latinoamericanos están demostrando que es posible diseñar, desarrollar y gobernar sistemas de inteligencia artificial con justicia de género. El camino es largo, pero los primeros pasos ya se están dando.

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