La violencia basada en género (VBG) contra las personas adultas mayores ocurre en la intersección de dos sistemas de discriminación: el patriarcado (por razón de género) y el edadismo (por razón de edad). La Organización Mundial de la Salud estima que 15,7 por ciento de las personas de 60 años y más sufrió algún tipo de abuso en el último año en el ámbito comunitario, cifra que se eleva en los entornos de cuidados a largo plazo. Este fenómeno conduce a graves consecuencias físicas y psicológicas y se prevé su aumento ante el acelerado envejecimiento demográfico global, cuando crecen las personas mayores cuidadoras que cuidan a otras personas mayores. Las macroencuestas internacionales, como la Macroencuesta de España o la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) de México, muestran que en las mujeres de 65 años y más la prevalencia reciente en los últimos 12 meses es menor en comparación con las jóvenes.
Sin embargo, la prevalencia acumulada a lo largo de la vida es muy elevada: en España, 23,4 por ciento de las mujeres de 65 o más años ha sufrido violencia de género por parte de alguna pareja o expareja a lo largo de la vida; en México, 16,3 por ciento de las mujeres mayores de 64 años experimentó algún tipo de violencia de pareja en el último año, según la ENDIREH 2016. Se trata de una violencia de muy larga duración, caracterizada por la convivencia con el agresor durante 20 o 30 años.
Además, existe un marcado subregistro: menos del 10 por ciento de las víctimas en este grupo de edad llega a formalizar una denuncia. En esta cohorte, el maltrato es mayoritariamente intrafamiliar y la figura del agresor se diversifica, apareciendo hijos, nietos o cuidadores como responsables de los abusos.
En Cuba, los datos nacionales sobre VBG contra las personas adultas mayores proceden de la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género (ENIG 2016) y de la Encuesta Nacional de Envejecimiento de la Población (ENEP 2017). Diversos proyectos actuales se proponen actualizar estas cifras, pues las investigaciones territoriales disponibles limitan la caracterización del problema a escala nacional.
No obstante, microestudios recientes confirman que los datos de estas encuestas y sus tendencias, en esencia, se mantienen. El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social reconoce el crecimiento de la violencia intrafamiliar hacia personas mayores en condiciones de vulnerabilidad y lo vincula con la falta de educación y conciencia, el abuso ante limitaciones funcionales y la insuficiencia de acciones preventivas. En el ámbito comunitario se identifican debilidades como el desconocimiento de las rutas de ayuda y barreras emocionales, estructurales y socioculturales para buscar apoyo.
El peso de los estereotipos
La VBG en la vejez suele invisibilizarse por estereotipos que asumen esta etapa como indiferente y que obvian la intersección entre edad y género. Las mujeres llegan a la vejez tras acumular desventajas económicas, brechas salariales y pensiones inferiores o inexistentes, lo que incrementa su dependencia financiera y su vulnerabilidad ante el maltrato patrimonial. Esta invisibilidad se profundiza en tres ámbitos centrales: el límite de edades para considerar a alguien persona mayor hasta una edad determinada, el desgaste por el trabajo de cuidados no remunerado y la asimilación del control como algo normal.
La integración de la ENIG 2016 y la ENEP 2017 ilustra cómo se articulan la feminización de la vejez y los roles patriarcales desde un análisis de género y edadismo.
Se reafirma la persistencia de estereotipos de género en cohortes de mayores. Los datos de la ENIG 2016 revelan una diferencia generacional y de valoraciones en las mujeres de 65 a 74 años frente a la autonomía económica, expresada en la ambigüedad ante la equidad salarial, la internalización del patriarcado y la percepción de discriminación.
En esta encuesta, las mujeres de 65 a 74 años muestran ambigüedad frente a la equidad salarial: aunque muchas afirman que no importa quién gane más, persiste una proporción considerable que asume que el hombre debe ser el proveedor. Esta subordinación económica aceptada constituye la antesala del abuso patrimonial. Además, las mujeres perciben mayor discriminación que los hombres, lo que confirma que la desventaja de género se suma al edadismo en las etapas avanzadas de la vida.
Por su parte, la ENEP 2017 revela que 70 por ciento de las víctimas de maltrato sufre la exclusión de las decisiones familiares, es decir, “no tener en cuenta sus criterios”. Ello despoja a la persona mayor de su autonomía como sujeta de derecho. Una de cada dos personas mayores considera que la sociedad trata mal o con indiferencia a su grupo de edad, lo que evidencia un clima de exclusión. La falta de análisis de género en la ENEP 2017 contribuye a la invisibilidad de la VBG contra las mujeres adultas mayores.
Ideas para trabajar
El impacto cruzado del género y el edadismo puede colocar a algunas mujeres adultas mayores en una situación de alta vulnerabilidad frente al maltrato. Se tiende a normalizar la violencia como consecuencia de la convivencia y de la aceptación de roles tradicionales, y se interioriza la subordinación, lo que dificulta que identifiquen como abusivas conductas como el control económico, la desvalorización o la exclusión de las decisiones familiares. Por otra parte, se vivencia el aislamiento y la dependencia; al sobrevivir generalmente a los cónyuges y enfrentar limitaciones físicas, quedan expuestas a redes de cuidado familiares o no, donde pueden sufrir negligencia, abuso patrimonial o violencia psicológica.
La VBG en las etapas avanzadas de la vida trasciende la agresión física y las formas de maltrato más explícitas. Opera fundamentalmente mediante mecanismos sutiles de exclusión doméstica, pérdida de autonomía, control patrimonial e indiferencia institucional, todos ellos exacerbados por la feminización de la vejez y la acumulación de estereotipos de género a lo largo del ciclo vital.
Para avanzar, las políticas públicas deben articular con firmeza las protecciones legales del Código de las Familias y la Estrategia Integral contra la VBG del Programa Nacional para el Adelanto de la Mujer. Es necesario actualizar los sistemas estadísticos nacionales, eliminar los límites superiores de edad y fortalecer los programas socioeducativos comunitarios.
Asimismo, se requiere consolidar el Sistema Nacional de Cuidado, para ofrecer respiro familiar a las personas cuidadoras, capacitar al personal de salud y de los servicios sociales y públicos en la detección temprana del maltrato, y garantizar rutas de atención y protección jurídica accesibles y oportunas.

