La violencia de género es uno de los problemas sociales más extendidos de nuestra época y su impacto se manifiesta tanto en la vida privada como en la pública. Su carácter universal y su capacidad de expandirse ha impulsado el diseño de investigaciones y de estrategias de intervención, en la búsqueda de alternativas para su prevención y atención en diversas partes del mundo.

Los impactos de la violencia de género no excluyen a las personas por su pertenencia a un credo, etnia, color de la piel, nivel escolar, territorio, ocupación o edad determinada. Sin embargo, el sexo sí constituye un aspecto que no solo determina el modo en que se ejerce, sino la forma en que las prácticas violentas se reproducen o naturalizan. Los hechos violentos psicológicos, físicos, sexuales, patrimoniales, económicos e institucionales se basan en el género.

Las teóricas feministas guardan una armonía, concatenación y unidad en sus definiciones y ponen énfasis en explicar la conexión de esta problemática con el género. Insisten en que el género, además de aludir a la construcción social de la diferencia, devela las jerarquías responsables de las desigualdades de poder en torno al acceso a los recursos, posiciones dentro de la sociedad, oportunidades y encasillamiento de roles.

Es decir, que las relaciones de poder entre los géneros están en la base de todas las acciones y vínculos sociales entre hombres, mujeres y otras identidades genéricas en cualquiera de los ámbitos en que se encuentren. Las diferencias son esgrimidas como argumentos para justificar desigualdades, discriminaciones e injusticias sustentadas en el sistema de dominación patriarcal, que empodera lo masculino como lo privilegiado, lo óptimo y lo superior[i].

Múltiples estudios evidencian la cultura patriarcal como causa fundamental de la violencia de género, como mecanismo para mantener el poder y la supremacía de lo masculino sobre lo femenino. Señala Proveyer[ii] que   “la violencia de género se ejerce sobre todas aquellas personas que no adoptan la normativa de la dominación masculina, independientemente del sexo físico del agresor».  Agrega que “es la violencia del patriarcado como sistema de dominación”

La violencia más conocida y frecuente es la que ejercen los hombres sobre las mujeres, pero también se puede manifestar en las relaciones de parejas de mujeres u hombres homosexuales, donde se reproduce el modelo patriarcal. Son también conocidos los actos de violencia de género contra las personas transexuales y transgénero que se apartan de los modelos de feminidad y masculinidad que la cultura patriarcal ha impuesto[iii].

Aunque la sociedad ha avanzado en la sensibilización respecto a esa problemática, existen aún mitos que frenan la actuación responsable para prevenir y actuar ante este tipo de maltrato.

Importancia de la formación de actores sociales locales

Los actores sociales locales son personas portadoras de esos patrones culturales patriarcales a los cuales nos hemos referido anteriormente y que requieren deconstruir para reconstruir modelos contemporáneos basados en justicia de género. Por el rol que juegan en sus territorios, es preciso que transiten por procesos de desnaturalización de la violencia

En ese sentido, se cree necesaria la consolidación de espacios de reflexión que permitan la toma conciencia para derribar las falsas creencias y mitos que sostienen la violencia basada en género.

Es importante considerar en estos programas, como las personas que se desempeñan en estos roles de actores sociales locales, reproducen estereotipos sexistas arraigados en la cultura cuando intentan construir estrategias metodológicas encaminas al cambio.  Es necesario analizar que el sistema de dominación patriarcal se naturaliza en un cuerpo de creencias, prácticas sociales, valores y normas, así como en las relaciones de género; pues luego, estas creencias y estereotipos se expresan muchas veces en las prácticas institucionales y organizacionales de quienes protagonizan el encargo social de atender la problemática de la violencia de género y/o acompañar a las víctimas

Esto evidencia la complejidad en el tratamiento de este tema y la importancia de comprender que no es posible que actores locales diversos se vinculen a las acciones de prevención y atención a la violencia contra las mujeres, sin antes pasar por procesos de sensibilización y capacitación que les permitan contribuir al desmontaje de esta problemática desde enfoques de género y derecho.

Esta situación ha demostrado la necesidad de desarrollar programas y proyectos educativos, cuyas acciones ponderen y favorezcan la prevención y atención a la violencia de género

El Centro “Oscar Arnulfo Romero” (OAR) es una organización de inspiración cristiana de la sociedad civil cubana que ha apostado por impulsar programas cuya incidencia favorezca la sensibilización, reflexión, el debate, la articulación y el acompañamiento a actores locales en el desarrollo de iniciativas comunitarias.

Tal es el caso del “Programa de Fortalecimiento a Actores Locales en Género y Violencia”, coordinado por OAR desde 2008, que ha acompañado comunidades urbanas y rurales de las diferentes regiones del país, en procesos de desarrollo social, y cuyo objetivo ha estado encaminado a fortalecer capacidades en actores locales en para su articulación frente a la atención de la violencia de género.

Este programa se refiere a las acciones desplegadas con diversos actores sociales locales, pero también a iniciativas comunicacionales contenidas en las campañas de bien público y el acompañamiento metodológico a las experiencias locales. Cuenta con un diseño de formación escalonada mediante cuatro ejes fundamentales: sensibilización, capacitación, capacitación avanzada y acompañamiento a iniciativas.

En cada uno de estos ejes se implementan acciones de aprendizaje que requieren una combinación de maneras de hacer, técnicas y estrategias de capacitación y sensibilización que incidan en la subjetividad de las personas, para que se traduzcan en actuaciones conscientes a partir de su interiorización.

Además, los niveles de capacitación permiten a actores sociales locales apropiarse de herramientas conceptuales y metodológicas de gran valor, para conocer e identificar las características, causas y consecuencias de la violencia de género. Atendiendo a las particularidades del contexto, la realidad que viven las mujeres y formas para su abordaje, que requiere de un acompañamiento sistémico e interdisciplinario.

Al considerar el ámbito local comunitario -un escenario clave para estos procesos-, en el programa han participado diversos actores locales de los sectores de educación, salud, agrícola, de cultura y deporte; pero también del área preventiva, incluyendo el personal de carpeta y jefe de sector de las unidades de policía de los territorios y otras personas de las instituciones vinculadas a la labor social. Líderes comunitarios, religiosos y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) han tenido un papel importante en las redes de apoyo y liderazgo en las comunidades. 

Asimismo, algunas  organizaciones sociales de la sociedad civil[iv] e instituciones académicas nos hemos articulado con tales propósitos 

Es decisivo y urgente desarrollar un trabajo sostenido de influencia a través de procesos de sensibilización, capacitación, acompañamiento, comunicación social, entre otros que puedan no solo ofrecer información, sino que impacten en la toma de conciencia y en la percepción que tienen las personas de estos espacios respecto a la violencia de género.

De ahí la importancia de que todos los programas, proyectos y cualquier acción de influencia que tenga lugar en el espacio comunitario no soslayen la inclusión de elementos que pueden contribuir a la elaboración y aplicación de una estrategia de prevención y atención.

La “Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y la violencia en el escenario familiar”, aprobada por el Consejo de Ministros y que recién entra en vigor tras su publicación en la Gaceta Oficial de la República, puede contribuir a promover cambios en las actitudes, conocimientos y las habilidades de actores locales en sus prácticas sociales y para que toda a la sociedad avance hacia una conciencia de género que ayude a prevenir y atender las violencias.

[i] Hidalgo, Z. (2017) Tesis de maestría en Desarrollo Social. FLACSO-Cuba.

[ii] Proveyer, C. (2012) “El papel de la comunidad y de sus actores sociales en la atención a la violencia de género. La experiencia de los Talleres de Transformación Integral del Barrio (TTIB) en Cuba”. Ediciones CLACSO. Colección Becas de Investigación. 1ra edición Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2014. ISBN 978-987-722-038-4.     

[iii] Águila, Y, Hernández, V. E y Hernández, V.H. (2016). “Las consecuencias de la violencia de género para la salud y formación de los adolescentes”. Rev. Med. Electrón Matanzas, v.38, n.5, p.697-710. Disponible en http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1684-18242016000500005&lng=es&nrm=iso.

[iv] Talleres de Transformación Integral del Barrio (TTIB), Consejo de Iglesias de Cuba, Asociación de la Fraternidad Bautista de Cuba, Centro Cristiano de Reflexión y Dialogo; Centro Cristiano Labastida, Centro Félix Varela,d Centro de Intercambio y Referencia-Iniciativas Comunitarias, Asociación Nacional Agricultores Pequeños; Fundación Antonio Núñez Jiménez; Proyecto Paloma; Asociación Cubana Técnica  Forestal; Asociación Cubana de Producción Animal Proyectos de Desarrollo BIOMAS y PIAL.  

 

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