Redes sociales y violencia: otros rostros del patriarcado

Las redes sociales confirman la existencia de un patriarcado que no baja la guardia ante el activismo feminista. Resulta obvio que si el feminismo encuentra plaza pública en las redes, también lo hacen quienes lo rechazan. Escenario para manifestaciones que van desde el ciberacoso hasta la trata de personas, los entornos virtuales y las redes sociales digitales también son una plataforma para la resistencia violenta hacia los discursos feministas, con todo un abanico de comportamientos sexistas, misóginos, patriarcales. ¿Cómo lo viven periodistas y activistas feministas? ¿Cómo se aprecia este fenómeno desde la investigación? Para responder estas interrogantes, No a la Violencia invitó a la socióloga Iyamira Hernández, de la Universidad de La Habana, y a las periodistas feministas Dailene Dovale, del colectivo Cimarronas y Ania Terrero, coautora de la columna Letras de Género, de Cubadebate.

Las reacciones violentas a los posicionamientos feministas en internet y redes sociales están siendo parte del orden día del escenario comunicativo. Desde su experiencia ¿qué causas le atribuiría a esta situación?

Dailene Dovale: A partir de la experiencia del trabajo con Cimarronas, hemos identificado que las causas de estos comportamientos dependen de dónde surgen esas reacciones violentas y desde qué posturas se levantan. Entre la diversidad de reacciones, hay puntos en común, como pudieran ser los prejuicios hacia los feminismos: el clásico de que el feminismo es lo contrario del machismo, o de que busca una guerra entre hombres y mujeres; hasta otros como los que plantean que el feminismo en Cuba representaría un retroceso. O sea, que el prejuicio es uno de los elementos comunes a los ataques que hemos recibido. En general, esos prejuicios parten de un desconocimiento de la realidad y de una idea preconcebida –y errada- de lo que son las feministas.

También noto, entre las reacciones violentas, que hay personas -sobre todo hombres- que, como no conocen el tema ni son conscientes de las desigualdades de género, cuando se habla de ellas luego nos atacan porque sienten que estamos diciendo algo incorrecto, que ese problema no existe; o porque rechazan el uso del lenguaje inclusivo. Y parten no solo de un prejuicio, sino de negar una realidad. Cuando ellos creen que no existen desigualdades, brechas, entonces al presentar el problema con estadísticas, con datos, la reacción tiende a ser a negar y a enfurecerse, pues se sienten atacados.

Iyamira Hernández: Lo que está sucediendo en el escenario comunicativo –y sobre todo en la redes-,  en relación con los posicionamientos feministas y las reacciones que estos provocan, guarda mucha relación también con el ejercicio de un feminismo radical, que es poco comprendido y poco conocido por parte de los públicos. Los postulados feministas han tenido un desarrollo y una diversificación, y el discurso público debería moverse en torno a ese desarrollo. Lo que quiero decir es que el feminismo nos ayuda a tener diferentes miradas en relación con los asuntos que estemos tratando. Entonces, no para todos los asuntos vale partir desde las posturas de un feminismo radical, porque corremos el riesgo de no ser entendidas y también de dejar fuera a otras poblaciones. Creo que ahí está una parte de las causas del fenómeno de las violencias reactivas en las redes.

Ania Terrero: Es muy frecuente, en internet y las redes sociales, que cuando una mujer con pronunciamientos fuertes defiende posturas políticas, feministas, sociales; cuando muestra tener voz, sea atacada por ello, desde perfiles anónimos o no. Lo más complicado es que no solo se le ataca por estar en contra de las opiniones que pueda tener; sino que cuando se le trolea, esto ocurre desde una perspectiva muy sexista, porque se suele subestimar sus opiniones por el hecho de ser mujer. Se le juzga por ser demasiado extrovertida, por romper el molde y el rol que se le ha asignado históricamente a las mujeres de no opinar, de no hablar demasiado alto y de no ser protagonistas de los espacios públicos. Las redes, que son un espacio tan abierto y con tantas ventajas, pero también un escenario de nuevas formas de violencia y de nuevas formas de acoso, se prestan para ese tipo de prácticas.

¿Cuáles son sus principales manifestaciones y qué efectos pueden derivar de ellas?

DD: Hay ataques que van más a lo personal, insisto, sobre todo de hombres que actúan como trols porque creen que los feminismos les han arrebatado algo en sus vidas, o porque sienten que ahora les es más difícil buscar pareja o llegar a un puesto de trabajo determinado. O sea, se sienten frustrados y encuentran en el feminismo la causa de esos males.

Todas las personas que nos comentan desde un enfoque violento en las redes sociales son hombres. Los ataques van desde reacciones por desconocimiento hasta casos más específicos, en los cuales las líneas de mensaje van de tergiversar todo lo que publicamos en la página. Las intensidades también varían. Hay algunos que dejan un comentario casual, coyuntural, en el momento en que algo les provoca una reacción; pero hay otros que asumen sistemáticamente el papel de tergiversar información y publican en sus perfiles cualquier contenido sensacionalista, aludiendo y etiquetando al colectivo y a otros que en algún momento han asumido posiciones feministas, desde discursos muy ofensivos. Hay una necesidad de hacer propaganda en contra del feminismo. Los prejuicios no se quedan en un comentario casual de un post, sino que van a la producción de contenido y de propaganda en contra del colectivo.

Creo que los efectos son menos fuertes porque los ataques no son individuales, a nombre de nosotras, ni nos los tomamos de esa forma. El efecto que tiene es como un pequeño momento de reflexión, de catarsis y de aprendizaje. Tenemos que seguir a pesar de ellos, pero esas cosas no deberían ocurrir.

IH: Las manifestaciones pueden ser reacciones de “boomerang” violento a posicionamientos desde el feminismo radical que ponen en cuestionamiento los discursos inclusivos; pero también obra de reacciones muy machistas. Sobre todo, están relacionados con la construcción de significaciones sociales matizadas por estereotipos, prejuicios y por discursos violentos: dígase homofóbicos, racistas, sexistas.

Pero también hay personas que, sin saber, o creyendo que están haciendo algo positivo, generan una reacción negativa, pues están relegando de su discurso a otras poblaciones que son muy susceptibles de ser vulneradas. A veces hacemos un abuso de nuestros post y a veces en ellos también cometemos excesos que pueden dar lugar a ciberacoso; luego ese discurso se queda y puede ser utilizado en contra nuestra.

AT: Las mujeres que expresan sus opiniones en estos espacios sufren diferentes formas de ciberacoso. Uno de ellos es el troleo, que es cuando otras personas las atacan en público o privado, desacreditando su opinión; o cuando las acosan a través de mensajes, cuando se burlan de ellas, sobre todo desde perfiles falsos. También cuando intentan cambiar el foco de lo que realmente ella estaba defendiendo en un principio. Porque al intentar el troleo o afectar su autoestima, al poner sobre la mesa a debate otros temas como puede ser si la mujer es más o menos extrovertida o demasiado social, o todo ese tipo de ataque que suele hacerse a periodistas, políticas, activistas, lo que se intenta e desacreditar esas voces. Al final, las redes se convierten en una extensión de la vida real y lo que pasa es que las violencias de género se reinventan ahí y de formas mucho más preocupantes, porque son espacios donde potencialmente los agresores se pueden proteger a través del anonimato, de perfiles falsos y donde, además, no existen todas las normas y medidas para enfrentarlo. No en todos los países hay normativas sobre los entornos virtuales, lo cual hace más difícil de enfrentar ese tipo de violencias.

¿Qué sugeriría para afrontarlo?

DD: Hemos decidido no responder esos ataques y afrontarlos en colectivo; estar atentas para, en caso de que se pueda denunciar, hacerlo. De forma general, creo que lo mejor es autocuidarnos. Queremos contribuir a crear un clima en el cual se entienda la importancia de la igualdad, de la equidad de género; pero en ese camino también tenemos que cuidarnos como colectivo. Hubo un momento en que tuvimos que expulsar a algunos hombres del grupo en Telegram porque lo estaban utilizando para atacarnos y ofendernos en nuestro propio espacio, haciéndonos sentir mal. Por ahora, lo que hemos hecho es aprovechar las herramientas que nos dan las mismas redes sociales para intentar establecer zonas seguras. Y lo otro es que, como constituimos una red de compañerismo, siempre conversamos sobre estos temas y nos ayudamos unas a las otras para que no nos afecte.

Pero creo que deberíamos plantearnos, desde diferentes espacios feministas, establecer cuáles son los puntos en común entre estos llamados trol y sus comportamientos, para poder identificar cómo operar desde las alianzas; tomar medidas más fuertes porque se ve comprometida nuestra dignidad y hasta nuestra salud mental. Será bueno ese debate colectivo de qué hacer ante estas situaciones.

IH: Si vamos a hablar de justicia, de igualdad o de equidad, tenemos que evitar el discurso sexista, no inclusivo, el discurso radical, porque siempre van a quedar fuera de esos enunciados poblaciones vulnerables. Igual no ser demasiado técnicos, porque no nos van a entender y vamos a estar sembrando la semilla para recibir comentarios violentos. No estoy hablando de quienes lo hacen malintencionadamente, sino de aquellos que reaccionan desde el desconocimiento o la incomprensión. Tenemos que tener enfoques y miradas interseccionales.

Tenemos que educar más sobre cómo se opera en las redes, cómo trabajar en espacios para los que no hemos sido formados. Hay que seguir generando cultura. Llegamos tardíamente al desarrollo de las tecnologías de la información y esos procesos de educación son sumamente importantes y necesarios. Cuando uno trabaja temas como estos, también tiene que revisar sus propios mitos y estereotipos, porque también tenemos poco hábito de la polémica. Estudiar más, llegar a consensos en el ámbito académico y hacer conciencia sobre los riesgos.

AT: Tiene que haber normativas legales que regulen ese tipo de comportamientos y que lo enfrenten; políticas de sensibilización y educación sobre el uso de redes sociales y leyes que juzguen ese tipo de violencia.

A nivel individual, la persona que es troleada tiene que establecer determinados límites para proteger su salud mental, para que su autoestima no sufra por esos ataques constantes. Una estrategia muy importante es buscar alianzas, la sororidad con otras mujeres, con otras personas. Es mucho más fácil enfrentarse en los espacios en redes al acoso y a los troles, desde equipos, que como individualidades.

En cierto modo hay que anticiparse a esos potenciales espacios de crisis y polémicas, preparar respuestas para esos posibles argumentos que nos pueden parecer absurdos; pero que no pueden dejarse pasar. Creo que es importante tratar de estudiar los públicos desde donde llegan los ataques e intentar aislar a esos agresores, identificar sus argumentos y comportamientos para responder con más efectividad. Tratar de que los debates ocurran en espacios de confort para nosotras.

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