Un adiós a la “profe Carola”, psicóloga ejemplo de coherencia y valentía

La Habana, octubre, (SEMlac). – Para la psicóloga cubana Carolina Luz de la Torre Molina, una identidad nunca fue una esencia que se recibe, ni un molde que se deposita en otras personas. Era algo que se construye entre mucha gente, mediante participación, diálogo y acción compartida.

Esa convicción, que sostuvo a lo largo de su obra docente e intelectual, atravesó también su manera de enseñar, escribir y de estar en el debate público cubano: pensar con coherencia y sentido de la justicia, y hacerlo en voz alta.

La profesora y doctora en Ciencias Psicológicas, una de las figuras más destacadas de la disciplina en el país, falleció en la mañana de este 16 de octubre, según informó la Sociedad Cubana de Psicología (SCP), que ella presidió y de la cual era Miembro de Honor. Para colegas, estudiantes y amistades, simplemente era “la profe Carola”.

Nacida en Matanzas el 9 de febrero de 1947, se licenció en Psicología en la Universidad de La Habana en 1971 y en 1982 obtuvo el doctorado en la Universidad Estatal Lomonósov, de Moscú. Desde 1983 fue profesora titular de la Facultad de Psicología del Alma Mater en la nación caribeña, donde ejerció la docencia por más de cuatro décadas.

Carolina de la Torre se licenció en Psicología en la Universidad de La Habana en 1971 y obtuvo el doctorado en la Universidad Estatal Lomonósov, de Moscú, en 1982.
Carolina de la Torre se licenció en Psicología en la Universidad de La Habana en 1971 y obtuvo el doctorado en la Universidad Estatal Lomonósov, de Moscú, en 1982. Foto: Tomada del FB de Carolina Luz de la Torre

A lo largo de su carrera impartió Español e Inglés, Psicología General, Psicodiagnóstico de Rorschach, Psicología Clínica, Historia de la Psicología, Psicología Social, Psicología del Aprendizaje y Psicología Política, algunas de ellas también en el extranjero. Realizó, además, intercambios y cursos de superación en universidades de México, Estados Unidos y Gran Bretaña.

Su obra científica abarcó la historia de la psicología, el pensamiento psicológico latinoamericano, la identidad de los cubanos, la clínica y el trabajo grupal. Su texto Psicología latinoamericana: entre la dependencia y la identidad fue premiado por la Academia de Ciencias de Cuba en 1996 y reeditado en Puerto Rico y Argentina; mientras que el libro Las identidades: una mirada desde la psicología obtuvo en 2002 el Premio Nacional de la Crítica Científica y el Catauro, que otorga la Fundación Fernando Ortiz al mejor libro del año.

 Identidades que se construyen

Ese tema, el de las identidades, fue quizás el hilo más constante de su pensamiento. En una entrevista con la revista OnCuba, en 2025, De la Torre explicó que vivimos “sin darnos cuenta, en un mundo impregnado de procesos de identidad”, que abordan muchas disciplinas, aunque, a su juicio, ninguna cuenta con un aparato conceptual tan adecuado para estudiarlos como la psicología.

Para ella, hablar de identidad era hablar de procesos que permiten a un sujeto, individual o colectivo, ser y saberse él mismo: diferenciarse de otros, identificarse con ciertas categorías, desarrollar sentimientos de pertenencia, mirarse reflexivamente y contar su propia continuidad a través de los cambios. Por eso insistía en que “la idea de la identidad como una esencia inamovible es, precisamente, lo opuesto a la identidad como una construcción”.

De ahí se desprendía otra certeza: nadie recibe una identidad ya hecha. Ni siquiera las madres y los padres la depositan en sus hijos, pues estos “se apropian del mundo que les rodea de manera activa y no como recipientes donde depositamos cualidades”.

Cada identidad, explicaba, necesita ser pensada, reconocida y aceptada en la práctica y en la comunicación, algo que enlazaba con la tradición de Lev Vygotski, el psicólogo soviético que concibió el desarrollo humano como un proceso social, mediado por la actividad y el lenguaje.

La profesora recurría también a Edgar Morin, filósofo y sociólogo francés, conocido por su teoría del pensamiento complejo, para recordar que compartir la pertenencia a un grupo facilita la confianza, el respeto y el deseo de colaborar. Sin identidades ni sentimientos de pertenencia, apuntaba, resulta casi imposible llevar a buen término proyectos conjuntos, lo que da la medida de su peso en la vida política y social de un país.

Para ilustrar cómo se construyen, citaba casos diversos: la Unión Europea, que “se fabricó” de manera deliberada; o las identidades nacionales de Cuba y América Latina, forjadas en largos procesos históricos, hasta que un grupo humano logra pensarse y expresarse como un “nosotros”.

Sus libros, entre ellos Las identidades: una mirada desde la psicología y Psicología latinoamericana: entre la dependencia y la identidad, reflejan una trayectoria dedicada a comprender al ser humano y los procesos sociales, desde una mirada crítica.
Sus libros, entre ellos Las identidades: una mirada desde la psicología y Psicología latinoamericana: entre la dependencia y la identidad, reflejan una trayectoria dedicada a comprender al ser humano y los procesos sociales, desde una mirada crítica.  Foto: Tomada de OnCuba

Precisamente porque la identidad se construye y se transforma, cuestionaba el modo en que a veces se habla de ella en los medios y en los discursos públicos. Las referencias a la necesidad de “rescatar”, “mantener” o “conservar” identidades y la “pureza” de las culturas no solo son imposibles, advirtió, sino “hasta inadecuado”.

De la Torre Molina defendía, en cambio, una doble aspiración: la identidad universal del ser humano y, a la vez, la posibilidad de construir o apropiarse de otras, algo que consideraba de las más importantes para la psicología y las ciencias sociales, “si no queremos vivir de espaldas a la realidad”.

Esa idea la llevó, incluso, a pensar su propia pertenencia a la Asamblea de Cineastas Cubanos, un colectivo independiente integrado por realizadores, productores, actores, críticos e investigadores del cine cubano, del cual se sentía parte con orgullo y que entendía como “el resultado de una historia de años” y a la vez de “una necesidad de construcción para la acción”.

 Memoria, justicia y creación

Su mirada crítica no esquivó los pasajes más dolorosos de la historia reciente. En Benjamín. Cuando morir es más sensato que esperar (2018), un testimonio novelado, abordó la etapa de tendencias homofóbicas en la Cuba de los años 60 y las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), mediante el relato de la historia de su hermano, quien se quitó la vida en 1968, marcado por esa experiencia.

Los campos de las UMAP existieron entre 1965 y 1968 y a ellos fueron enviados unos 30.000 hombres cubanos, entre ellos homosexuales, creyentes y otros considerados “desviados sociales”.

Cuando morir es más sensato que esperar (2018), testimonio novelado en el que Carolina de la Torre reconstruye la historia de su hermano y aborda las consecuencias de la homofobia y la represión vividas en Cuba durante la pasada década del sesenta.
Cuando morir es más sensato que esperar (2018), testimonio novelado en el que Carolina de la Torre reconstruye la historia de su hermano y aborda las consecuencias de la homofobia y la represión vividas en Cuba durante la pasada década del sesenta. Foto: Portada del libro

Cuando el libro comenzó a venderse en internet, bajo el sello de la editorial Verbum, de Madrid, la propia autora lo definió en sus perfiles de redes sociales como “un libro de justicia, amor y denuncia”, que solo pretende recordar y honrar a la familia.

Así lo recogió en 2018 un reporte de la agencia IPS. Según esa reseña, el volumen entreteje diarios, poemas, fotos y testimonios de amigos, y aporta datos sobre cómo se documentó y se enfrentó la política sobre la homosexualidad en aquella etapa, incluidas investigaciones de psiquiatras y psicólogos cubanos de la década de los sesenta que sirvieron de base a medidas represivas.

De la Torre consideraba esas políticas “por suerte, superadas en la actualidad”. Para el historiador Rafael Acosta de Arriba, la obra funciona a la vez como homenaje íntimo a un ser querido y como fragmento de la vida social cubana de aquella década.

Carolina de la Torre exploró también el audiovisual. Fue guionista y directora del documental El accidente, donde varias personas –ella entre las protagonistas– narran su experiencia de cómo sobrevivieron a un catastrófico y mortal accidente de aviación. La obra fue seleccionada como mejor guion, mejor documental y premio especial de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) en el Festival Nacional de Video de 2011.

“Una mujer que no temía pensar por sí misma”

En la nota que publicó en su perfil de Facebook, la Sociedad Cubana de Psicología la definió como “una de las más destacadas y valientes psicólogas cubanas, cuya vida y obra dejaron una huella profunda en la ciencia psicológica, la cultura y la sociedad”. La describió como una docente e investigadora de alto nivel, “una intelectual comprometida con su tiempo y una mujer de pensamiento crítico, cuya obra defendió siempre el sentido social de la Psicología”.

La sociedad científica recordó que su legado “trasciende los reconocimientos”: permanece “en las ideas que nos invitó a cuestionar, en las preguntas que nos enseñó a formular y en las generaciones de estudiantes y profesionales a quienes inspiró con su inteligencia, su rigor y su valentía”, suscribe.

Junto a la académica brillante y la profesora querida por sus estudiantes,  “habitaba una mujer de hondos sentimientos y una madre dedicada” a la educación y el bienestar de sus hijos, agrega la nota.

La familia ocupó un lugar esencial en la vida de Carolina Luz de la Torre Molina. Madre y abuela, encontró en sus hijos y nietos una fuente de amor y sentido, una dimensión entrañable de su vida que acompañó su trayectoria como profesora, psicóloga e intelectual.
La familia ocupó un lugar esencial en la vida de Carolina Luz de la Torre Molina. Madre y abuela, encontró en sus hijos y nietos una fuente de amor y sentido, una dimensión entrañable de su vida que acompañó su trayectoria como profesora, psicóloga e intelectual. Foto: Tomada del FB de Carolina Luz de la Torre

Esa dimensión íntima es inseparable de la huella que deja entre quienes la amaron, subraya. “Hoy sentimos su partida como una pérdida profunda. Nos duele su ausencia y nos enorgullece su legado”, expresa el mensaje de la Sociedad Cubana de Psicología, que agradece su magisterio, su obra y “haber contribuido, con tanta lucidez y compromiso, a la historia de la Psicología cubana”.

En redes sociales, las muestras de afecto fueron inmediatas. La psicóloga Annia Almeyda Vázquez recordó que “hay profesoras que te enseñan y otras que te marcan para siempre”, que dejan huellas profundas y se convierten en referentes, “en ideales de lo que una también quisiera llegar a ser”.

De la profe Carola admiró siempre su valía profesional y, “mucho más”, su calidad humana: una mujer “valiente, de pensamiento libre, de palabra precisa y filosa cuando era necesario”, que “no temía pensar por sí misma, ni decir lo que pensaba”. Destacó también su modo de ser madre y el amor y la “hermosa relación” que percibía entre ella y sus hijos.

Roxanne Castellanos Cabrera, doctora en Ciencias Psicológicas y profesora titular de la Universidad de La Habana, la describió como “un referente indiscutible de la Psicología cubana, carismática, apasionada, valiente, enamorada eterna de sus hijos y nietos”. Y agregó: “Nos deja su obra, que es un tesoro para nuestra ciencia y profesión”.

El también psicólogo Jorge Enrique Torralbas Oslé agradeció en redes sociales su legado, mientras que el ensayista, diplomático y profesor cubano Carlos Alzugaray la evocó como “una mujer extraordinaria, de una bondad sin límites”.

La psicóloga y catedrática jubilada de la Universidad de Puerto Rico Blanca Ortiz-Torres, quien dijo contarse entre “las privilegiadas” que la conocieron, la definió como “brillante, honesta, valiente y amorosa” y como una psicóloga “comprometida, rigurosa e inspiradora”.

En opinión de la también psicóloga Norma Tania Rivero, con la partida de la reconocida profesional Cuba pierde “no solo un referente de la Psicología, sino también de la honestidad, el civismo y el compromiso con nuestros destinos”.

Las despedidas de colegas, exalumnas y exalumnos, dentro y fuera de Cuba, dan cuenta de lo que “la profe Carola” significó para el gremio: una maestra que enseñó que el conocimiento también necesita valentía, sensibilidad y pensamiento propio, y cuya obra seguirá siendo punto de partida para quienes hoy ejercen y enseñan la psicología y piensan la nación cubana.

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