Cuando te dejan por otra, te duele, aunque seas una diva de la canción. Lo bueno es que puedes vengarte y que lo vean 136 millones de personas en una semana. Shakira cierra su trilogía sobre el despecho con la sesión #53 de Bizarrap y alborota el mundo.

Aclaraciones previas

Yo opino que la cultura popular debería marcar agenda política. Que la música, el cine, la literatura, el teatro, el humor, todas las artes tendrían que ser motor de la transformación, incomodar, remover, despertar o -al menos- pellizcar conciencias. Pastilla roja por un tubo.

También soy de las que perreo como una idem. Y no siempre con Tribade o Tremenda Jauría. Y me gusta Shakira desde cuando tenía el pelo rojo y llevaba jerséis anchos y pantalón de cuero. Y cantaba “Dónde están los ladrones” (supongo que entonces pagaba a Hacienda).

Y creo, como dice la filósofa argentina Esther Díaz en ese podcast que amo, Pasamos todes, que hay pobres solo porque hay gente vergonzosamente rica. Y que la gente rica no suele serlo honradamente y que nadie tiene tanto talento como para facturar millones de euros en días.

Y la heteronorma y la monogamia me la sudan muchísimo y me parecen pilares de un sistema de explotación de las mujeres y los cuerpos disidentes y que reproducen todas las violencias del capitalismo.

Pero me lo estoy pasando pipa con la sesión #53 de Bizarrap con Shakira. Empiezo la mañana del jueves con un mensaje en un grupo de WhatsApp de amigas: “Irantzu, necesito tu opinión sobre el tema del día”. Y me tomo el café con el tu-u-u-u-uuuuuu.

“PERO ¿QUÉ ES ESTA FANTASÍA?

Me flipa.

Un poco feo lo de hablar de la otra.

Pero está en esa fase”.

Y sigo pensando lo mismo.

Pero esa misma mañana Pikara Magazine me propone escribir sobre esto y pienso que qué trabajo tan divertido y extraño tengo y llevo desde entonces pensando qué contar sobre el salseo del año que no se haya dicho ya. Voy con los hits.

“Qué poco feminista”

Me he dado cuenta de que el feministómetro solo lo usan ya quienes no son feministas. Gente (o señoros) harta de que el movimiento más revolucionario de nuestra época está ambiándolo todo y de que las cosas ya no sean “como antes”.

Shakira no es (ni espero que lo pretenda) una referente del feminismo. Es cantante. Hace pop (todavía existe esto, ¿no?). Canta sobre las caderas, el amor, el desamor, los ojos de su amor, y las lágrimas cuando la deja. Canta “suerte que mis pechos sean pequeños y no los confundas con montañas”. ¿No te gusta? Pues no la escuches, no la bailes, no la pinches.

Pero aplícale el filtro feminista con la misma condescendencia con la que se lo aplicas a Alejandro Sanz, C Tangana, Ibai Llanos o Justin Bieber.

El derecho al despecho (y lo de que la música no existiría sin él)

Shakira está enfadada con razón. Porque tenía un pacto de monogamia y su pareja lo ha roto sin cuidado ninguno. Pocas parejas abiertas o fórmulas relacionales anárquicas pasarían por alto las visitas constantes a la casa común (eso es un básico), que se dejen pillar en un directo, el gorroneo de mermelada y la red de cómplices familiares para el engaño.

Los pactos se cumplen o se renegocian. Y si no estás a gusto, te sientas, hablas y te separas. Y si la lías, pues lo cuentas y asumes las consecuencias. Y si no eres capaz, pues te aguantas si tu ex se cabrea y te pone verde y te pone motes y habla mal de ti con sus amigas y quien quiera escucharla.

Y si tu ex es cantante y ha vendido 80 millones de discos y es amiga de Beyonce y de Rihanna, pues te jodes si te hace una canción. O tres. No habría canciones ni libros ni pelis ni arte si no se usaran las expresiones artísticas para soltar el dolor. Si te han dejado, lo sabes. Te pones Chavela Vargas o Taylor Swift o Anari para saber que alguien ha sentido tanto dolor como tú (tanto enfado como tú) y creerte que -algún día- vas a estar bien.

Pues no he llorado yo cantando “no se puede dedicar el alma a acumular intentos, pesa más la rabia que el cemento…”. Y mira qué bien estoy.

La sororidad

¿Que no me gusta que se meta con ella? Pues no mucho. ¿Que compararla con un coche absurdo o un reloj plebeyo no es nada, comparado con las cosas que todas hemos dicho sobre las personas por las que nos han dejado? Pues también.

Esto de la sororidad sólo lo sacan (como el feministómetro) quienes empiezan a estar incómodos con que las tías llevemos años expresando con creciente naturalidad emociones que no reconocería Ana Karenina. La rabia, la ira, el deseo de venganza, la burla, el descaro, las ganas de ponerse en pie, las ganas de pelea y de joder.

¡Que no les gusta! ¡Que les gustamos llorando y gritando “te necesito” y mirando cómo llueve por la ventana! ¡Pero enfadadas, no! ¡Sarcásticas, no! ¡Con ganas de tirar palante, no!

A nadie le importó la pobre mujer a la que Shakira llamaba “bruja, pedazo de cuero” y comparaba con una escoba y decía que no tenía dos dedos de frente ni sabía lavarse los dientes en 1998, en Si te vas. Seguramente porque, en la misma canción, también decía “sin ti, el mundo ya me da igual”. Y porque en 1998, no les dábamos (tanto) miedo y no intuían que nos íbamos a dar cuenta de que juntas podemos acabar con todas las explotaciones que les permiten tener privilegios.

Si te han dejado por otra, sabes que con quien te tienes que enfadar es con quien ha roto el pacto y -de paso- tu corazón. Pero, si te han dejado por otra, sabes que te vas a comparar con ella. Y tus amigas te dirán que tú eres el Ferrari, el sol, la premium, y ella el Panda, la bombilla, la de Aliexpress. Y tú, las creerás. Y, un día, se te pasará.

Del pantojismo a las risas (como Miley Cirus)

Era difícil hablar de otra cosa el jueves. Y la mayoría de la gente de la que me fío compartía mi (ciertamente inexplicable) entusiasmo por el tema y la repercusión que estaba teniendo. ¿Y por qué una panda de bolleras feministas que miran de reojo al mainstream se apuntan al club de fans de esa señora divina, pero que lleva unos años pegajosa con el futbolista? Pues porque nos encanta una señora enfadada que hace risas de sus males y que dice lo que le apetece sin preocuparse de parecer buena. Porque nos sentimos identificadas con una mujer que está hasta el coño y no se hunde y se burla de sí misma y de sus dramas y entiende que no es ella, que ha cambiado sola. Que estamos cambiando (lo) todo, todas.

Después de años de baladas, de “después de ti, la pared”, de declaraciones moñas que si los ojos azules, que si la bicicleta, a Shaki le hacen los recados Kieslowski y Coppola y se marca una trilogía que nos deja para la eternidad las tres fases del heterodrama:

– Puto falso cabrón (“Te felicito, qué bien actúas”).

– No pasa nada, yo tampoco era feliz (“No fue culpa tuya, ni tampoco mía, fue culpa de la monotonía”).

– Pringao, no sabes lo que te has perdido, estoy hecha una reina y guapísima y me voy a reir yo la última (“Te creiste que me heriste, pero me hiciste más dura”).

Siempre hemos sido de Paquita La Del Barrio, porque todas conocemos ratas de dos patas, adefesios malhechos y, ay, cuánto daño nos han hecho. Y ella canta el desprecio, el cabreo y el asco por los que nos hieren como nadie. Y, mira, las “otras” no salen. Pues, como no era suficiente, Paqui se casca el mejor vídeo del año diciéndole a Shaki que no “se amachicopale”. Y ya todo está en su sitio. Otra de las nuestras.

La “señora de 50 años”

“Yo valgo por dos de 22”. Eso solo lo dice una señora. Que por fresca que esté sabe del timo de la belleza y de los “juegos del hambre” y de la batalla contra el tiempo en la que nos enrola el sistema a todas, pero mucho más a las que tienen vídeos con 50 millones de visitas en un día.

Mira, envejecer es una mierda, porque tú sigues siendo la misma por dentro, pero tu cara y tu cuerpo se empeñan en que te reconozcas cada vez menos y el entorno se empeña en quitarte el derecho a seguir siendo la misma.

Mira, cari, tengo una mala noticia (o igual es buena, la verdad): con la edad no se te pasa. Te enamoras, te dejan, te duele, te crees que nunca vas a volver a querer, te tiras a la piscina, te la pegas, sufres, haces el ridículo, lloras de felicidad y de abandono.

Algo hemos aprendido, porque nos hemos leído a Mari Luz Esteban y a Brigitte Vasallo, pero si te dejan por una que tiene la mitad de años que tú, te sientes vieja y te enfadas porque ahora eres más divertida, eres más sabia, follas mejor, tienes más historias y sabes reconocer las heridas que se van a curar. Y las que no. Y no entiendes que prefieran lo nuevo a todo lo que has vivido.

Espero que “la de 22” esté bien, porque tiene que estar flipando. Pero le diría que piense con quién se está vinculando. Que un hombre que ha roto el pacto y la confianza con la mujer con la que lleva diez años y dos hijos, que no se ha tomado ni la molestia de que no le pillen, no la ha cuidado nada a ella tampoco. Y no parece ser de los que aprenden, ya lo dice Shakira: “Mucho gimnasio, pero trabaja el cerebro un poquito también”.

Las mujeres ya no lloran, las mujeres… Tenemos amigas y escribimos la letra de nuestras vidas.

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