Historias tras huracanes
Desde septiembre pasado cambió la vida de Miguelito, un niño de siete años, tímido ante las preguntas y con una sonrisa escasa de dientes, por la edad. A partir de ese momento, ni su escuela es su escuela ni su casa, su casa.
«Desde que pasó el huracán Ike, que tumbó el techo de la escuela, damos clases en otro lugar, media jornada, porque allí hay otros niños. La casa se cayó, pero mi papá construyó una más chiquita hasta que hagan otra más fuerte», dice sin tristeza, porque el espacio donde solo se conserva el piso le sirve hoy de terreno de juegos, sin los peligros de la calle.Leer más

