La Inteligencia Artificial (IA) se ha integrado en los más diversos ámbitos de la vida social, prometiendo eficiencia y objetividad. Sin embargo, lejos de ser una herramienta neutral, la IA actúa como un espejo que refleja y -con frecuencia- amplifica los sesgos estructurales de las sociedades que la crean. Para las comunidades africanas y afrodiaspóricas, este fenómeno no es un simple error técnico, sino la reconfiguración contemporánea de un patrón histórico de opresión: el epistemicidio. Siguiendo al sociólogo puetorriqueño Ramón Grosfoguel, este concepto denuncia cómo los sistemas de conocimiento no hegemónicos son sistemáticamente invisibilizados con fines de exterminio.
Los algoritmos de la IA Generativa (IAG), entrenados predominantemente con datos eurocéntricos y anglófonos, no solo omiten las epistemologías de nuestros pueblos, sino que replican lógicas racistas y patriarcales de manera sistémica. Esto se evidencia en casos documentados que van desde el software de reconocimiento facial con menor precisión para mujeres de piel oscura y los algoritmos de contratación que penalizan currículums con referencias a la cultura negra, hasta un epistemicidio manifiesto en asistentes de IA para generar imágenes que se muestran incapaces de reproducir símbolos sagrados de culturas africanas y afrodiaspóricas —como los Adinkra— (imagen 1), mientras que representan sin problemas iconografías occidentales (imagen 2). Esta reproducción tecnológica de la desigualdad y el borrado cultural constituye, en esencia, un epistemicidio digital.
Frente a esta amenaza se vislumbran dos caminos de resistencia complementarios. El primero, de carácter estructural, aboga por una transformación radical en el desarrollo y la gobernanza de la IA, exigiendo diversidad en los equipos de programación, transparencia algorítmica y el impulso de una Inteligencia Artificial Interseccional. Si bien este camino es fundamental, su implementación es lenta y depende de la voluntad política y económica de grandes corporaciones y Estados.
Existe, sin embargo, una segunda vía de acción, inmediata y accesible: el camino cimarrón. Esta ruta de resistencia popular se materializa en el acto consciente y político de diseñar prompts afroepistémicos. Mientras que el camino estructural busca cambiar el sistema desde sus cimientos, el camino cimarrón se enfoca en subvertir el sistema desde dentro, utilizando sus propias herramientas. Para la mayoría de las personas usuarias, que no somos desarrolladoras ni tenemos injerencia en la arquitectura de estos sistemas, el prompt se convierte en nuestro campo de batalla epistémico.
Nos centraremos entonces en explorar este segundo camino. A partir del marco teórico-metodológico de la afroepistemología —con sus pilares de memoria ancestral, cimarronaje intelectual e interseccionalidad— y apoyándonos en las contribuciones de pensadores como Grosfoguel, el intelectual y activista venezolano Jesús (Chucho) García y la académica feminista nigeriana Oyeronke Oyěwùmí, analizaremos cómo la redacción de prompts puede dejar de ser una mera instrucción técnica para convertirse en un acto de descolonización digital. Nuestro objetivo es demostrar que, mediante iteraciones críticas, podemos instruir a la IA para que reconozca, amplifique y teja narrativas basadas en saberes históricamente suprimidos, contribuyendo así a la construcción de un futuro donde la tecnología no nos silencie, sino que amplifique nuestras voces.
El camino cimarrón y la metodología del prompt afroepistémico
Frente a la arquitectura sesgada de la IA, la afroepistemología emerge no solo como crítica, sino como una metodología de acción. Este camino se construye sobre aportes teóricos fundamentales, que convierten el diseño de prompts en un acto de cimarronaje intelectual.
Para el diseño de prompts afroepistémicos hemos sustentado nuestras reflexiones en autores como Jesús (Chucho) García, Grosfoguel, Oyeronke Oyěwùmí y otros. Si bien sus estudios no se circunscriben al diseño de las indicaciones que se le dan a la Inteligencia Artificial Generativa, realizan aportes fundamentales en cuanto a la producción y circulación del conocimiento de los pueblos africanos y afrodiaspóricos. Grosfoguel introduce un término esencial: epistemicidio/genocidio, el cuál describe cómo la modernidad europea, mediante procesos como la colonización y la esclavitud, se encargó de invisibilizar, con pretensiones de exterminio, los saberes de las personas esclavizadas y sus descendientes. Es esta una idea que estará presente en el resto de los autores de una manera u otra. Es importante porque nos permite entender que una indicación verdaderamente eficaz para la IA tiene que romper con esa lógica genocida que pretende exterminarnos a través del ocultamiento de nuestros saberes y de nuestras formas de producir y poner en circulación nuestros conocimientos sobre nosotras mismas.
Esta concepción de Grosfoguel es el diagnóstico del problema que enfrentamos. Nos revela que la omisión de nuestros saberes por parte de la IA no es un vacío casual, sino la continuidad de una lógica genocida que busca el exterminio cognitivo. Por ello, un prompt verdaderamente eficaz debe romper conscientemente con esta lógica y exigirle a la IA que visibilice y reproduzca los saberes que históricamente han sido suprimidos. El prompt se convierte así en un antídoto digital.
Por su parte, Jesús (Chucho) García realiza un aporte sustancial, cuando plantea en Cimarronaje, afroepistemología y soberanía intelectual:
la necesidad de diseñar una metódica que nos permita la construcción de conocimientos a partir de: una descodificación de documentos históricos, que se desarrolle desde la localización (cumbes, quilombos, palenques) y la confrontación con la oralidad sobre el terreno. La reconceptualización de los tradicionalistas para abordar autoconceptos y desplazar viejos conceptos como “folclor o cultura popular” que en el fondo denigran nuestra producción intelectual. ¿Cómo nuestra gente llama las cosas, los hechos? A partir de allí iniciar un proceso de legitimación conjuntamente con esos saberes establecidos tradicionalmente por los y las afrodescendientes. Construir conocimiento “desde adentro”. Esto significa crear las condiciones para que nosotros como sujetos abramos uno de nosotros mismo y bajo el consenso y el disenso comencemos a realizar nuevas prácticas conceptuales y sociales.
Sin dudas, este es un posicionamiento teórico-político de valor incalculable para el diseño de prompts que los grandes centros de poder, dueños de las IA y de la Ingeniería de Prompt, desconocen o fingen desconocer en sus guías y cursos de YouTube. Su aporte es la brújula práctica de nuestra resistencia. Esto implica, en el diseño del prompt, dos movimientos clave:
— Descodificación y localización: instruir a la IA para que relea la historia desde la geografía de la resistencia (cumbes, quilombos, palenques) y confronte sus datos con la oralidad. Un prompt colonizado pregunta «sobre esclavos»; un prompt cimarrón exige una narración «desde la voz de un quilombola de Palmares en 1640».
— Reconceptualización: ordenar a la IA que desplace conceptos denigrantes como «folclor» o «cultura popular» y utilice, en su lugar, los autoconceptos y la terminología legitimada por nuestras comunidades. Se trata de una lucha por los significantes dentro del lenguaje de la IA.
A este importantísimo llamado de García es necesario sumar varios elementos que han venido construyéndose desde otras luchas, como las de las mujeres negras. En este punto, considero que es trascendental la visión de Oyeronke Oyěwùmí sobre la imperialización de la categoría género, pues nos obliga a un segundo acto de rebeldía afroepistémica. Se trata de reconocer las particularidades de las relaciones de género en los espacios geográficos en los que se producen. Esta es una manera de desoccidentalizar la producción de conocimientos sobre nosotras mismas y recuperar una idea vital que ha estado en el feminismo negro: las mujeres negras sufren opresiones distintas en relación con los hombres negros, e incluso con las mujeres blancas que suelen encontrarse en una posición superior. Por tanto, un prompt afroepistémico debe ser capaz de instruir a la IA para que reconozca las particularidades de las relaciones de género, familia y poder en los contextos africanos y afrodiaspóricos, evitando imponer la matriz binaria y colonial occidental. Esto asegura que nuestra resistencia no reproduzca, a su vez, nuevas formas de opresión.
La praxis del prompt: estructura e iteración crítica
Esta tríada metodológica —el diagnóstico del epistemicidio, el cimarronaje intelectual y la crítica a la colonialidad del género— no se queda en el plano abstracto. Por el contrario, encuentra su campo de acción directo en la praxis cotidiana del prompt. La estructura convencional de la ingeniería de prompts (Rol, Contexto, Instrucciones, Emoción) se convierte, así, en un andamiaje que podemos subvertir desde dentro para materializar nuestra resistencia.
Cada componente de la estructura del prompt se redefine cuando se impregna de un enfoque afroepistémico:
- Rol como posición enunciativa: el «rol» deja de ser un simple disfraz o una figura de autoridad técnica. Se transforma en la encarnación de una autoridad epistémica situada. Se desplaza al «experto de Harvard» —figura que representa el canon occidental— por la «anciana del pueblo Akan» o la «rezadeira de Candomblé». Este cambio no es cosmético: es un acto de cimarronaje intelectual que sitúa el origen del saber en la comunidad y la ancestralidad, tal como lo exige García.
- Contexto con enfoque afroepistémico: el «contexto» es el espacio crucial donde se explicita la brújula política y se introduce el enfoque epistémico. Aquí se responde al «por qué» y el «para qué» descolonizador. Es donde se instruye a la IA para que su salida no sea un producto genérico, sino un acto de reparación. Un contexto afroepistémico podría ser: «Este cuento será leído por niñas afrocolombianas para fortalecer su autoestima y conectar con la resistencia cimarrona de San Basilio de Palenque». En esta línea, se incorporan los aportes de Oyěwùmí y el feminismo negro, al especificar la audiencia (niñas afrocolombianas) y el objetivo (fortalecimiento identitario).
- Instrucciones como acciones descolonizadoras: las «instrucciones» son las acciones concretas que, guiadas por el rol y el contexto, materializan el enfoque. Deben ser precisas y pedir el uso de marcos conceptuales propios, libres de la terminología denigrante que critica García. En lugar de «habla de la música folclórica afro», la instrucción debe ser: «explica el papel del bullerengue como práctica de resistencia y memoria en las comunidades palenqueras, utilizando el concepto de ‘cimarronaje sonoro'». Esto ejecuta la reconceptualización y lucha por los significantes.
Es importante recordar que el primer prompt rara vez es suficiente. La arquitectura sesgada de la IA suele responder, incluso, a instrucciones bien planteadas, con estereotipos u omisiones. Es aquí donde, armadas de conocimiento afroepistémico, debemos iniciar una iteración crítica: un diálogo correctivo y pedagógico con el algoritmo. Este proceso de feedback no es un mero perfeccionamiento técnico en pos de una «mejor» respuesta; es un acto de pedagogía forzada, donde corregimos a la IA y le imponemos nuestros códigos culturales específicos. Es la metodología del cimarronaje en acción, desmontando el epistemicidio, prompt a prompt.
Hacia un futuro digital no hegemónico: la insurgencia del prompt
La Inteligencia Artificial, lejos de ser un campo neutral, se ha erigido como un nuevo territorio de colonización epistémica. Para las comunidades africanas y afrodiaspóricas, su funcionamiento no es un error técnico, sino la reconfiguración del epistemicidio denunciado por Grosfoguel: un genocidio cognitivo que se actualiza en algoritmos que borran nuestros símbolos, simplifican nuestras luchas y silencian nuestras voces.

Frente a este panorama, se impone la existencia y defensa de un camino cimarrón de resistencia, accesible y potente, que no espera por la transformación estructural de la industria tecnológica, sino que actúa desde ya con las herramientas a nuestro alcance. A través del marco teórico-metodológico de la afroepistemología y apoyándonos en las contribuciones fundamentales de García, Oyěwùmí y el propio Grosfoguel, hemos demostrado que el prompt puede —y debe— dejar de ser una mera instrucción técnica para convertirse en un acto político de descolonización digital.
La praxis del prompt afroepistémico se revela así como la materialización concreta del cimarronaje intelectual. Al subvertir la estructura convencional del prompt —impregnando el rol, el contexto y las instrucciones de memoria ancestral, reconceptualización y una interseccionalidad radical—, forzamos a la IA a salir de su marco eurocéntrico. El proceso de iteraciones críticas consolida este acto como una pedagogía forzada, un diálogo correctivo que entrena al algoritmo en nuestros códigos culturales específicos, desde los Adinkra hasta los Vevé, y desde la oralidad de los palenques hasta la desoccidentalización de categorías como el género.
Cada prompt afroepistémico es, por tanto, un acto de insurgencia. Es la prueba de que, aun cuando no seamos las dueñas de los algoritmos, podemos ser arquitectas de su reeducación. La tarea que nos queda es clara: continuar tejiendo, desde este quehacer consciente, un futuro digital donde la tecnología no amplifique las voces hegemónicas, sino que se convierta en un eco resonante de nuestras memorias y un altavoz para la construcción de nuestros propios caminos.

