Mujeres y religión en los medios de prensa

Poco se aborda cómo los medios de comunicación presentan historias sobre religión. Si bien la gran mayoría de los países del mundo tienen sociedades compuestas por diversos grupos religiosos, el tratamiento mediático sobre ellos, comúnmente, no se orienta a la convivencia armónica en el espacio público o no se fundamenta en esa cultura de la diversidad que los medios deberían, sobre todo desde un sentido deontológico y, por tanto, ético, deconstruir.

La aproximación a la religión, sea la que sea, tiende a estar signada por estereotipos a menudo extendidos sobre la práctica y la creencia en cuestión. Cuando la aproximación es específicamente a las mujeres religiosas, o su imagen es utilizada para graficar, fundamentar, servir a líneas argumentales que nada tienen que ver con la realidad particular de ellas y sus comunidades, la manera de representarlas adquiere un carácter generalizador, sustancialista y esencialista de quiénes son, determinada por una característica que supuestamente condiciona su creencia.

Lo cierto es que las lógicas de pensamiento que definen las dinámicas de producción y la cultura de los medios no necesariamente operan a nivel consciente, pero operan de igual manera. Grupos fundamentalistas evangélicos puede ser graficados con cualquier imagen del interior de una iglesia; mujeres africanas ignorantes es una imagen de algún baile ritual en una zona X rural de África, y mujeres con velo sirven automáticamente para hablar de opresión. Sí, efectivamente, la presentación de la mujer religiosa es muy frecuentemente instrumentalizada para hablar de problemáticas sociales que bien pueden no representarlas. El interés de los medios, en estos casos, no está en contar realidades particulares.

A partir de aquí, el problema adquiere otras dimensiones: por un lado, el hecho de que el tema no esté en la agenda editorial de un medio implica que un acercamiento tiende más a la instrumentalización, como parte de un relato mayor, que el de otros asuntos que pudieran denominarse como “temas sombrilla”. Pongamos el ejemplo del turismo en cualquier área o país de América Latina o el Caribe; Cuba es un buen caso. Si se habla de turismo local, puede encontrarse que hay imágenes y referencias a la religión yoruba desde lo exótico, lo “turisteable”, lo visible a ojos desconocedores. Intentar descifrar el futuro con una mujer que tira cartas vestida con satén colorido es una experiencia turística, un plano apenas en un publirreportaje, quizá, sobre una ciudad. Esto no dice que la historia de las mujeres que trabajan de esta manera sea de interés para la agenda del medio, sino que un abordaje reduccionista, simplista y esencialista de su cotidianidad ha caído bajo un tema sombrilla.

El caso de la representación de las mujeres musulmanas es, posiblemente, de los más estudiados por la academia en no pocos países, por las lógicas históricas, políticas y geopolíticas que lo determinan. Una mujer musulmana con velo representa —desde el estereotipo y el prejuicio— una mujer oprimida, sin voz, sin capacidad de decisión, en primera instancia; luego, puede significar ignorancia, pobreza y barbarie. Esto, porque no está exento de cómo se ha construido el relato en torno al otro, ese otro de Oriente Medio, por los grandes mass media occidentales que hoy presentan a la mujer musulmana con velo palestina, como un daño colateral en la lucha contra Hamás, o como parte de una especie infra-humana, despojada de ser potencial para la empatía, la comprensión, el salvar una vida; alguien, a fin de cuentas, que merece dignidad y respeto.

Eso, todo, conseguido solo con la imagen de una mujer con velo.

Varias lógicas determinan que esta sea la situación actual en muchos medios del mundo. Por un lado, está la agenda editorial y su carácter ideológico —la representación de la mujer musulmana antedicha es más fácil encontrarla en un medio de derecha, que en uno de izquierda o centroizquierda—; por otro, la carencia de un enfoque no desde la otredad, sino desde la alteridad, que no debería ser solo un enfoque filosófico, sino un principio dentro del periodismo para acercarse a realidades que son ajenas o lejanas a quienes producen las historias sobre ellas.

Aunque un tratamiento periodístico que intenta posicionarse desde la alteridad siempre estará condicionado por el lugar de enunciación, implica ponerse en el lugar del otro, lo cual, al menos como principio para aproximarse a un tema, podría ser el eje de cambio para transformar los estereotipos que reproducen los medios cuando producen contenido sobre mujeres religiosas; teniendo en cuenta, además, la perspectiva de la interseccionalidad y para no reproducir dinámicas que resulten en discriminatorias.

Recordemos que una mujer puede sufrir formas de violencia, por ejemplo, por su condición de mujer pobre, negra, religiosa, etc. Ningún relato puede ser esencialista para hablar de quiénes ellas son.

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