Estudios de género, ¿al margen de la academia?

Por Dixie Edith / dixie@enet.cu

Incorporar el aprendizaje de las teorías de género a los estudios universitarios resulta imprescindible para formar profesionales con miradas más justas y democráticas acerca de la realidad social, coinciden especialistas de diferentes disciplinas en Cuba.

Para la doctora Reina Fleitas, socióloga y presidenta de la Comisión Nacional de carrera de su especialidad en la isla, es muy importante la definición de una estrategia curricular vinculada a los temas de género en la enseñanza superior.

«Es decisivo en el área docente de pregrado, pues ahí se forman los hombres y mujeres que serán futuros profesionales de ramas diversas. Pero además, se necesita un programa rector, porque de lo contrario el tema se coloca según sensibilidades particulares, lo cual no garantiza su estabilidad y profundidad», explicó a SEMlac.

Aunque los estudios de género y con perspectiva feminista han crecido en la última década en el país, aún se mantienen concentrados en actividades de postgrado, fundamentalmente como proyectos de investigación, temas de maestrías y de algunos doctorados.

La doctora Rosa María Reyes Bravo, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente, considera inexplicable que una carrera como Psicología, por ejemplo, no tenga incorporado en sus currículos obligatorios una asignatura de género, a pesar de ser una de las facultades donde más se aborda el asunto desde la investigación.

«Existe un tema en la asignatura de Personalidad, gracias a los buenos oficios de la doctora Lourdes Fernández, quien batalló mucho por su inclusión, pero no mucho más, al menos en el diseño general de la especialidad», señaló a SEMlac la también coordinadora del Grupo de Estudios de Género «Equidad».

Es la facultad de Psicología de la Universidad de la Habana, además, la que acoge a la Cátedra de la Mujer, espacio desde donde se edita la Maestría de Género, unos de los más completos espacios de superación de postgrado en estos temas.

Reyes explicó que es la Universidad de la Habana, generalmente, el centro rector de los planes de estudios para casi todas las carreras y queda «mucho androcentrismo» en sus predios. Sin embargo, cada institución homóloga del resto del país puede modificar hasta un 10 por ciento de los contenidos de los currículos.

Así, en la casa de altos estudios del oriente, con sede en Santiago de Cuba, a unos 860 kilómetros al este de la capital, se han incluido temas de género en asignaturas como Psicología Social, Comunitaria y de la Salud.

«Pero, además, contamos con dos materias optativas en cuarto y quinto año: Género y subjetividad y Género y ciencia», precisó Reyes.
«Cada año se incorporan entre 15 y 20 muchachas y muchachos, de unos sesenta que integran como promedio la matrícula total. Eso ha permitido que se multipliquen los trabajos de diploma con enfoque de género», agregó.

En opinión del doctor en Ciencias Julio César Gonzáles Pagés, investigador y profesor de la Facultad de Historia de la Universidad de la Habana, el machismo y la falta de información son barreras que se alzan para la inclusión de estos contenidos en la enseñanza superior.

«Existe resistencia y no pocas confusiones teóricas que llevan a minimizar la importancia de estos estudios», ha explicado el también coordinador de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM).

Esta iniciativa de activismo social e investigación incluye a estudiantes de diversas especialidades, entre ellas la de Historia, a pesar de que esta es una de las carreras que tampoco incorpora las teorías de género de manera obligatoria en su currículo docente.

Otras como Filosofía, Derecho, Comunicación Social, Periodismo, además de las especialidades pedagógicas, por solo citar algunos ejemplos, suman asignaturas optativas o electivas en las diferentes sedes universitarias del país, pero sin una norma común.

La adopción de estrategias para la inserción de los estudios de género en los altos estudios en Cuba resultó el principal acuerdo del IX Taller Nacional de Cátedras de la Mujer y Género, que se celebró a fines de octubre de 2012 en la capital cubana.

Organizado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y su Centro de Estudios de la Mujer (CEM), y con la presencia de Ricardo Alarcón, ministro de Educación Superior, sus participantes abogaron por incorporar la formación de género como una directriz en este nivel de formación, para que luego pueda ser adaptada a carreras y espacios particulares.

Sociología: una buena práctica

La experiencia de la carrera de Sociología podría ser una experiencia a tomar en cuenta para su extensión a otros espacios docentes universitarios.
Ya desde los años noventa del pasado siglo, en el año 1992, el departamento de Sociología de la Universidad de La Habana incorporó las investigaciones acerca de la situación de las mujeres.

«En ese momento se hablaba aún de mujer y no de estudios de género, porque todavía no estábamos relacionadas con los avances que se habían producido en otras latitudes en la investigación feminista», precisó la doctora Reina Fleitas.

Pero en un corto período de tiempo la especialidad fue acumulando resultados de investigación que permitieron «ir transitando hacia la asimilación de la Teoría de Género desde una perspectiva crítica y marxista», detalló.

En 1994 se planificó la primera asignatura optativa, Estudios de Género, como parte del llamado Plan C de estudios (hoy casi todas las universidades transitan por el Plan D); y poco a poco se incrementó la cantidad de asignaturas que incorporan el análisis de género.

«Con la transición al Plan D se aprovechó para incorporar la asignatura Sociología de género, de carácter obligatorio, lo que significa que todos los estudiantes reciben esos contenidos», agregó Fleitas.

Para la socióloga Magela Romero Almodóvar, con una maestría en Ciencias y compañera de claustro de Fleitas, «tener una asignatura obligatoria nos permite sensibilizar a más estudiantes e impartir el contenido a quienes no saben nada de género o equidad y no solo a quienes ya tienen algún interés por los temas».

Según esta profesora e investigadora habanera, temas como la violencia de género, la conciliación, las nuevas masculinidades o el sexismo en la educación funcionan como «ganchos» en la asignatura.

«Les permite a muchachas y muchachos replantearse sus cotidianeidades y transformarlas en función de la equidad; pero también tributa a la formación promotores de buenas prácticas feministas y de profesionales mejor preparados para interactuar con la sociedad», dijo a SEMlac.

Para llegar a los medios

Karina Escalona Peña, periodista de la oriental provincia de Granma, a más de 700 kilómetros de La Habana, coincide con Almodóvar en las muchas ventajas que ofrece aportar una formación de género a todo el estudiantado universitario.

En su investigación para finalizar la Maestría de Género, Escalona propuso, precisamente, fórmulas para llevar estos contenidos a las carreras de Comunicación y Periodismo.

«El vínculo de la comunicación y el periodismo con la Teoría de Género ha sido muy poco estudiado, a pesar de que este campo del saber ha arrojado nuevas miradas a las relaciones sociales y ha provocado un cuestionamiento a la construcción de las ciencias y el conocimiento en sentido general», explicó a este servicio.

A su juicio, el poco conocimiento que con respecto a los estudios de género persiste en el ámbito de la comunicación tiene, esencialmente, una base en la incomprensión.

«La ‘generofobia’ que a veces se encuentra entre algunos estudiosos de la comunicación se contextualiza en la resistencia que, de manera general, provoca la renovación epistemológica propuesta por el género, al reconocer el papel de la subjetividad en la elaboración del saber científico», coincide, por su parte, la doctora Isabel Moya, directora de la Editorial de la Mujer y presidenta de la Cátedra de Genero del Instituto Internacional de Periodismo «José Martí.

«La inclusión de la perspectiva de género en la construcción del discurso mediático es una de las vías para establecer nuevas propuestas comunicativas más incluyentes y desligadas de la tradicionales prácticas comunicativas verticales y discriminatorias», agregó Escalona.

En este sentido, para esta periodista de la oriental provincia de Granma, resulta prioritario incorporar los contenidos de género a los temas relacionados con la construcción de las noticias y las rutinas productivas, por su incidencia en la construcción de sentidos e imaginarios.

Según Escalona, disciplinas curriculares como Teoría e Investigación en Comunicación o Comunicación y Sociedad, podrían muy bien ser actualizadas con postulados de las Teorías de Género.

Pero también Periodismo Impreso y Agencias o Comunicación Audiovisual e Hipermedia, entre muchas otras, agradecerían la articulación transversal de estos contenidos, pues aportarían saberes desprejuiciados a periodistas y comunicadores para el momento de construir sus mensajes.

«Si los nuevos profesionales que ingresan a los medios llegan con esta visión de un periodismo más incluyente podrán ejercer también influencia desde las relaciones profesionales en la propia redacción», insistió Escalona.

Con ella coincide la doctora Miriam Rodríguez, experta y veterana periodista cubana.

«Es necesario y urgente que se incluyan las teorías de género en el plan como materia curricular obligatoria. Existe un gran desconocimiento entre profesores y estudiantes acerca de estos temas, y también prejuicios, derivados claro, de ese desconocimiento».

Escalona concuerda con el resto de las especialistas entrevistadas para este trabajo en que el Plan D, enfocado con una mirada más humanista e integradora, abre espacios para cubrir estas nuevas demandas conceptuales.

La mesa está servida. Más allá de las diferencias de especialidad o propuesta de instrumentación, especialistas e investigaciones coinciden en que contribuir al cambio de las culturas profesionales implica que, desde la formación de pregrado, se dote a los estudiantes de estos conocimientos para acercarse a la realidad y reconstruirla desde una perspectiva de género.

 

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