La pandemia de la Covid 19 se mantiene en todo el contexto mundial; pero con la disminución de casos y los programas de vacunación de las naciones, se reduce su impacto. En diferentes países la reapertura de la economía, el trabajo y las clases presenciales comienzan a notarse. Sin embargo, esto no reduce las brechas de género, ya acumuladas antes de la pandemia, por las desigualdades económicas, políticas y sociales a las que son expuestas las mujeres y las niñas.

Un nuevo panorama se abre en esta post pandemia, donde muchas mujeres docentes se incorporan al trabajo con un grupo de exigencias de sus empleadores, de la familia responsable de los hijos, convertidos en estudiantes de estos grupos de mujeres docentes; y las propias autoexigencias de las docentes en el contexto personal y familiar.  Nuevos retos para ver con los espejuelos de género.

 Un nuevo tema se coloca a discusión: el autocuidado de las docentes y su salud mental, a la vuelta de la nueva normalidad y la post pandemia. En el sector educativo mundial, un número considerable de docentes son mujeres, quienes proveen cuidado a sus familiares, y varias son jefas de familia. Durante la pandemia se han multiplicado sus roles, al organizar, proveer, cuidar e impartir docencia desde su hogar. Expuestas a las problemáticas que ha generado o agudizado el confinamiento, la convivencia con los victimarios de violencia, el encarecimiento de sus recursos económicos o, en algunos casos, enfermas de la Covid, transitando además por las pérdidas familiares y sus secuelas, no solo desde el punto de vista físico, sino en su salud mental.

Los principales problemas de salud mental que se presentan en la post pandemia, descritos por documentos de la Organización Mundial de la Salud, están asociados a estrés, ansiedad, agobio, miedos, inseguridad, falta de control de las emociones y otros síntomas también padecidos por el profesorado, particularmente las docentes. Desde las instituciones educativas y sus directivos, ello requiere de la comprensión de estos retos para reordenar la vuelta a clases y las exigencias hacia el profesorado responsable de la continuidad de los procesos educativos.

¿Cómo potenciar el cuidado y autocuidado de las docentes, desde un enfoque de género?

El profesorado necesita también de espacios de diálogo y atención a su salud mental. Fuentes consultadas de investigaciones reportan que estas presentan ansiedad, angustia, depresión, trastornos del apetito, entre otros malestares. Las docentes se han tenido que adaptar de manera abrupta a las clases televisivas o por internet, un nuevo aprendizaje que genera angustia, pues se tienen que adaptar las formas y métodos de enseñanza a las nuevas condiciones, en un proceso acelerado de adaptación y readaptaciones a las nuevas formas de educación a distancia, simultaneando la docencia, la evaluación, la atención a escolares con necesidades educativas especiales o discapacidad, con las funciones en el hogar, de cuidadoras, domésticas, proveedoras económicas  y de servicios.

Las narrativas de los directivos de los sistemas educativos insisten en el papel del personal docente para la contención emocional de los educandos, durante el periodo post pandemia. Es cierto que la reincorporación a clases es un hecho para todos y todas, ya que la socialización es importante, no solo para el estudiantado sino también para el profesorado, que ansía cumplir con su desempeño y reanudar sus rutinas diarias. Pero ¿quién contiene emocionalmente a las docentes, que pasaron por las mismas circunstancias negativas que sus estudiantes?

Para mejorar el desempeño laboral de las docentes y atender su salud mental, es vital que directivos, familiares y las propias docentes reconsideren el acercamiento paulatino a las labores educativas, gradando las actividades: desde las de menor complejidad, horarios adaptados y flexibles, hasta la incorporación de actividades más complejas.

En los momentos actuales, en aquellos lugares donde existan especialistas de salud mental, psicólogos, psicoterapeutas, acompañantes terapéuticos, se debe identificar cuáles son los malestares de las docentes y el estudiantado, para caracterizar las barreras en la gestión emocional y acompañarlas en el proceso de reacomodo emocional, situacional y laboral, para poder desempeñar su labor.

Entender la educación emocional de las docentes, desde una mirada y perspectiva de género, implica:

Identificar las emociones y malestares de las mujeres, en todas las áreas que implica la salud (física, sexual- reproductiva, social entre otras). Este reconocimiento permite que las mujeres   docentes se auto examinen o sean acompañadas por especialistas, para potenciar su calidad de vida, y puedan reincorporarse con una mejor disposición a la labor educativa: Estar sano emocionalmente garantiza una mejor disposición hacia las otras personas, para lidiar con las emociones ajenas. El docente interactúa con varias expresiones de la personalidad de sus estudiantes y no siempre puede contenerlos emocionalmente.

Promover espacios de reflexión y autoayuda de las docentes. Esto implica la posibilidad de realizar ejercicios, talleres, psicoterapia, acompañamiento de coaching, biodanza o actividades terapéuticas, para los reajustes emocionales que faciliten su salud mental.

Reordenar la organización escolar. Esto facilita simultanear actividades diversas, en las cuales compartan las docentes, las familias y el estudiantado, para participar en actividades creativas, culturales, deportivas, de convivencia agradable, para socializar experiencias positivas de afrontamiento a las adversidades de la vida cotidiana.

Potenciar las redes de apoyo a las mujeres. Constituye una nueva mirada a la problemática de las mujeres en el contexto laboral, que sugiere apoyo de los empleadores y de las redes.

Pistas para el autocuidado y la gestión emocional de las docentes con una mirada de género:

Gestiona tus propias emociones y pregúntate ¿qué emociones estoy sintiendo en estos momentos?

¿Qué emociones siento ante el comportamiento y las actuaciones de mis estudiantes?

Identifica signos de estrés en tus estudiantes y en ti, de manera adecuada y oportuna.

Entrénate siempre que puedas, realiza ejercicios de respiración profunda y meditación.

Valida y nombra en voz alta tus sentimientos. Puedes invitar a los estudiantes a nombrar los suyos; puedes utilizar el dibujo, el canto, el baile, el performance y otras actividades culturales, como vía para canalizar y expresar las emociones.

Asegúrate de dormir las horas necesarias, no trabajes hasta tarde en la noche; come sano y nutritivo, no pospongas los horarios de sueño, comida y descanso: el tiempo no se recupera.

Realiza actividades físicas (caminar, biodanza, correr, ejercicios generales, entre otros).

Reorganiza los horarios de las actividades en el hogar y recuerda que: no eres el centro del mundo, formas parte de ese mundo.

A modo de conclusión, propongo algunas técnicas[1] que pueden ayudar en la construcción de nuestra autoestima positiva en la post pandemia o vuelta a la nueva normalidad.

El espejo; observe sus cualidades positivas a través de otras mujeres empoderadas y reconozca cuáles le son afines, realice el ejercicio en dúo, tríos o en grupo. Liste las cualidades positivas de todas, refuércenlas con frases, canciones, regalos y otras acciones que les recuerden, qué son, quiénes somos, hacia dónde vamos y qué queremos.

La rueda de la vida; elabore una ruleta donde divida en varias partes las actividades que más le gusta realizar, en soledad o en compañía de amigas. A cada parte le pone un color. Coloque una flecha giratoria al centro y hágala girar, donde se detenga la flecha, evoque una emoción positiva y comparta con las participantes el recuerdo. Listen las emociones positivas, el recuerdo y el color de la parte donde aparece la actividad. Piense en ello para evocar vivencias de agrado.

El autocuidado de las docentes, desde una mirada de género, en este nuevo regreso a clases. Significa potenciar la resiliencia y empoderarlas en beneficio de su salud en general y mental, en particular. Considerando un enfoque de salud, más participativo y autogestionado, que garantice la prevención de problemas de salud, física, sexual y mental en las docentes, quienes también son sobrevivientes de los efectos de la Covid 19.

Docentes sanas equivale a mujeres empoderadas, saludables y a un acercamiento saludable de los espacios escolares.

 

[1] Fuente de las técnicas, creadas por la autora

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