Yunelkis Rivero: “Protejamos nuestros cuerpos de la violencia para no erosionarnos”

Yunelkis Rivero Mayedo reconoce que la violencia machista quita vida, ya sea de a poco o arrasando como un temporal. Por eso, al igual que la naturaleza, las mujeres necesitan cuidarse y valorizar sus frutos.

Rivero Mayedo es productora en la provincia Camagüey, a 490 kilómetros de La Habana, y opina que aún falta mucho para alcanzar una cultura de equidad en el campo cubano. Los costos de las desigualdades y las violencias de género afectan primeramente a las víctimas, pero se extienden también a las familias y la comunidad.

¿Qué semejanzas encuentras entre la tierra, la naturaleza, el campo y el cuerpo de las mujeres?

Para nadie es un secreto la realidad que representa el cambio climático. Entonces, agricultoras y agricultores, las personas del campo, debemos cuidar el medio ambiente, sembrar más árboles, proteger los suelos, abonar, cltivar más comida; o sea, es necesario actuar para evitar que el cambio climático nos afecte tanto.

Con el cuerpo de las mujeres creo que pasa lo mismo. Tenemos que proteger nuestro cuerpo de la violencia para no erosionarnos ni perder la dignidad. Tenemos que abonarnos para dejar atrás los estereotipos y florecer sintiéndonos bien con nosotras mismas. Tenemos que sembrar una barrera de conocimiento alrededor de los prejuicios, para andar plenas por la vida.

Al igual que la naturaleza, somos diversas, con distintos pensamientos, gustos, religiones y colores, como el campo. Creo que, de la misma forma que hoy cuidamos el medio ambiente, hay que lograr que las mujeres se cuiden, conozcan sus derechos y todas las leyes que las protegen.

Así podremos vivir en armonía, aceptándonos y respetándonos para que el medio ambiente, las mujeres y el mundo fluyan mucho mejor. Se trata de que seamos plenas tal y como somos, como queremos ser, sin que nos limite un estereotipo patriarcal.

¿Cómo afectan los prejuicios y estereotipos de género el desarrollo de los territorios y comunidades rurales?

Los prejuicios y estereotipos machistas afectan, y mucho, a las comunidades rurales. ¿Por qué? Porque hoy nos estamos perdiendo mujeres con muchas capacidades, trabajadoras del hogar o muchachas jóvenes que dejaron los estudios y que hoy podrían estar desempeñando cualquier labor.

En las cooperativas también hay compañeras con talento, que podrían estar impulsando un emprendimiento para contribuir al desarrollo de la comunidad. Por ejemplo, las lavanderías, los círculos de tejedoras y mujeres que realizan manualidades son iniciativas económicas que constituyen una fuente de empleo y resuelven problemas a otras mujeres, hombres y familias.

Pero sigue primando el machismo en las comunidades rurales y se siguen reproduciendo frases y comentarios como: “las mujeres no saben dirigir”, “no lo van o no la van a respetar, porque es homosexual”, “las mujeres están hechas para las labores de la casa, para la calle está el hombre”, etc.

Por este machismo, nos perdemos grandes oportunidades con mujeres que hoy tienen un potencial beneficioso para la comunidad. No nos desarrollaremos mientras esas mujeres no tengan autonomía económica y sigan invisibilizadas.

¿Cuáles acciones se pueden impulsar a favor del empoderamiento de las mujeres en el ámbito rural?

Podemos hacer muchísimas acciones. Pienso, por ejemplo, en los Comités de Género que existen en cooperativas y distintas instancias del sector agropecuario. Esta podría ser una alternativa muy buena para hacer trabajo de sensibilización. Si no sensibilizamos para cambiar las mentes, pues no vamos a tener muchos resultados.

Los Comités de Género en las comunidades rurales también pueden impulsar acciones concretas, en función de la igualdad de género. Por ejemplo, construir casitas de cuido permitiría que todas esas mujeres que hoy están desvinculadas del trabajo y el estudio —porque tienen a su cargo personas adultas mayores o niños—, puedan reincorporarse al empleo, a la producción y a las actividades de la comunidad.

Se pueden realizar ferias donde las mujeres sean las protagonistas, se valore a esas trabajadoras del hogar que hoy están invisibilizadas y que realizan tareas importantes sin que reciban ninguna remuneración. En estos eventos ellas pueden exponer y vender sus productos y encontrarse con emprendedoras.

Urge buscar alternativas de desarrollo para lograr que las mujeres se empoderen económicamente, pues es algo que hoy afecta al sector rural.

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