Violencia y VIH/sida: los nexos que aún persisten

Violencia y VIH/sida: los nexos que aún persisten

Las interacciones entre el VIH/sida y la violencia de género son numerosas y tienen consecuencias graves para la salud y el desarrollo humano, particularmente de las mujeres adultas, adolescentes y niñas. Diversas investigaciones han mostrado una relación positiva. Desde los inicios de la epidemia causada por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana, se han documentado experiencias de violencia, sobre todo sexual, en el origen de la infección propiamente; pero también maltratos diversos asociados a la discriminación contra las personas que viven con el virus o la enfermedad. ¿Cómo se manifiesta esta relación en la actualidad y cómo atenderla? En busca de respuestas, SEMlac conversó con Lídice Mederos Villalón, graduada de Enfermería y especialista de la Unidad de Promoción de Salud y Prevención de Enfermedades (Prosalud); el psicólogo Javier Reyes Hernández y el periodista y activista por los derechos sexuales Francisco Rodríguez Cruz, quien vive con VIH.

¿Cuáles son las principales manifestaciones de violencia contra personas que viven con VIH/sida en Cuba?

Lídice Mederos Villalón: Entre ellas pueden incluirse estigmas relacionados con mitos y creencias erróneas como, por ejemplo, que el virus se trasmite por compartir objetos personales o que todas las personas que viven con VIH pueden transmitirlo. También se han dado casos de discriminación en el entorno laboral, al limitar a estas personas para el desempeño de determinadas tareas. Igualmente, ese tratamiento diferente se manifiesta mediante la imposición de realizarse una prueba de VIH para estudiar carreras de las Ciencias Médicas, por poner algunos ejemplos.

Javier Reyes Hernández: Creo que manifestaciones de violencia explícitas, desde el entendido de violencia que manejamos como agresiones físicas o verbales hacia otra persona o grupos sociales, no se expresan de manera abierta en la sociedad cubana actual. Han sido muchos años de trabajo con la población para lograr esa sensibilización que se necesita ante un tema tan complejo como este. Es decir, ha habido un trabajo intenso con todos los sectores involucrados en el asunto, campañas de bien público y de comunicación social que constantemente han estado alertando sobre la naturalidad que este proceso tiene y creo que la población cubana ha sido bastante receptiva, bastante instruida en este sentido.

Donde sí pueden existir brechas es en la presencia de algún tipo de estigma, discriminación o exclusión hacia las personas que viven con VIH. Esto, en alguna medida, también son manifestaciones de violencia. He conocido casos de personas que han ido a buscar empleo en mipymes, restaurantes o cafeterías y, aunque no se lo expresen abiertamente, cuando conocen que tienen VIH entonces no les dan el trabajo. Pasa mucho también con profesionales de la salud: a enfermeras, enfermeros o personas que tienen que ver directamente con pacientes se les aleja de ese servicio. Igualmente pasa con pacientes con VIH que necesitan algún tipo de tratamiento o una operación; cuando el equipo médico sabe que vive con el virus hay reacciones bastante complicadas, porque todavía manejamos ciertos estigmas y cuestiones discriminatorias respecto a estas personas.

Francisco Rodríguez Cruz: Creo que la principal manifestación de violencia hoy contra las personas afectadas con VIH -y aunque parezca reiterativo, hay que decirlo- es el bloqueo. Ahora mismo, dentro de todas las afectaciones a la ciudadanía por toda la crisis económica, las personas que viven con VIH están entre los grupos más afectados, porque todas las protecciones que teníamos en materia de alimentación han ido mermando, sobre todo la dieta de la leche, de las viandas, el refuerzo de la proteína…todo eso desapareció. Entonces, el nivel nutricional de las personas con VIH -como de toda la población cubana-, pero específicamente en este caso, está bastante comprometido. Sobre todo, si se tiene en cuenta que dentro de la población con VIH hay grupos más desfavorecidos desde el punto de vista socioeconómico. Por su origen, por ejemplo, dentro del grupo de las personas trans hay muchas que viven con VIH y ya de por sí tienen toda una serie de complicaciones familiares y sociales que agravan su situación.

Por supuesto, en esto incide también el tema de los reactivos para los análisis, la propia asistencia médica que está dañada para todo el mundo; pero que se agrava en el caso de las personas que vivimos con VIH/sida, por las repercusiones que pueden tener en el tema de las propias cirugías, la asistencia odontológica. Todo está en crisis y para nosotros como que se pone peor.

Hay otro aspecto importante es la disponibilidad de condones, algo preocupante; no solo para personas con VIH, sino para el resto de la población que puede estar ahora mismo en riesgo de contraer el virus.

La gente no dejará de tener relaciones sexuales porque no haya condones o se vendan a un precio desorbitado y eso también es violencia.

Desde el punto de vista social, creo que se mantiene el estigma sobre la persona con VIH/sida, a pesar de todo lo que se ha hablado y la información que se ha dado. Sobre todo, por ser una enfermedad de transmisión sexual, con los cuestionamientos morales y éticos que vienen con esta condición de salud crónica. Entonces, ahí hay una violencia simbólica importante, porque muchas veces las personas no quieren admitir que tienen el virus, se retrasan en hacerse las pruebas o no se las hacen; incluso personas empoderadas, con alto nivel académico, han entrado en proceso de negación y llegado ya al hospital en condiciones de muerte. Habría que profundizar aún más, pero toda esa carga de rechazo social al VIH todavía influye en actitudes discriminatorias que dañan.

¿Cuáles son las principales vías para atender a estas personas y minimizar los impactos de la discriminación y la violencia?

LMV: Cuba ha implementado los servicios de orientación jurídica dirigidos a poblaciones claves, en todas las provincias del país; pero también servicios de consejerías anónimas, telefónicas y cara a cara.

Se han desarrollado campañas de bien público, acciones promocionales desde hace muchos años, y existen redes de apoyo para personas que viven con el virus en todos los territorios.

JRH: En primer lugar, pasan por la vía formal, institucional; es decir, hay que acercarse a las personas que viven con VIH y han sido, en alguna medida, víctimas de estas manifestaciones anteriormente descritas. Lo mismo pasa en el centro de trabajo, cuando alguien es revocado o rechazado en un empleo por esta condición.

También están los centros de promoción y prevención de salud, donde hay un trabajo histórico en relación con las personas con VIH. O sea, existe una vía formal, una vía institucional que puede canalizar este tipo de cosas, y las personas tienen que saberlo, conocer a dónde acudir cuando son víctimas de violencia por discriminación y exclusión.

Una cuestión importante tiene que ver con la posibilidad de hacer denuncias en medios de comunicación. Es decir, en el mundo entero las denuncias públicas son muy efectivas y los medios de comunicación tienen que acompañar estas denuncias, para un poco también visibilizar una realidad que a veces se edulcora y protege, al presentar una cara más oficialista del problema.

FRC: Se debe seguir insistiendo en la igualdad de condiciones para el acceso, por ejemplo, al trabajo o a determinadas labores. Todavía hay quienes temen ser rechazados en sus trabajos porque viven con VIH; o no ser seleccionados para misiones en el exterior, por ejemplo. Este tipo de asuntos se ha discutido y no sé hasta qué punto está resuelto; pero ha sido un problema que ha estado incidiendo.

En otro orden, desde el Estado se ha tratado más o menos de mantener algún aseguramiento para las personas que vivimos con VIH y al menos los antirretrovirales, de alguna manera, se han estabilizado después que cesó la producción de los genéricos nacionales; pero esto también es un riesgo porque dependemos totalmente de la importación y se puede crear una crisis en cualquier momento, como tantas cosas que están fallando ahora mismo.

¿Qué retos existen actualmente para poder atender esta problemática?

LMV: Existen retos en el orden de las políticas públicas relacionados con la participación de las poblaciones afectadas en la prevención y también falta por hacer todavía en cuanto a la capacitación y sensibilización de las poblaciones; pero, igualmente, en la divulgación de los servicios que existen Otro reto es el reconocimiento de la red de personas con VIH como organización de la sociedad civil, con personalidad jurídica propia, lo cual contribuiría a una participación efectiva en la vida política y en las decisiones del país que les competen, entre otras cuestiones.

JRH: Un reto fundamental es seguir apostando y trabajando por la sensibilización de la población con respecto a esta problemática, no solamente a nivel intersectorial, sino también a partir de campañas, de propuestas de comunicación; hacer un uso mucho más frecuente y efectivo de las redes sociales, que sabemos que hoy día se consumen mucho más que la comunicación oficial.

Un segundo gran reto es que debe existir algún mecanismo de castigo o sanción para que, cuando las personas denuncian casos de discriminación o maltrato, haya una repercusión para quienes los llevaron a cabo. Es decir, que pueda caer el peso de la ley sobre ese tipo de personas. Si yo demuestro que a mí no me dieron el trabajo en este lugar porque vivo con VIH, tengo que tener un mecanismo que funcione para que esa persona o institución sea sancionada.

FRC: Hay que seguir en la comunicación y la educación social en función de eliminar esos estigmas sobre el VIH; pero también ser más explícitos en las políticas antidiscriminatorias. O sea, hemos ido logrando incluir en las principales leyes y normas el tema de la no discriminación por orientación sexual e identidad de género, pero nunca se ha logrado incluir el seroestatus en esos planteamientos generales. Hay que seguir insistiendo en ese amparo jurídico que permitiría, con más elementos, reforzar estas protecciones para que no ocurran casos de discriminación en el ámbito laboral, en el estudiantil o el familiar en relación con las personas que viven con VIH.

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