Pese a que la práctica de la prostitución es un fenómeno muy antiguo, es en la última década cuando se han incrementado los estudios sobre esta temática desde diferentes disciplinas, principalmente la Sociología, la Psicología, el Derecho y la Antropología. Los resultados de estas investigaciones han favorecido el surgimiento de movimientos, propuestas, teorías y opiniones, algunos contrapuestos a otros, pero que de manera general abarcan puntos de análisis esenciales para el desarrollo del conocimiento de este fenómeno social.

Para hacer un estudio completo y detallado sobre la prostitución y sus dimensiones, es necesario tener en cuenta la perspectiva de género como un enfoque que reconoce la diversidad de géneros, como un principio esencial en la construcción de una humanidad diversa, que permite analizar y comprender las características y padecimientos de las mujeres que ejercen la prostitución; pero también identificar las diferencias y particularidades en cada una de ellas como mujeres heterosexuales, lesbianas o transexuales.

Cuando se habla de prostitución, necesariamente, esta debe ser enmarcada dentro de la óptica del género, basada en tres cuestiones fundamentales:

–El papel diferenciado que tienen las mujeres en el ejercicio de estas prácticas.

–Las vulnerabilidades a las que se enfrentan las mujeres, incluyendo la marcada feminización de la pobreza y la violencia.

–La reproducción de roles y estereotipos de género.

Los datos que manejan los principales estudios sobre prostitución arrojan resultados que demuestran que, incluso desde décadas anteriores, esta práctica es ejercida de una forma mayoritaria por las mujeres, mientras que los principales consumidores son hombres. De más de 40 millones de personas que se prostituyen en el mundo, 80 por ciento son mujeres y niñas, la mayoría con edades entre 13 y 25 años1.

Otro aspecto importante a la hora de hacer un análisis de la prostitución, desde la perspectiva de género, son precisamente las numerosas vulnerabilidades y problemáticas a las que son expuestas las mujeres, en este caso referidas esencialmente a las violencias al interior de la práctica y al alto índice de pobreza femenina. Pese a que la prostitución no debe ser analizada como un fenómeno meramente económico, sí es cierto que las dificultades económicas son una de las principales causas por las cuales las mujeres deciden ejercer esta práctica para mejorar sus condiciones de vida.

Por otro lado, otra de las grandes problemáticas relacionadas son las numerosas violencias a las que están expuestas las personas que ejercen estas prácticas. Generalmente se ven obligadas a insertarse en redes de prostitución, donde los tratantes o proxenetas resultan los principales beneficiados, a partir de la violencia y explotación de estas mujeres. En muchos casos, son obligadas a desempeñar actividades sexuales que no estaban dispuestas a hacer, o a pagarles a sus controladores una cantidad que no fue acordada desde un inicio.

Investigaciones realizadas en varias regiones del mundo permiten corroborar que al interior de estas prácticas se ejercen múltiples formas de violencia, a veces invisibles de tan naturalizadas. Tal es el caso de un estudio realizado en España, en 2020, donde las mujeres entrevistadas refirieron, en su mayoría, haber sufrido violencias por parte de los clientes.

Sin embargo, algunas de esas formas de maltrato estaban totalmente interiorizada en el imaginario que cada una de ellas tenía acerca del ejercicio de la actividad. En muchas ocasiones estas violencias se materializaron en expresiones como amenazas, comportamientos bruscos en la actividad sexual, humillaciones, chantaje emocional, falta del pago por los servicios, entre otras2.

Cada una de las llamadas olas del feminismo ha tenido un actuar sumamente importante en lo que respecta a la prostitución, cuestionando sus problemáticas y dimensiones. Sin embargo, este debate feminista acerca de la prostitución refleja un planteamiento dicotómico, asentado esencialmente sobre dos posturas: la abolicionista y la regulacionista, basadas en dos ideas totalmente opuestas. Por un lado, se encuentran quienes entienden y defienden esta práctica como un tipo de violencia hacia las mujeres y denuncian el constante intento de subordinarlas como simples objetos, susceptibles de ser manipuladas y comercializadas. En ese caso, advierten como la única solución su completa eliminación.

En otro lado del debate se posicionan quienes la defienden como un trabajo y, por tanto, abogan por su respaldo en leyes y regulaciones que la protejan.

Sin embargo, con el desarrollo de nuevos contextos y realidades, comienzan a emerger nuevas formas de concebir estas prácticas que rompen con los patrones existentes hasta el momento. El trabajo sexual es asumido ya no como una actividad que sumerge a las mujeres en el dominio total del hombre, convirtiéndolas en objetos sexuales, susceptibles de mercantilización; sino como una decisión libre de ejercerse, como profesión, lo que significa una manifestación del derecho a la autodeterminación que les permite elegir y tomar decisiones, incluyendo el derecho de decidir tener relaciones sexuales comerciales3.

A partir de la pasada década de los noventa, se comienza a apreciar con más claridad que nuevos movimientos, sobre todo de la mano de feministas liberales, promueven la lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales y abogan por una mayor libertad sexual. Importantes feministas como Marta Lamas apoyan la idea del establecimiento de leyes y organizaciones que amparen y representen a aquellas personas que decidan ejercer el trabajo sexual como una forma de vida4.

En Cuba se han realizado investigaciones e importantes debates relacionados con la prostitución y el trabajo sexual, sobre todo desde una perspectiva social. De igual forma, el fenómeno de la prostitución ha sido abordado en diferentes espacios académicos, como los Simposios Internacionales de Violencia de Género, Prostitución, Turismo Sexual y Trata de Personas celebrados en varias ediciones, convocados por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) desde 2016.

En la segunda edición de este espacio se desató una importante discusión en relación con la prostitución como problemática social. Entre las principales opiniones estuvieron las desarrolladas por la médica Marta Herrerz, quien resaltó que se trata de una problemática que ha desaparecido del análisis social y público en los últimos años, en un país como Cuba, que ha declarado su apuesta por un tratamiento abolicionista y preventivo de esta práctica. Por su parte, la socióloga Reina Fleitas también aportó su análisis sobre la prostitución como una brecha que refleja que “aún no se ha logrado desmontar todo el sistema patriarcal que hace de una mujer una mercancía’’5.

Pese a que las investigaciones están aportando datos relevantes y miradas más abarcadoras de este fenómeno, sigue resultando complejo el análisis de estos conceptos y su clasificación como prostitución o trabajo sexual.

En sentido general, los debates impulsados por los movimientos feministas han permitido una mirada más amplia de ejercicio de la práctica, han colocado en el escenario una nueva forma de analizar la prostitución llamando la atención sobre la importancia de elaborar políticas y leyes que protejan a las personas que la ejerzan. Aunque es importante señalar que no se debe perder de vista la incidencia de la violencia hacia quienes la practican y la cosificación de los cuerpos que genera.

La forma en la que las mujeres que ejercen la prostitución o el trabajo sexual están relacionadas con las múltiples situaciones a las que han estado expuestas a lo largo de su vida, los derechos que han visto vulnerados y las discriminaciones de las que han sido víctimas también han tenido que ver con todos los aprendizajes que han adquirido, de manera directa e indirecta, sobre su sexualidad, las relaciones de pareja y todo el trasfondo que tienen estos asuntos relacionados con las problemáticas de género.

Para el caso cubano, se necesitan más investigaciones desde una perspectiva sociológica y de género para reconocer el alcance que tienen estas cuestiones en la sociedad, desde las propias experiencias de vida de quienes ejercen esta práctica, así como desde la comprensión de las dicotomías existentes entre prostitución y trabajo sexual, resaltando las diferentes situaciones y realidades de las mujeres inmersas en estas formas de vida.

1 Fundación Scelles. (2018). ¿Cuántas personas se prostituyen en el mundo? Disponible en:

https://www.muyinteresante.com.mx/preguntas-y-respuestas/10894.html.

2 Martín, A. (2022). La prostitución en España: cuántos hombres pagan por sexo y qué zonas concentran una ‘oferta’ cada vezmás digital. Datos RTVE. Disponible en: https://www.rtve.es/noticias/20220526/radiografia-prostitucionespana/2351461.shtml

3 Lamas, M. (2016). Feminismo y prostitución: la persistencia de una amarga disputa. Debate feminista. Programa

Universitario de estudios de género.

4 Ídem

5 Castro, M. (2017). “Palabras de apertura al 2do Simposio Internacional sobre Violencia de Género, Prostitución, Turismo Sexual y Trata de Personas Berta Cáceres In Memoriam”. Revista Sexología y Sociedad, 22(2). Disponible en: https://revsexologiaysociedad.sld.cu/index.php/sexologiaysociedad/article/view/599/629

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