Golpes de click: un acercamiento a la ciberviolencia de género

La presencia de la población cubana en Internet ha crecido vertiginosamente en la última década, como resultado de un proceso de informatización de la sociedad, en el que se incluye la implementación de servicios para el acceso público a la red de redes.

Según el reporte “Digital 2022”2 , el más actualizado de la agencia británica We Are Social3 (enero 2022), 7.690.000 personas residentes en Cuba están conectadas, dato que representa al 68 por ciento de la población de la nación caribeña. De ellas, más de seis millones tienen al menos una cuenta en una red social.

Una de las prestaciones más contribuyentes a esas cifras es el uso de datos móviles, servicio habilitado desde 2018 en el contexto nacional para extender los usos de Internet. Esta y otras vías para conectarse, como las salas de navegación, las zonas Wi-Fi y el Nauta Hogar permiten que el acceso sea más democrático.

A diferencia de una década atrás, el “en línea” ya no es exclusivo de algunos centros estudiantiles o de trabajo. Actualmente, varios grupos sociales pueden conectarse a la red de redes y no precisamente para darle uso con fines académicos o laborales.

En tiempos de pandemia (2020-2022), cuando el confinamiento en el hogar constituyó una de las medidas de mitigación, la necesidad de buscar alternativas para el esparcimiento, la comunicación con seres queridos y el trabajo a distancia expusieron a los usuarios a convivir durante más tiempo con las dinámicas de Internet y otras plataformas digitales. Esa presencia asidua a la red incrementa las posibilidades de que quienes se conectan experimenten en el espacio virtual la resignificación de aquellos fenómenos sociales que solo tenían lugar en el entorno físico. En ese sentido, destaca la violencia de género contra las mujeres, un hecho de la “vida real” que se reproduce en la virtualidad.

Ya en 2015, la Comisión de Banda Ancha de las Naciones Unidas (Unbc) señalaba que la violencia de género contra las mujeres y las niñas había alcanzado proporciones epidémicas en Internet. En dicha investigación se constató que 73 por ciento de las mujeres había experimentado alguna forma de violencia digital y que, de los acosadores, 61 por ciento se identificaba como hombre4.

Por su parte, la Relatora Especial sobre la Violencia contra la Mujer (Revm), también de la ONU, realizó un informe sobre el tema en 2018. Se develó que 23 por ciento de las mujeres y las niñas ha sufrido abuso o acoso en línea al menos una vez en su vida y que, por lo menos, una de cada 10 ha experimentado alguna forma de ciberviolencia desde los 15 años de edad5

En 2020, Plan Internacional6 publicó un estudio que se tuvo como muestra más de 14.000 niñas y jóvenes de 22 países. El 60 por ciento de ellas afirmó haber sido víctima de diferentes formas de ciberacoso en plataformas de redes sociales. Muchas reportaron ser ciberviolentadas desde los 8 años de edad. A la fecha, esta forma de violencia de género se ha convertido, a nivel internacional, en uno de los problemas de derechos humanos de las mujeres y las niñas de mayor complejidad ante la casi nula información sobre sus características y la falta de herramientas jurídicas adecuadas para brindar protección a las víctimas.

En la región aún son escasos los estudios sobre este fenómeno y, en Cuba, ese vacío se acentúa, pues se trata de un tema que apenas comienza a llamar la atención en el campo académico. Si bien es cierto que el acceso masivo a Internet llegó al archipiélago hace pocos años, es ingenuo pensar en la ciberviolencia de género como un fenómeno inexistente en el contexto cubano actual. Para que este se produzca entre los internautas, solo basta con que las personas lleven el imaginario social y la violencia de género a las plataformas virtuales.

Un acercamiento a la ciberviolencia

En la “virtualidad” se reproducen las ideas, valores y hábitos específicos de cada cultura. De ahí que muchos de los fenómenos y problemáticas sociales de la vida offline sean llevados al entorno digital, aunque con otras particularidades que caracterizan a esos espacios.

La violencia no escapa a esa realidad. Herramientas de comunicación social basadas en la web 2.0, como las redes sociales y los programas de mensajería instantánea, como WhatsApp, hoy constituyen escenarios donde el maltrato y el abuso están al orden del día7.

Las investigaciones pioneras sobre la violencia en la red fueron publicadas en la primera década del siglo XXI. Al principio, los estudios estuvieron centrados en analizar la problemática entre niñas, niños y adolescentes. Sin embargo, con el tiempo cambió la perspectiva de que infantes y adolescentes eran los únicos perjudicados, pues las personas adultas en muchas ocasiones también se ven controladas, acosadas, humilladas, amenazadas y sometidas mediante el uso de las TICs. Aún no existe un concepto consensuado entre la comunidad científica para referirse a las agresiones que, entre personas, tienen lugar en el entorno virtual.

Autores como Smith, Willard, Belsey y Kowalski, Limber y Agatston8 lo denominaron ciberbullying, y solo lo contemplaban dentro del contexto escolar; otros estudios prefieren el término ciberacoso9. No obstante, para los efectos de esta investigación se asume como vocablo más preciso y amplio para referirse a la violencia que acontece en las plataformas virtuales la ciberviolencia (también violencia cibernética, violencia 2.0, violencia digital, violencia online). Dicha definición engloba los dos conceptos mencionados anteriormente y puede incluirse en el macrotérmino cibercrimen.

A los efectos de este trabajo y para guiar mejor el análisis del tema, se propone como definición operativa de violencia digital aquellos comportamientos cometidos, instigados o agravados, en parte o en su totalidad, por las tecnologías de la información y la comunicación, con el propósito de causar cualquier daño a otra persona.

Aunque la violencia tradicional y la violencia online se sustentan sobre la misma base, la última presenta características propias que le imprime el espacio digital. En su tesis doctoral, Aída F. Tomé10 aborda específicamente la categoría ciberbullying y explica cuáles son sus diferencias respecto al acoso tradicional.

Sin embargo, su propuesta puede ser perfectamente aplicable, a consideración de esta autora, a otras expresiones de ciberviolencia y a ella, de manera general. Según la psicóloga española, hay seis principales características que distinguen las agresiones en ambos entornos:

– En la virtualidad la víctima no puede escapar, pues continuamente puede recibir mensajes en sumóvil u ordenador.

– Puede alcanzar audiencias grandes dentro de un grupo, si lo comparamos con los grupos reducidos a los que habitualmente llega la agresión tradicional.

– Como el agresor puede utilizar pseudónimos en Internet y no tiene que mostrarse “cara a cara”, goza de cierta invisibilidad.

– A diferencia del enfrentamiento “cara a cara”, el cual ocurre en un momento dado, el hostigamiento tiene mayor durabilidad en el tiempo, pues se guarda en los medios digitales.

– La movilidad y conectividad de las nuevas tecnologías dan ocasión al desarrollo del fenómeno en cualquier lugar y momento, traspasa los límites físicos

– El agresor puede manifestarse de manera rápida y cómoda con un simple click y sin temor a ser enfrentado.

Es importante resaltar que Donoso y Catalán11, referentes de habla hispana en la temática, destacan seis posibles roles en los actos de ciberviolencia, esencialmente en las redes sociales. Estos son: persona agresora; víctima; ayudante de la persona agresora (repite, reproduce y en ocasiones amplia la acción violenta); persona reforzadora de las agresiones (anima a las personas agresoras, puede ser, por ejemplo, con un me gusta); persona pasiva (es observadora de la agresión, pero se mantiene al margen); y defensora de la víctima (inicia acciones para defender a la persona acosada).

Al sistematizar todo lo relacionado con la ciberviolencia, se concluye que es un fenómeno complejo. Es una agresión que se ejerce frente a grandes audiencias y puede sufrirse en cualquier momento y lugar. No es solamente un fenómeno de carácter socio-tecnológico, sino uno de múltiples consecuencias en materia de vulneración de derechos humanos.

Manifestaciones ciberviolentas Varias son las manifestaciones que se enmarcan dentro del gran concepto de violencia cibernética.

Numerosos autores describen las tipologías, pero hay evidentes variaciones entre las concepciones de unos y otros. Mientras en múltiples investigaciones científicas se repiten ciertas manifestaciones, en algunas se añaden nuevas y en otras se suprimen las que ya se habían referenciado.

Es difícil realizar una lista definitiva de las diversas formas en las que puede expresarse la agresión online.

El propio desarrollo de las TICs conlleva que cada poco tiempo las personas agresoras encuentren nuevas formas de perpetuar la violencia. Por esa razón, especialistas en el tema se muestran prudentes a la hora de listar los elementos que constituyen comportamientos violentos en Internet.

Conocer cuáles son esas tipologías permite identificar mejor cuándo se está en presencia de un acto de violencia digital. De ahí la importancia de explicitarlas. A continuación, se combinan las propuestas de varios estudios sobre este fenómeno:

– Ciberbullying: uso de los medios telemáticos (Internet, telefonía móvil y videojuegos, fundamentalmente de manera online), para ejercer el acoso psicológico entre niños, niñas y

jóvenes, sobre todo en ámbitos escolares. No involucra aspectos sexuales, porque en ese caso se referiría a otro tipo de práctica.

– Grooming (acoso sexual a un menor por parte de un adulto): Es la conducta de ciertos adultos que, a través de las nuevas tecnologías intentan contactar con menores de edad, con la finalidad de mantener encuentros sexuales con ellos o pedirle materiales con contenido sexual explícito. Pasa por fases de amistad, relación o acercamiento y luego contacto o propuestas sexuales – Ciberacoso: cuando se utilizan las TICs para hostigar a otra persona, puede manifestarse también como el intento de contactar de manera insistente mediante el envío de mensajes, de solicitudes de amistad en las redes o peticiones de fotografías. Se trata de un contacto no deseado por parte de la víctima.

– Sextorsión: Extorsionar, chantajear o amenazar a una persona con la posible divulgación de imágenes de ella con contenido sexual explícito. Varios autores consideran el sexting como otra manifestación, sin embargo, algunos no lo contemplan de esa manera, ya que se trata del envío consensuado de materiales con contenido sexual. En esta investigación se concuerda con dicha perspectiva.

– Pornovenganza (Revengeporn): Cuando una persona, casi siempre expareja comparte en espacios virtuales fotos o videos de otra persona teniendo sexo, desnuda o en otra práctica de su intimidad. Pretende humillar y dañar la imagen pública de la víctima. A diferencia de la sextorsion no es el chantaje o la amenaza, sino la divulgación ya consumada.

– Cibercontrol: Se manifiesta en la vigilancia continuada de las actividades que realiza una persona, las amistades, comentarios y fotos que comparte, o su localización. También se puede manifestar al exigir la contraseña de redes sociales, e-mails, etc. disfrazado en un acto de confianza. Se destaca, además, la prohibición del uso de las plataformas digitales o tener ciertas amistades en las mismas.

– Discurso de odio (Hate speach): Mensajes públicos directos o simbólicos que se emplean para insultar a alguien, mentir o difundir rumores para dañar su imagen o su estatus social.

– Hacking: Robo de contraseñas para acceder a la información personal de otro usuario para, por ejemplo, acceder a los mensajes de la víctima, o incluso impedir que el verdadero destinatario los pueda leer. También se constata cuando se accede a los archivos de alguien para colgar en la red sus documentos y fotos privadas.

– Exclusión: Aislar a alguien de modo intencional de un grupo online (chats, listas de amigos, foros temáticos, entre otros). Se emplea para referirse a una manifestación propia del ciberbullying, pero puede aplicarse también a la ciberviolencia entre personas adultas – Ciberacoso laboral (Networkmobbing): Acciones mediante las cuales se humilla, ataca y deja en evidencia a colegas de trabajo a través del mail y las redes sociales. Se hace con la intención de dañar la imagen profesional de la víctima y, de esta forma, afectar negativamente a su desarrollo en el trabajo.

– Cibermisoginia: Insulto virtualizado que mediante la generalización trata de reproducir odio sobre las mujeres.

La lista presentada no pretende abarcar la totalidad de manifestaciones violentas que pueden existir en la red, sino proponer un panorama más claro sobre cómo y cuándo se está en una situación de este tipo. Al igual que otras violencias, la ciberviolencia ocasiona daños, sufrimientos psicológicos, físicos, sexuales, sociales o económicos. De ahí la importancia de actuar frente a ella.

Ciberviolencia por motivos de género

En la red se reproducen los constructos sociales y culturales de un contexto determinado. “De esta forma, los estereotipos de género, el sexismo y la subordinación histórica de la mujer se van a encontrar también en la comunicación online ya que son producidos y reproducidos por la propia estructura social”12. Por ejemplo, “se reproducen los modelos de feminidad y masculinidad tradicionales: mujeres sensuales y sexis en busca de reconocimiento, y hombres deportistas, valerosos y ligones”13.

En el 2010, Isabel Moya ya alertaba sobre ello. En su libro “El sexo de los ángeles” advierte que “la suposición de que Internet iba a cambiar el mundo y que abriría una nueva forma de relación sin estereotipos entre las personas, es una utopía”14.

Internet reproduce la vida offline. De ahí que los patrones machistas y conductas de violencia ya no solo tienen repercusión en el espacio físico, sino que se manifiestan públicamente en Internet y pueden alcanzar grandes audiencias. Las TICS, por tanto, constituyen otro escenario donde las violencias, sutiles y extremas, tienen otra forma por la que transitar.

Se puede constatar que, como en algunas conceptualizaciones de violencia de género discutidas anteriormente, se plantea la hipótesis de que este tipo de ciberviolencia solo se ejerce contra mujeres y niñas.

Ello constituye un sesgo en la definición del término, pues las nuevas tecnologías de la información y la comunicación proporcionan un amplio abanico de técnicas de control y abuso para agredir a cualquier persona que se sitúe fuera de los márgenes de lo patriarcalmente aceptable.

Por tanto, de manera general, se precisa que la ciberviolencia de género es un acto de discriminación ejercido con la intermediación de las TICs, que afecta principalmente a mujeres, adolescentes y niñas, a personas integrantes de la comunidad LGBTIQ+ y a cuerpos o identidades que no cumplen con los estereotipos de género basados en directrices heteronormativas. Esta violencia se dirige en contra de integrantes de tales grupos a partir de su sexo, orientación sexual o identidad de género acarreándoles efectos desproporcionados15.

Por otra parte, se trata de un tipo de violencia que, al igual que en el contexto offline, emerge de las concepciones culturales relacionadas con la perpetuación de la desigualdad y los estereotipos de género.

Desde hace años, Cuba ha demostrado una voluntad política, académica y comunicativa en pos de frenar cualquier maltrato hacia las mujeres y las niñas. El enfrentamiento a la violencia de género cada vez tiene más espacio en los medios de comunicación.

No obstante, la que se ejerce contra ellas desde la virtualidad constituye un fenómeno que aún necesita estudiarse y visibilizarse. Asimismo, la ausencia de acciones educativas sobre el problema y el desconocimiento que prevalece en torno a los recursos legales para combatirlo, hacen de Cuba un escenario perfecto para su desarrollo, lo que demanda atención urgente y articulada.

 

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1 El artículo resume algunos de los resultados de investigación de la tesis de grado de la Licenciatura en Periodismo de la autora, graduada en el curso 2022, en la Facultad de Comunicación (Fcom), de la Universidad de La Habana.

2 Informe mundial sobre las tendencias digitales y redes sociales.

3 Agencia creativa especializada en social y Hootsuite, líder mundial en gestión de redes Sociales. 4 UNBC. (2015). Cyber Violence against Women and Girls. Naciones Unidas.

5 CIM/MESECV. (2022). CIBERVIOLENCIA Y CIBERACOSO contra las mujeres y niñas en el marco de la Convención Belém Do Pará. Oficina Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe y el Mecanismo de Seguimiento de la Convención Belém do Pará (MESECVI) de la Comisión Interamericana de Mujeres.

6 Organización No Gubernamental que defiende la educación e igualdad de las niñas, los derechos de la infancia y la igualdad de género.

7 Sola, O. T. (2016). Nuevas formas de violencia de género y nuevas posibilidades de acción y prevención. En ACTAS| X Seminario Estatal Isonomia contra la Violencia de Género (págs.13-16). España: Fundación Isonomia, Universidad Jaume I.

8 Smith, PK. (2000). What good schools can do about bullying. Childhood, 193-212; Willard, Nancy (2006), Ciberbullyng y cibernautas: Respondiendo al reto de la crueldad, amenazas y angustia en línea. Centro para la Seguridad y responsabilidad del uso de Internet: Eugene, Oregón.; Belsey, B. (2005). Cyberbullying: An emerging threat to the “always on” generation. Descargado el 10 de mayo de 2021 de http://www.cyberbullying.ca; Kowalski, R., Limber, S., & Agatston, P. (2008). Cyber Bullying el acoso escolar en la era digital. Urduliz: Desclée De Brouwer, S.A.

9 Linares Bahillo, E.; Royo Prieto, R.; Silvestre Cabrera, M. (2019). El ciberacoso sexual y/o sexista contra las adolescentes. Nuevas versiones online de la opresión patriarcal de las sexualidades y corporalidades femeninas. Doxa Comunicación, 28, pp. 201-222; Pachés, F. d. (2016). Ciberacoso: un nuevo fenómeno de violencia contra la mujer. En ACTAS| X Seminario Estatal Isonomia contra la Violencia de Género (págs. 3-12). España: Fundación Isonomia. Universitat Jaume I.

10 Tomé, A. (2015). Bullying y cyberbullying: Prevalencia en adolescentes y jóvenes de Cantabria. (tesis doctoral) Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, Facultad de Psicología, Universidad del País Vasco, España.

11 Donoso – Vázquez. T. Rebollo – Catalán, A. (2018). Violencias de género en entornos virtuales. Barcelona: Octaedro.

12 Rivas, M. M., & Cuesta Roldan, J. (2015). Violencia de género en entornos virtuales. Revista del Cisen Tramas/Maepova, 105-114.

13 Canet Benavent , E., & Martínez Martínez, L. (2016). La violencia de género a través de las TIC: percepciones y posicionamiento del alumnado de trabajo social de la Universitat de València. En ACTAS| X Seminario Estatal Isonomia contra la Violencia de Género (págs. 41-47). España: Fundación Isonomia. Universitat Jaume I.

14 Moya, I. (2010). El sexo de los ángeles. Una mirada de género a los medios de comunicación. La Habana: Centro Félix Varela.

15 CIM/MESECV. (2022). CIBERVIOLENCIA Y CIBERACOSO contra las mujeres y niñas en el marco de la Convención Belém Do Pará. Oficina Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe y el Mecanismo de Seguimiento de la Convención Belém do Pará (MESECVI) de la Comisión Interamericana de Mujeres.

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