Lograr que los programas nacionales de lucha contra el racismo y la discriminación, y para el adelanto de las mujeres sean conocidos y aplicados; así como integrar a sus actores son desafíos en el camino de superar las brechas o desigualdades que enfrentan las mujeres por su color de piel.

“Si queremos realmente que las mujeres negras se integren y logren una equidad tanto social, política como jurídica, tiene que haber unidad entre toda la gente que está luchando contra este flagelo”, dijo a SEMlac la investigadora y activista Aracely Rodríguez Malagón.

La experta opinó que, en lugar de acabarse en Cuba, la discriminación se transforma, se adapta a los procesos que vive cada día la sociedad y actualmente va in crescendo.

¿Cuáles son las principales brechas o desigualdades que enfrentan las mujeres debido a su color de piel?

Para hablar de brechas y desigualdades tendríamos que ir a las estadísticas, que son las que determinan de manera particular dónde se dan; pero pudiera decirte, desde mis experiencias en el mundo del activismo y personales, que sobre todo se ven en el mundo laboral.

La desigualdad con respecto a las mujeres negras se da de manera muy particular en los emprendimientos. La crisis económica, que no está ajena a ninguna de nosotras, pero afecta más a las personas negras porque venimos de un pasado de desigualdad reconocido desde el punto de vista político, social y de las investigaciones; no por casualidad impacta más en los llamados barrios vulnerables o marginalizados.

En esos espacios, el mayor porcentaje de sus habitantes son personas negras y, por tanto, mujeres que coincidentemente también son cabezas de familia. Esto ya es una carga extra.

Con los emprendimientos, donde es muy difícil tener una economía para que sean fuertes y sustentables, sucede que la mayoría recibe remesas de familias en el exterior y sabemos que la mayor parte de estas familias son blancas, pues históricamente son las que más han emigrado. Habría que revisar las estadísticas a ver cómo se da el proceso en la actualidad, pero desde lo que uno vive puede dar esas visiones.

Siempre hay que mirar en los mejores empleos, los mejor remunerados, cuál es el color de la piel de las mujeres que trabajan ahí. Por consiguiente, si tienes un buen empleo, donde ganas más, tendrás mejores condiciones para tu familia.

El sector de la educación superior da una visión de igualdad a nivel general, estadístico; pero cuando filtras te das cuentas de qué sucede con las mujeres negras. ¿Cuántas acceden a carreras que sabemos que, económicamente, tendrán garantizado un futuro mejor, como licenciatura en Turismo, las carreras de Economía y Finanzas? En las llamadas ciencias duras (Física, Matemática, Química), donde la presencia de las mujeres es menor, la de las mujeres negras es casi nula, y eso tendrá también consecuencia a la hora de obtener empleos.

¿Cuántas negras hay en puestos de trabajo mejor remunerados, como las empresas mixtas, o en posiciones claves? Así pudiéramos hablar de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), tan añoradas porque son las que más están aportando al sustento familiar: ¿cuántas mujeres negras hay en esos espacios, cuántas son dueñas de mipymes? Yo me atrevería a decir que el porcentaje es casi nulo.

¿Cuáles son los estereotipos o prejuicios más comunes que enfrentan las mujeres afrodescendientes?

Los estereotipos no son más que la reproducción colonial de la visión negativa que se tiene de la mujer y del hombre negro. Estos se dan no solamente desde el punto de vista estético, cuando nos llaman “bembonas”, negras feas, “pasúas” y demás; sino desde adjetivos negativos sobre mujeres y hombres negros, pero sobre todo las mujeres, que somos consideradas escandalosas, chusmas, conflictivas.

Son estereotipos que se han naturalizado en nuestra sociedad de una manera tan enraizada, que forman parte de los códigos lingüísticos de comunicación, de los institucionales, de los códigos sistémicos de nuestro país.

Ejemplos hay muchísimos, se ven a diario sólo con salir a la calle. Si hay una persona en la puerta de un lugar que no te atendió bien, o quizás no usó una buena forma, no es la persona la que lo hizo, sino “la negra esa”, o dicen: “con aquella pasa”, o “tenía que ser negra”…

Para mí es muy grave lo que se da en los negocios particulares, con esos anuncios a vox populi de no querer aceptar personas negras. Incluso a veces no está el anuncio, pero la realidad te dice que, sencillamente, no las aceptan, y eso se nota en lugares donde rigen códigos eurocéntricos. Aunque no solamente pasa en los negocios particulares, sino también desde el punto de vista institucional y sistémico.

 ¿Qué hacer para ganar conciencia y avanzar más en la eliminación de estas brechas e inequidades?

Hay que partir de que no basta con tener los programas. Tenemos el Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial, que para mí está divorciado de las realidades y las vivencias de las mujeres y los hombres negros en nuestro país. Es un programa que tenía que haber partido de abajo hacia arriba, que se tenía que haber llevado a debate público, porque la única manera de hacer conciencia es enseñar a la gente, educarla, hacer público y colectivo que eso que estás diciendo, esa manera de expresarte, de actuar, esos anuncios son racistas.

La vida ha demostrado que en la mayoría de los lugares institucionales y no institucionales no conocen el Programa. Como mismo se llevó a debate el Código de las Familias, así debió hacerse con este programa, porque hay muchísima gente que lo ve como innecesario, incluso quienes son parte de su ejecución.

Eso mismo sucede con el Programa para el Adelanto de las Mujeres (PAM). Este en particular no tiene la visión de las mujeres negras, sus inquietudes, porque seguimos entendiendo que la problemática de la mujer es única, cuando es diversa. Para tú acabar con una problemática social, tienes que particularizarla para poderla visualizar; y si lo vamos a hacer a través de un programa, este tiene que contenerla.

Eso es clave hoy para poder concientizar y trabajar sobre la base de esos dos programas, que tienen una connotación nacional y se supone sean esa sombrilla jurídica, política, social y normativa que recogerá la problemática de las personas negras y las mujeres negras. Hay que comenzar por ahí.

Hay mucho activismo social, legitimado o no, al cual no se le ha dado la importancia que merece, ni en el programa contra la discriminación racial ni en el PAM, y esos aportes son importantes.

Siempre decimos que en Cuba no hay un problema institucional y sistémico de estereotipos y sí lo hay, amén de políticas sociales y normas.

Hoy usted no puede llegar a una estación de policía y acusar a una persona porque le gritó negro, pues el agente de Carpeta no sabe incluso cómo procesar ese delito. La falta de una cultura jurídica, de castigo para estos hechos que pasan impunemente, también hace que sigan ocurriendo inadvertidos, que se naturalicen, amén de que la norma los establezca como prohibidos o no.

Tiene que existir la sanción punitiva o la estructura para que se ejecute; porque el gran problema es cómo se pone en práctica para que deje de ser natural, para que se haga esa conciencia que queremos para todas y todos en nuestro país.

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