El 15 de noviembre de 2022, el mundo alcanzó 8.000 millones de personas1, lo que significa que existen logros que han posibilitado el crecimiento de la población mundial, entre ellos: avances en salud, aumento de la esperanza de vida, reducción de la mortalidad infantil, políticas públicas sociales para la protección a las poblaciones, entre otros. Sin embargo, otras realidades deben ser motivo de reflexiones: ¿en qué contextos vive y vivirá esa población?, ¿qué bienestar y calidad de vida se les garantiza en un mundo donde aumentan las desigualdades entre las regiones, existen cada vez más heterogeneidades territoriales, un medio ambiente contaminado, se reproduce la pobreza, y aumentan la violencia y las brechas de género? En estos contextos vive la población mundial, el 49,5 por ciento de los habitantes son mujeres, y son ellas las que viven en los peores contextos.

Según ONU Mujeres2, la pobreza puede aumentar la violencia. Determinados grupos de mujeres –incluidas las mujeres y niñas que viven en la pobreza- se enfrentan a múltiples formas de discriminación y, como resultado, también sufren un mayor riesgo de violencia. Diversos estudios reflejan que las niñas pobres tienen una probabilidad 2,5 veces mayor de casarse en su infancia que las que pertenecen al quintil más rico. Las mujeres y niñas que viven en la pobreza son más vulnerables a la explotación sexual, incluida la trata de seres humanos. Por otro lado, continua ONU Mujeres, aquellas que sufren violencia doméstica o por parte de un compañero sentimental, tienen menos opciones de escapar de relaciones violentas debido a su falta de ingresos y recursos.

Enfocarse en aprovechar las oportunidades y garantizar los derechos y la libertad de decisión de todas las personas debe ser la prioridad para lograr los objetivos de desarrollo sostenible asociados a la Agenda 2030.

Entre las causas que sustentan la pobreza de las mujeres se posiciona la desigualdad de género, la cual está vinculada con la falta de autonomía. En la medida que ellas adquieran mayor autonomía física o corporal, económica y política o para la toma de decisiones, mayores serán las posibilidades para cerrar las brechas de género.

Las niñas y adolescentes, por estar más expuestas a condiciones de vulnerabilidad y a sufrir violencia basada en género, están en riesgo de sufrir embarazos precoces. El Informe sobre el Estado de la Población Mundial de 2022, del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), alerta que casi la mitad de todos los embarazos en el mundo son no deseados y vincula este problema con la violencia de género, las barreras a las que se enfrentan las mujeres para acceder a los servicios de salud reproductiva, los riesgos relacionados con la práctica de abortos, el matrimonio infantil y el embarazo adolescente3.

La capacidad de decisión sobre la autonomía corporal es un aspecto clave para la agenda 2030 y para lograr los objetivos relacionados con la salud sexual y reproductiva y con la igualdad de género. No existe la autonomía corporal cuando no se puede tomar una decisión consciente, porque se carece de acceso a información de calidad sobre salud reproductiva o de la capacidad de actuar a partir de esa información; cuando se experimenta coacción o violencia sexual, y cuando la discriminación y la desigualdad circunscriben toda una gama de oportunidades4.

Por su parte, el informe Estado de la Población del Unfpa, correspondiente a 2021, revela que solamente el 55 por ciento de las mujeres tiene autonomía corporal, es decir, que cuentan con la libertad para tomar suspropias decisiones sobre cuestiones relacionadas con la atención de la salud, los anticonceptivos y sin tener o no relaciones sexuales5.

La autonomía física se expresa en dos dimensiones que dan cuenta de problemáticas sociales relevantes en la región: el respeto a los derechos reproductivos de las mujeres y la violencia de género6. La maternidad en adolescentes y las uniones tempranas son indicadores en los que se puede expresar la autonomía corporal. A ellos nos aproximamos desde resultados de investigación cubanos.

Una mirada a Cuba

Según las estadísticas, en Cuba se producen matrimonios en las adolescentes a partir de los 14 años y aumentan en la medida en que lo hace la edad; en algunos casos constituyen re-matrimonios7. La mayoría de las madres adolescentes, en el momento del nacimiento de su hijo, se declaran con vínculo conyugal.

Aunque ese patrón predominó en las mujeres de 12 a 19 años de edad, se nota que en el grupo de 12 a 14 la relación se invierte: existe entonces un porcentaje mayor de adolescentes de estas edades solteras, que con vínculo conyugal. A pesar de esta declaratoria, la mayoría de las adolescentes siguen el curso de su vida como madre soltera, particularmente en los primeros años de sus hijos.

La Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados (Mics) de 2019 reveló que 12 por ciento de las adolescentes encuestadas estaba casada o unida y seis por ciento se casó o unió antes de los 15 años8.

Mientras, solo 2,9 por ciento de los adolescentes estaban unidos o casados y solo 0,8 por ciento se casó o unió antes de los 15 años. Aproximadamente 67 por ciento de las adolescentes de 15 a 19 años están casadas o en unión con un esposo o pareja que es mayor en edad que ellas, entre cinco y más de 10 años. La tercera parte tiene esposo o pareja con más de 10 años de diferencia de edad. Estos datos coinciden con otros resultados de investigación9.

Las uniones tempranas se asocian a maternidad precoz, deserción escolar, menos  osibilidades para el ascenso social en el mercado laboral adulto, mayor riesgo de exposición a la violencia basada en género y falta de autonomía para tomar sus propias decisiones sobre sus cuerpos y sobre sus vidas.

La capacidad de ejercer la autonomía mejora sus vidas y su desarrollo integral. Cuando no hay autonomía corporal hay pérdida de la capacidad para tomar decisiones, mayor posibilidad de violencia de género expresada en la coacción, el uso de la fuerza, amenazas, presión o intimidación, así como la falta de consentimiento. Se debilita la capacidad de llevar a la práctica las intenciones y ejercer la libertad de decisión, se deja en manos de su pareja –o sus familias- las decisiones sobre el sexo y el embarazo por miedo a sufrir violencia; se pierde el diálogo abierto sobre los deseos, las opciones y los planes que deben llevarse a cabo entre las parejas sexuales, en aras de garantizar que ambas partes puedan ejercer su capacidad de  decisión y autonomía.

Para eliminar las brechas de género -y con ellas la violencia a las mujeres- hay que garantizar  na educación integral de la sexualidad de calidad, que trascienda la tendencia unilateral de brindar información. Si la información no genera reflexión, no se convierte en conocimiento, y si este no se dinamiza, no se interioriza.

Hay que pensar en los modelos de enseñanza y aprendizaje, lo que no mueve fibras y  emociones: lo que no levanta motivación y reflexión, no se interioriza y no se conceptualiza. Si no se logra una educación de calidad basada en el conocimiento científico, no se desarrolla el pensamiento teórico de la etapa de la adolescencia, por lo tanto, no habrá posibilidades para la reflexión, para generar dicotomías y resolver conflictos. Se limitan, entonces, las posibilidades para el empoderamiento, para ser asertivas, poder decir NO o SI, según las situaciones y eventos por los que atraviesan las múltiples historias de vida de estas adolescentes.

Aún existen mujeres en Cuba que no poseen autonomía física y económica, limitan su  articipación en la sociedad y esta situación se hegeteroniza mucho más cuando se mira a través del prisma de la intersección por ser mujer, negra, y vivir en una zona rural. Estos son los retos. En Cuba aún existen diferencias y heterogeneidades que expresan las brechas de nuestro sistema social, aun reconociendo la voluntad política, la institucionalidad de género y, con ello, el reconocimiento del rol que asume el Estado como agente de igualdad.

El Código de las Familias y el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres son políticas  actuales que potencian y fortalecen acciones para el desarrollo de la autonomía corporal en las mujeres, y particularmente en las adolescentes; que no se queden en el texto y se conviertan en actores trasformadores depende de todas y de todos.

 

1 Cepal (2022). El mundo alcanza los 8 mil millones de habitantes, de los cuales 662 millones viven en América Latina y el Caribe. https://www.cepal.org/es/noticias/mundo-alcanza-8-mil-millones-habitantes-cuales-662-millones-vivenamerica-latina-caribe

 2 ONU Mujeres (2014). La mujer y la pobreza. https://www.unwomen.org/es/news/in-focus/end-violence-gainstwomen/2014/poverty?_ga=2.183271782.1546929642.1674390136-1317909060.1674390136

3 Unfpa (2022). Informe Estado de la Población Mundial 2022. https://www.unfpa.org/sites/default/files/pubpdf/ES_SWP22 por ciento20report_0.pdf

4 Ídem

5 Unfpa (2021). Informe Estado de la Población Mundial 2021. https://cuba.unfpa.org/es/publications/estado-de-lapoblaci%C3%B3n-mundial-2021

6 OIG-Cepal (2022). Autonomía Física. https://oig.cepal.org/es/autonomias/autonomia-fisica

7 Cepde-Onei (2022). Anuario Demográfico de Cuba 2021. http://www.onei.gob.cu/taxonomy/term/174#:~:text=El%20Anuario%20Demogr%C3%A1fico%20de%20Cuba,hechos %20sobre%20movimiento%20natural%20y

8 Minsap y Unicef Cuba (2020). Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados 2019. Informe de resultados. La Habana, Cuba: Dirección de Registros Médicos y Estadísticas de Salud. MINSAP.

9 Molina Cintra, M.C. (2018). La fecundidad adolescente en Cuba. La Habana, CEDEM. y Molina Cintra, M.C. (2021). Tendencias de la fecundidad adolescente en Cuba hasta el 2020. En: Novedades en Población, 17 (34). http://www.novpob.uh.cu

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