Mujeres médicas luchan contra estereotipos patriarcales

Aunque las cubanas tienen una amplia presencia en el sector de la salud y pueden estudiar y ejercer la medicina como un derecho, no están libres de estereotipos, prejuicios y cargas atribuidas al hecho de ser mujeres.
Los testimonios, anécdotas y análisis de varias doctoras, reunidas en la sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), el pasado 22 de junio en el espacio Mirada de Mujer, dieron cuenta de los obstáculos que ellas sortean cotidianamente en el ejercicio de su profesión.
Para la anestesióloga Gladys Lobaina, está claro que las cubanas no tienen problemas para entrar en la carrera de Medicina, pero sí están marcadas por otras experiencias negativas. «En un momento determinado quería que una compañera de la especialidad viniera a trabajar a mi departamento, donde había plaza, y la jefa me dijo: ‘pero es mujer, no tiene hijos, va a salir embarazada y va a pedir licencia, ¿y las guardias?’… me sentí muy mal con eso», relató la especialista.
Con ella coincidió la médica intensivista Hilev Larrondo, quien opinó que sí existen estereotipos con respecto a las especialidades y la presencia de la mujer. «A veces se consideran unas más adecuadas que otras para el desempeño en determinadas áreas. Es triste ver a médicos jóvenes, a la altura del siglo XXI, mantener esos estereotipos, como considerar que una mujer con hijos debe cambiar a especialidades como alergia u otra, que no incluyen guardias nocturnas», dijo.
En el espacio del proyecto literario enfocado en la prevención de la violencia y la promoción de la equidad de géneros, varias participantes comentaron que los ejemplos expuestos se dan también en otros ámbitos de la vida, como el no querer emplear a mujeres por las complicaciones que sobrevendrán luego con la familia.
La doctora Aissa Naranjo Dojer, médica de familia, dijo que tiende a relacionarse más a determinadas especialidades con las mujeres, pero a su juicio, para todo en la vida lo que hay que tener es formación y estudiar diariamente.

Además de este tema, en el espacio se ha debatido, por ejemplo, con mujeres torcedoras de tabaco, sus realidades y desafíos. Foto UNEAC

«Hay especialidades donde, tal vez, hay menos mujeres, como Urología, Proctología, Ortopedia; pero las que se desempeñan en ellas son muy buenas», refirió.
Precisó, no obstante, que las opciones se dificultan para las mujeres cuando no tienen una buena red de apoyo que les permita avanzar con sus estudios y desempeñar su labor.
Naranjo Dojer se ha dedicado por muchos años a la planificación familiar y a atender problemas de salud de las mujeres, un área donde cotidianamente enfrenta inequidades de género.
«Cuando comencé a trabajar en servicios de planificación familiar, como todos los temas deben ser abordados en pareja y en la práctica los hombres dicen que para ellos es más difícil ausentarse al trabajo, propuse horarios diferentes para las consultas, de manera que pudieran participar, y ni así iban. Lo mismo sucede con la anticoncepción, donde se asume el tema como algo que es responsabilidad de la mujer», dijo.
En su opinión, todavía se hace muy necesario que los hombres participen en estos asuntos. «La maternidad es entre dos. Muchas veces las mujeres llegan solas a las consultas de planificación familiar o de salud sexual y reproductiva, porque ni siquiera consideran que ellos deban estar», expuso.
Significó que los temas de género muchas veces se debaten solo entre mujeres, como es el caso de ese propio encuentro, donde los hombres presentes son los que personalmente ellas invitaron.

Las cargas invisibles

La doctora Gilda Monteagudo dijo que en una familia donde hay más de un médico y uno de ellos es mujer, por lo general recae sobre ella la responsabilidad de cuidar al resto de sus familiares, con todas las angustias que ello supone. Foto UNEAC

Al desgaste emocional que sufren los médicos cuando enferman sus seres queridos se refirió la médica Laidi Fernández de Juan, una de las moderadoras del espacio.
La también narradora leyó su texto Esculapio no lo dijo todo, que expone el doble juego de ser familiar y doctor al mismo tiempo, y obliga a soportar en silencio las enormes angustias de lo que se sabe e intuye que puede suceder. «Eso es francamente abrumador. Ese desgaste mental no desaparece sin dejar huellas y la mejor ayuda es el apoyo de otro médico que conoce cómo se siente», dijo.
«Esta es una característica de quienes ejercen la medicina: el conocimiento, en lugar de brindarles tranquilidad cuando los pacientes son los familiares, les da más inquietud, porque conocen las enfermedades, sus consecuencias, los riesgos de los tratamientos», apuntó la escritora Lourdes de Armas, organizadora del debate y presidenta de la sección de narrativa de la Uneac.
De esa encrucijada y otras cargas asociadas a la mujer, como las labores y responsabilidades del hogar, comentó Gladys Lobaina.
Contó que, en una ocasión, el ministro de Salud llegó al hospital donde ella dirigía una inversión. Él venía de un recorrido por otro hospital dirigido por hombres y que tenía problemas en su inversión. «Cuando llegó al nuestro, dijo que parecía mentira que tres mujeres pudieran avanzar en la inversión de buena manera, mientras los ‘machangos’ del otro no eran capaces.
«Es el tipo de expresiones que no sabes si ponerte brava o verlas como un elogio. Pero reconozco que es difícil, pues yo hice la inversión con mi mamá con Alzheimer y otra anciana en casa, pero no dejé de trabajar. Tuve mucho apoyo de mis compañeros de trabajo, pero es muy difícil salir de un día entero trabajando con pacientes y llegar a la casa a lidiar con pacientes que son tus familiares, que los ves perdiendo capacidades cada día», relató.
Añadió que las mujeres son las más sobrecargadas en el trabajo y la casa. «Distribuir las tareas y responsabilidades en ambos espacios es algo que debemos aprender a hacer y educar en ello a los otros», apuntó.
La doctora Gilda Monteagudo agregó que en una familia donde hay más de un médico y uno de ellos es mujer, por lo general sobre ella recae la responsabilidad de cuidar al resto de sus familiares, con todas las angustias que ello supone.
«Ahora vivo el estigma de la edad, aunque con ciertos beneficios, porque me resisto a jubilarme», añadió.
Rememoró que, en medio de la pandemia, quiso ir a zona roja, para estar en primera línea, que era donde estaban los profesionales que atendían directamente a los pacientes, pero siempre la querían poner de experta. Finalmente lo logró y estuvo en sala haciendo guardias de 24 horas cada 72 horas. Sin embargo, cuando llamaba a otro especialista para hacerle una consulta, este se preocupaba y cuestionaba por qué ella estaba ahí.
«Eso era por consideración, pero también porque me veían vieja para eso. En zona roja jamás enfermé. Paradójicamente, meses más tarde enfermó mi mamá anciana y yo también. Fue angustiante prometerle a ella que estaría bien y tener que lidiar con todo ese conocimiento que tienes, sobre todo lo que puede pasar. Mi mamá no se me murió, pero tuve miedo», dijo.
La actriz Corina Mestre elogió la dedicación de las mujeres médicas cubanas en medio de la covid-19, que durante la pandemia permanecieron al lado de sus pacientes a riesgo de su salud y sacrificando el tiempo junto a su familia. «Estoy viva gracias a ellas», señaló al recordar las atenciones que recibió entonces como paciente.

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