Tejer redes y luchas contra el patriarcado

Investigación, redes, activismo en vivo y digital, alianzas, encuentros y experiencias prácticas se alternan y conviven como formas actuales que, desde una perspectiva feminista, se enfocan en la conquista de la justicia social y contra la dominación patriarcal.

Compartir vivencias y demandas comunes, reconocerse en sus semejanzas y diferencias, coincidir y apoyarse en las intenciones y luchas por sus derechos siguen siendo apuestas de feministas cubanas, latinoamericanas y caribeñas, en acciones diversas contra la discriminación y la violencia patriarcal, asegura Mirell Pérez González, joven investigadora que integra el Grupo América Latina: Filosofía Social y Axiología (Galfisa), del Instituto de Filosofía, y su Espacio Feminista “Berta Cáceres”.

¿Qué enfoques y acciones han desarrollado desde esos espacios de cara a las violencias machistas?

El Espacio Feminista “Berta Cáceres” se crea con la intención de propiciar el debate acerca del feminismo en Cuba. Nuestra apuesta es lograr que se compartan experiencias, ideas y vivencias cotidianas que reivindiquen las luchas y resistencias de las mujeres, poner en común demandas y reflexiones feministas que convoquen a la acción contra la dominación, discriminación y violencia patriarcal.

La propia creación de su canal en Telegram es una apuesta de cara a visibilizar nuestros enfoques, líneas de trabajo y acciones, como feministas y grupo de investigación. No solo las nuestras, también el contenido digital que se está creando desde una perspectiva feminista, despatriarcalizadora, de múltiples y diversas voces en la lucha por la equidad y la justicia social.

Compartir, socializar, articularnos y visibilizar el contenido que se está creando desde otras organizaciones y colectivas feministas, sumarnos a debates, por ejemplo, acerca del Programa de Adelanto de las mujeres, y el más reciente vinculado a las proyecciones en el anteproyecto del Código de las Familias. Es precisamente el Espacio Feminista un lugar de encuentro para reivindicar nuestras luchas y las de las mujeres latinoamericanas y caribeñas.

Es un lugar de enunciación para colocar y poner en común reflexiones y demandas feministas que convoquen a la acción diversa contra la dominación, explotación, discriminación y violencia patriarcal. Estos tiempos marcados por la pandemia, nos acercó a prácticas cotidianas de luchas y resistencias; siento que nos articulamos con muchas mujeres y espacios, sin dejar de ser un desafío el entramado digital, como un ámbito de relaciones que también expresa una disputa de sentidos.

Desde 2002 nuestro grupo de investigación realiza las “Cortes de mujeres por la no violencia”, a partir de testimonios de mujeres que han sido víctimas de violencia y en este proceso comparten su historia de vida. Testimoniar es un acto que presupone ser fiel a la verdad, sabiendo que la historia de una puede ser la de muchas.

Este proceso de las Cortes de mujeres habla de su superación y resistencia. Desde un inicio se creó un clima de respeto y confianza hacia las testimoniantes; no se trata de invadir su privacidad, sino de guiarlas y ofrecerles las herramientas para que nos lleven hacia su verdad y coloquen sus vivencias desde el compromiso con el proyecto.

Construir su relato de un modo creativo resulta lo más interesante, superar la idea de mujer/víctima y asumirse como sujetos sociales activos y que transforman imaginarios. Se construye desde una red de apoyo para que otras no vivan situaciones similares, también desde el reconocimiento de las fortalezas y con el propósito de visibilizar la resistencia cotidiana de las mujeres, además de sensibilizar a las personas de cara a las diversas formas de violencias públicas y privadas que viven las mujeres.

No quiero dejar de mencionar una experiencia en las que estuvimos involucradas este año y nos ha tenido muy animadas. Se trata de un taller de intercambio de experiencias vinculadas a diversas actividades, ramas de las ciencias sociales, emprendimientos y proyectos; que coordinamos en el mes de junio: “Sororidades conectadas”. De este taller devino un folleto que utiliza el nombre del taller como propuesta de título, pero en el cual agregamos “activismo en redes desde una perspectiva feminista”.

El texto coloca múltiples voces en el intento por construir el camino colectivo de activismo digital feminista, además de colocar acciones llevadas a cabo por estas experiencias, así como los sentidos e intenciones que las nutren, sus aprendizajes y herramientas prácticas para fortalecer capacidades en el entorno digital, potenciar proyectos y/o procesos, con la apuesta de visibilizar los derechos de las mujeres, cuestionar las violencias desde el respeto a las diversidades y posicionar acciones colectivas en la lucha contra el sistema patriarcal. El entorno digital es un reto; por tanto, imprimirle valores como responsabilidad, empatía, respeto a las diferencias y sororidad puede dar pistas de nuestros posicionamientos, críticas y luchas.

Han trabajado directamente en cooperativas no agropecuarias de servicios. ¿Cómo contribuir desde esos espacios laborales a erradicar las violencias machistas?

Es un desafío, pero también una necesidad. Esencialmente, el proceso trascurre desde aprender a identificar las violencias hasta desmontar imaginarios y percepciones con las que conviven no solo en el entorno laboral, sino también en su vida cotidiana. Reconocer que naturalizamos esas violencias es esencial para la transformación.

Las cooperativas son espacios que tienen contacto directo con públicos y, de forma consciente y responsable, pueden convertirse en replicadoras de mensajes contra la violencia de género, identificarse como cooperativas que contribuyen a su prevención, donde las mujeres en situación de violencia pueden encontrar información sobre lugares a los que pueden acudir para recibir ayuda.

¿Qué ha emergido de esas experiencias? ¿Cómo continuarlas?

Los talleres desarrollados allí son el peldaño hacia otras transformaciones en entornos personales, laborales y comunitarios. Esa es la intención: reconocer las violencias, desmontar estereotipos y convertirse en espacios de apoyo a la prevención al interior del colectivo laboral y hacia la comunidad y el entorno social.

La sostenibilidad de prácticas como estas depende del compromiso de las personas y experiencias involucradas. Identificarse como espacios de prevención de las violencias es asumir el reto de más trabajo, pero también pasa por entender que es una ganancia en doble sentido: la responsabilidad social y el reconocimiento de la comunidad. Es, además, la posibilidad de formar parte de espacios de formación y capacitación en temas de género, conocer las vías y mecanismos para proteger a mujeres en situación de violencia, para luego asumir la responsabilidad comunitaria de llegar a más personas. 

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