Embarazo adolescente, un problema que urge revertir

La Habana, julio (SEMlac). Cerca del 18 por ciento de los nacimientos en Cuba, al cierre de 2022, fueron aportados por madres adolescentes, un problema social reconocido por las autoridades y que demanda atención urgente, coinciden especialistas.

Una mirada a las estadísticas demográficas del país evidencia una ligera disminución o estabilización de las tasas de fecundidad adolescente en los últimos años. Si al finalizar el año 2020 se reportaron 51,5 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años, en 2022, esa cifra bajó a 50,6, confirman datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

Aunque disminuye el nivel de la fecundidad adolescente, “esta bajada resulta muy lenta para nuestras condiciones educativas o sanitarias”, sostiene la psicóloga y demógrafa Matilde Molina Cintra, subdirectora del Centro de Estudios Demográficos (Cedem), de la Universidad de La Habana.

Los nacimientos totales en el país también han disminuido, pero a juicio de Molina Cintra, lo más preocupante es que  “el aporte de las jóvenes a la fecundidad general ha crecido”.

O sea, si en 2019 los partos de las muchachas de estas edades representaban el 16,7 por ciento del total de nacimientos, en 2020 esa cifra subió a 17; en 2021, a 17,1 y en 2022 ya alcanzaron 17,9 por ciento, ilustran los datos de la ONEI.

Investigaciones del Ceden han precisado que, aunque existen en el país embarazos y partos de niñas por debajo de los 15 años, el mayor número de ellos se concentra en adolescentes que van de los 17 a los 19 años.

Embarazo adolescente
Cerca del 18 por ciento de los nacimientos en Cuba, al cierre de 2022, fueron aportados por madres adolescentes, un problema social que demanda atención urgente. Foto SEMlac

Otra característica del fenómeno en Cuba es que se aprecia gran heterogeneidad de su comportamiento según territorios. Entre las provincias con mayor peso de nacimientos de adolescentes con relación al resto de la fecundidad están Las Tunas (22,7%), Holguín (21,3%), Camagüey (20,5%) y Granma (20,3%).

En el otro extremo se encuentran La Habana, con 14,9 por ciento, seguida por Pinar del Río y Villa Clara, con 15 por ciento en cada caso, según explicó la también psicóloga y profesora del Cedem, Rachel Lambert Correoso, durante el II Curso de Postgrado Regional de Periodismo, Género y Dinámicas Demográficas, realizado entre el 12 y el 16 de junio en la provincia de Villa Clara, a más de 300 kilómetros de la capital.

En la región oriental el fenómeno se concentra en las zonas rurales, mientras que, en el centro del país, la capital y parte del occidente ocurre mayormente en zonas urbanas, abundó Lambert durante la capacitación organizada por el Instituto Internacional de Periodismo José Martí (Iipjm), en alianza con el propio Cedem, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), Oxfam y la Embajada de Francia en el país.

Para la socióloga Reina Fleitas, profesora titular del Departamento de Sociología de casa de altos estudios capitalina, aunque las zonas rurales cubanas han avanzado en cuanto a estrategias de empoderamiento, aún no brindan todas las oportunidades de empleo, servicios de apoyo hogar o reinserción escolar, asuntos todos directamente enlazados con la maternidad temprana.

Según resultados de investigaciones presentados por Fleitas en el Congreso Internacional de Investigadores sobre Infancias, Adolescencias y Juventudes, en marzo de 2022, la maternidad temprana tiende a ocurrir más en adolescentes mestizas y negras, desvinculadas del estudio o el trabajo y en viviendas con bajos ingresos y en condiciones precarias.

El inicio temprano de las relaciones sexuales y una todavía deficitaria educación integral de la sexualidad; la baja percepción de riesgo sobre las prácticas sexuales sin protección, poca autonomía, sobre todo de las muchachas y asimetrías de género diversas clasifican como otros elementos para un análisis serio de esta problemática, coinciden las especialistas.

Educación sexual
«Si no se logra una educación de calidad basada en el conocimiento científico, no se desarrolla el pensamiento teórico de la etapa de la adolescencia, por lo tanto, no habrá posibilidades para la reflexión, para generar dicotomías y resolver conflictos”, precisa Matilde Molina Cintra. Foto: UNFPA

Un problema social

A juicio de Molina Cintra, para eliminar las brechas de género detrás de este fenómeno hay que garantizar una educación integral de la sexualidad de calidad, que trascienda la tendencia unilateral de brindar información.

“Si la información no genera reflexión, no se convierte en conocimiento, y si este no se dinamiza, no se interioriza”, precisó en el artículo “Autonomía corporal y violencia de género: una mirada al grupo de las adolescentes”, un análisis especial para SEMlac.

Al cierre de enero de 2023, la reunión de un grupo temporal de trabajo creado por el gobierno cubano para atender la implementación del Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres (PAM) dedicó extensos análisis a este grave problema social, según refirió entonces el periódico Granma.

En el intercambio, presidido por Inés María Chapman Waugh, vice primera ministra de la República, la doctora Tania Margarita Cruz Hernández, viceministra primera de Salud Pública, valoró que el incremento de la fecundidad adolescente se comporta “por encima de lo esperado y deseado”.

Para revertir esta situación, Cruz Hernández explicó que el Minsap se propone disminuir la tasa de fecundidad en la adolescencia a menos del 50 por ciento y asegurar el 80 por ciento de cobertura y diversidad de medios anticonceptivos de alta eficacia en las consultas de atención a la adolescencia, entre otras acciones.

Chapman Waugh indicó que desde el PAM se tenían que hacer propuestas inmediatas para la solución del problema, e intensificar el trabajo de educación sexual en las escuelas, en la comunidad y con la familia, al tiempo que se debían retomar programas televisivos relacionados con el tema.

Para el filósofo y demógrafo Antonio Aja Díaz, director del Cedem, el embarazo en la adolescencia es algo que “no se puede solucionar en un día ni un año, sino que es un proceso que requiere educación y cambios culturales”.

“Y es un asunto que no solo compete al sector de la salud, sino a todos, insistió durante un recorrido por la provincia de Matanzas, desarrollado por su equipo de trabajo en abril, como parte del monitoreo de la implementación de la Política de Atención a la Dinámica Demográfica.

Según Molina Cintra, “si no se logra una educación de calidad basada en el conocimiento científico, no se desarrolla el pensamiento teórico de la etapa de la adolescencia, por lo tanto, no habrá posibilidades para la reflexión, para generar dicotomías y resolver conflictos”, precisó en el texto publicado por SEMlac.   

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