[…] ella representó la dolida conciencia de nuestros poetas y del noble compromiso de agitar el lirismo originario de su raza, su voz recia se apagó: exhaló el respiro último y desapareció de la memoria y el testimonio de la colectividad […].[i]

La historia de los movimientos feministas en Cuba también es el resultado de la reproducción del discurso colonial-patriarcal, eurocéntrico y centrista que forma parte de la historiografía feminista. Se hace difícil exponer en la contemporaneidad hechos/sucesos sociales, culturales, históricos, ideológicos sin un pensamiento crítico que analice la estructura de dominación ontológica sobre la que fueron erigidos y alrededor de la cual, en el caso que nos ocupa, “el feminismo” gravitó un pensamiento feminista excluyente.

Como bien asevera el historiador Julio César González en su libro Introducción En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba  (Ciencias Sociales, 2005:   “El feminismo en Cuba y su variable sufragista no fue un movimiento puramente vindicativo [… creó toda una filosofía para las mujeres que les posibilitó enfrentar el circulo hegemónico masculino en el poder…]. Sin embargo, esta ideología, como herramienta, no funcionó de manera uniforme para todas las mujeres, pues no alcanzó a expresar otras categorías de opresión como la raza- clase.

El movimiento feminista en Cuba estuvo caracterizado por las reivindicaciones políticas y sociales de las mujeres. Estas tuvieron como centro al feminismo liberal/ burgués y reprodujeron y legitimaron en sus batallas los códigos hegemónicos mantenidos por el grupo al cual ellas pertenecían (blancas burguesas o de clase media), rechazando a otras mujeres que no lo integraban.

Por otra parte, entendían que sus intereses y demandas respondían al universo de problemáticas de todas las mujeres empuñando intereses comunes, pero quedaron vedadas una y otra vez las problemáticas particulares de las  “otras” mujeres-negras-obreras-campesinas. Los congresos feministas no siempre fueron el espacio de expresión política y práctica del pensamiento feminista subalterno de aquellas voces silenciadas que, desde la alteridad, se alzarían para esgrimir sus demandas. No obstante, cabría preguntarnos ¿cuándo fue el momento en que se desplazó el centro de poder de los movimientos feministas?, ¿cómo se devela la colonialidad desde el feminismo liberal?, ¿cuánto ha aportado el análisis del pensamiento feminista negro a los movimientos?

Para las mujeres subalternas, desplazar los centros fue un proceso complejo que  realizarían a través del activismo intelectual (fundamentalmente en la prensa), junto a sus propias experiencias de lucha, tanto gremiales como asociativas. Lograron así conformar un pensamiento plural/diverso propio dentro del movimiento feminista, que alcanzaría la madurez para ser catalogado como un discurso feminista para la segunda década del siglo XX.

El novelista, dramaturgo y ensayista keniano Ngũgĩ wa Thiong’o asegura en su libro Desplazar los centros (Rayo Verde, Madrid, 2017) que  [… Es necesario desplazar el centro de las minorías de clase establecidas en el interior de cada nación a los centros verdaderamente creativos entre las clases trabajadoras, en condiciones de igualdad racial…].  

Esta afirmación nos sirve para comprender el por qué las mujeres “otras” no se vieron representadas en un discurso único de feminismo, por lo que tuvieron que realizar uno propio para y por ellas. Así, transcurrieron el I (1923) y II (1925)[ii] Congresos femeninos, sin una clara presencia que no fuera la de las mujeres que representaban a los grupos de poder. En una fraternal “alianza estratégica”  se unirían las mujeres burguesas, obreras, campesinas y negras con un objetivo común: alcanzar el derecho al voto. Para lograrlo, el feminismo “tradicional” tuvo que “aceptar” la participación de los grupos históricamente oprimidos. Lo cual no significaba asimilar.

No fue hasta el III Congreso, de 1939[iii], después de haber alcanzado logros trascendentales[iv] en las luchas feministas, que se mostró un cambio radical en esas voces. Por primera vez las mujeres negras desplazaron el centro de poder del feminismo burgués.

De suerte que se apropiaron del espacio hegemónico (Congreso) -acción-pensamiento-saber feminista-experiencia vivida, con un temario que recogía en todos sus puntos las problemáticas existenciales de las mujeres negras[v]:

1.- Situación de la mujer negra en Cuba.

2.- Su problema social, cultural y económico.

3.- Igualdad real y legal de las mujeres negras y blancas en la vida cubana.

4.- Los prejuicios raciales y sus manifestaciones en el mundo: lucha contra ellos.

5.-  Participación de la raza negra en la formación de la nacionalidad.

Ello significó un reposicionamiento del pensamiento de la mujer negra, que pasó de ser representada a sujeta constituida/querellante de derechos en un espacio hasta el momento negado, para desde allí denunciar/demandar opresiones particulares. Este hecho cambiaría no solo la brújula del Congreso, sino que se conformó una vanguardia de pensamiento, antirracista, feminista y política. En consecuencia, pudiéramos analizar este Congreso, en el cual se colocó a las mujeres de este grupo y su pensamiento como eje central, para revelar al colonialismo/colonialidad como sistema de opresión, desde dos miradas distintas hacia la mujer negra.

Las mujeres negras tuvieron protagonismo en un congreso femenino, por primera vez, en 1939, en la voz de María Damasa Jova, intelectual negra, feminista, política y pedagoga.

Así, de una parte, puede verse desde el criterio del discurso fundacional del pensamiento feminista negro pronunciado por María Dámasa Jova, la más importante intelectual negra, feminista, política y pedagoga que tuvo el movimiento feminista, con su ponencia “Situación de la mujer negra en Cuba, su problema social, cultural y económico”[vi][vii]. Vale la pena señalar que el tema central del Congreso no era la mujer negra, sino “Por la Paz, la Mujer y el Niño” y que, para las delegadas (representantes del feminismo burgués), el análisis de la mujer negra no era necesario. Dicho de otro modo, le hicieron resistencia; no obstante, se interpuso el temario como un método de denuncia al sistema y para enmarcar a las sujetas más oprimidas dentro de este.

Desde el preámbulo del discurso se puede predecir lo intenso y diferente de su contenido, cargado de conciencia feminista, racial y social; enfatizando que la cuestión de los derechos de las mujeres es una cuestión de “hombres y mujeres”, lo que resulta esencial para esgrimir la necesidad de una igualdad entre ambos sexos:

[…Y hombro a hombro las mujeres se apretujan y van a unir a la labor del hombre, su labor, para marchar junto al hombre, no frente a él, sino a su lado, para rectificar errores y coadyuvar eficientemente al logro de un mundo mejor…]

En su pensamiento estaba incorporado, como núcleo central, la defensa de la mujer negra; el Congreso solo era un pretexto para apoderarse del espacio y poder establecer sus postulados. Sin la igualdad, entre todas las mujeres, [no se podría andar en marcha con las revoluciones, ni con la constituyente], refiriéndose no solo a las cubanas, sino a todas las mujeres de la región.

 […Pero entre las mujeres carentes de estímulos y de reivindicaciones, la que más lo está es la mujer negra en Cuba. Justo es pues que la mujer negra sea el eje de este Congreso…]

Era consciente de que las mujeres blancas, por sus privilegios, tenían asignadas socialmente herramientas que podían influir en la solución de algunos de sus problemas, sobre todo en cuestión de “equidad”, “facilidades” que les eran negadas a las mujeres negras por las desventajas que representaba su raza en una sociedad desigual.

En el discurso, Dámasa va mucho más allá del análisis económico. Llega a hacer una observación sociológica detallada de la situación de las mujeres negras y de lo que sucedía con sus familias, en especial con sus hijos e hijas, como consecuencia de la precaria situación en la que se encontraban y de la cual no podían salir sin recursos.

[…La madre negra haciendo esfuerzos sobrehumanos por contener a sus hijos, los tiene al fin que enviar a ganarse la subsistencia como puedan. Pero hay que fijarse también que si ella no los manda, ellos van guiados por el imperativo del instinto de conservación, que es un poderoso acicate…]

[…De esos hijos de la mujer negra es que sale el negrito vendedor de periódicos, el negrito limpia botas, el negrito que integra la pandilla de saltadores…].

De esta manera, respondían a la necesidad del reconocimiento de una problemática histórica que era consecuencia del actuar de una burguesía minoría y blanca, a la que pertenecían tanto hombres como mujeres.

Para tener otra mirada pongamos por caso el texto “Negras en el Congreso de Mujeres”, de una de las feministas blancas/liberales más destacadas del siglo XX, Mariblanca Sabas Alomá. Dicho escrito fue objeto de debate por hombres y mujeres de la época. Ella expone que el temario del Congreso […no se limita en función de feminismo precario, sino se proyecta hacia los puntos cardinales de los problemas de la raza negra…]. A pesar de esto, no escapó de un pensamiento liberal/burgués. En el texto establece una observación ambigua, subjetiva, reduccionista del problema de la mujer negra, y lo analiza desde lo racial-sexual. […los blancos oponemos menos resistencia a la posibilidad de asimilar la raza negra “blanqueándola” a través de varios siglos de sometimiento sexual de la mujer negra o mestiza al hombre blanco…]. No logra entender el racismo y la discriminación racial como un proceso del inconsciente, más allá de lo subjetivo, como fenómeno antagónico que se sustenta en lo económico y que se articula y conecta para dominar la sociedad en lo político, cultural y social

Aun asumiendo su posición de privilegio como mujer blanca, en su intento fallido de cumplir la misión salvadora, fue incapaz de visualizar todo el poder que acompaña el ejercicio de su condición y que, en alguna medida, lo expresa: […A mi propia e individual condición de blanca la ley- o la teoría de la orden de la naturaleza de perpetuar la especie…], […pero a mi calidad de mujer depositaria de la orden de la naturaleza de perpetuar la especies…], acuñando el concepto supremacista blanco.

Su mirada responde al pensamiento feminista liberal/burgués, con una posición privilegiada, y establece que “no tienen demandas” […Cierto que no hay demandas específicas de la mujer blanca, y que sí las hay de la mujer negra…]. Por tanto, reconociendo las opresiones de las mujeres negras, no logra abarcar ni concientizar la dimensión total del feminismo y las opresiones del sistema hacia las “otras mujeres” negras, pobres, obreras, campesinas, etcétera.

Las mujeres “otras”, de manera particular las negras, tuvieron una expresión propia de pensamiento que, en opinión de la autora, pudiéramos catalogar como un pensamiento feminista negro, teniendo en cuenta que buscaron sus métodos de resistencia contra el opresor, utilizaron los espacios del feminismo tradicional para demandar. De la misma manera, fueron expuestas desde un derecho constitucional y sus demandas abarcaron a las pobres, obreras, campesinas y a los hombres.

Siendo así, reivindicar el pensamiento y el lugar de las mujeres negras en la historiografía feminista y de los movimientos feministas, significa también desplazar los centros de la historia. Para observar con una perspectiva otra y brindar ese espacio silenciado y vedado, pero resiliente ante la colonialidad que representan las luchas feministas desde la homogeneidad identificada por el feminismo liberal/burgués. Entender las diversidades de pensamiento en la historiografía de los movimientos feministas en Cuba nos permitirá hoy poder responder, desde la epistemología, a los problemas históricos particulares existenciales de cada mujer. Por tanto, queda fuera una conflictividad específica cuando las reducimos a todas en programas, estadísticas, planes, acciones y otras iniciativas.

 

 

Aloma, Maria Blanca Sabas. «Negras en el Congreso de Mujeres.» Pueblo, 19 de abril de 1939.

Pagés, Julio César González. Introducción En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba. La Habana: Ciencias Sociales, 2005.

Thiong´o, Ngũgĩ wa. Desplazar los centros. Madrid: Rayo Verde, 2017.

 

[i] Luis Severo Bernal en 14, Machado Ordex Luis. Coterráneos. Santa Clara: Santa Clara, 1996.

[ii] I Congreso femenino 1923: el primero de abril, obteniendo grandes resultados en cuanto a demandas sobre derechos de igualdad de la mujer. II Congreso 1925: celebrado el 12 de agosto, se caracterizó por las demandas al derecho al sufragio y por la fortaleza organizativa que ganarían las mujeres.

[iii] El Congreso se celebró del 18 al 21 de abril 1939.

[iv]  Ley de la Patria Potestad (1917), la Ley del Divorcio (1918) y del Sufragio Femenino (1934).

[v] Temario III Congreso de Mujeres, periódico Pueblo, abril, 1939.

[vi] Periódico Rumbos de octubre, 1939 (instituto de literatura y lingüística Antología del pensamiento Antirracista pág. 153-156 (ver Anexo No.8)

[vii] Tesis de Maestría de la autora: “El pensamiento feminista negro en Dámasa Jova”, 2019.

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